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| Pablo ÁLVAREZ (La Nueva España -Lne.es, Asturias)

El hombre corrige mejor que la máquina

Una investigación sobre los tres periódicos asturianos concluye que el papel del profesional de la corrección «se refleja en la calidad de los textos».

Un corrector automático corrige, es cierto, pero corrige mejor un corrector humano, un profesional que conozca bien el lenguaje, sepa interpretar los contextos y sea capaz de sortear las trampas que tienden las palabras homófonas.

Ésta es la principal conclusión que ha obtenido Julia Santullano Mourenza en un trabajo de investigación de doctorado —lo que actualmente se denomina diploma de estudios avanzados— que consistió en evaluar los contenidos de los tres periódicos diarios de Asturias (España).

Tras realizar ese análisis constató que «el papel de un profesional de la corrección se refleja muchísimo en la calidad de los textos», señala esta joven de 27 años, residente en Candás y licenciada en Filología por la Universidad de Oviedo.

La pregunta surge inevitablemente. ¿Y los programas informáticos de corrección de textos? Julia Santullano no tiene dudas: «Pueden ser útiles, pero siempre para una corrección final, posterior al trabajo de una persona especializada».

Julia Santullano lee para aprender y para disfrutar, como cualquiera; pero también la apasiona leer para captar erratas y para proponer modos de decir más acertados. Le encanta la corrección de textos, una profesión que ha ejercido en LA NUEVA ESPAÑA y en una empresa de publicidad. «Siempre me han interesado las palabras, su historia y su uso», explica la filóloga, también aficionada a los juegos de palabras.

Por eso le hizo gracia toparse en un periódico con la frase: «Se ha llevado a cabo la cubrición del polideportivo», cuando, «según la Real Academia, cubrición significa ‘acción y efecto de cubrir el macho a la hembra’». O enterarse de que «el equipo trataba de capar a nuevos jugadores». O ser informada de que durante las clases de Educación Física era necesario acompasar la inspiración y la «expiración», término este último que inducía a concluir que cada vez que el deportista expulsaba aire fallecía en el acto.

La investigación de Julia Santullano fue dirigida por la profesora Marta Pérez Toral, a quien agradece «su esfuerzo y su dedicación». Fue calificada por el tribunal con un sobresaliente. Los resultados quedaron plasmados en cifras. La autora observó que la tasa de erratas por página de LA NUEVA ESPAÑA es muy inferior —una frente a tres— a las de los otros diarios de la región, lo que le lleva a inferir que «los correctores sirven para algo» y que «es necesario reivindicar la labor de los profesionales». Una tarea que exige un elenco de cualidades: «Hay que ser detallista, paciente, tener una buena formación filológica, estar al día sobre las normas de la Real Academia, conocer los neologismos», enumera Julia Santullano, quien a todos estos requisitos suma, al menos, dos más: «Ser un poquito perfeccionista, casi obsesivo, y saber soportar la presión inherente al trabajo en un periódico».

El análisis de un texto periodístico debe centrarse, a juicio de la joven filóloga, en los aspectos ortográficos, morfológicos, sintácticos, léxicos y de expresión. Julia Santullano ha comprobado que «existe muy poca investigación» referida a la corrección de textos. Y sostiene que cuanto más se profundice en la materia, más documentada quedará la afirmación de que en este campo «la persona no puede ser sustituida por una máquina».

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