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| El Porvenir.com, México
Martes, 26 de mayo del 2009

EL GUSTO POR CONOCER LAS PALABRAS

El uso de diccionarios estaba lejos de ser una práctica habitual para conocer el significado de palabras o resolver las razones etimológicas de términos.


Un reciente estudio realizado entre alumnos de Bachillerato señaló que el uso de diccionarios estaba lejos de ser una práctica habitual para conocer el significado de palabras, resolver las razones etimológicas de términos o asegurar la corrección ortográfica y gramatical.

Destacó también que existía una confusión generalizada entre los contenidos que ofrecen un diccionario y una enciclopedia, y un desconocimiento mayor de los diferentes tipos de diccionarios que proliferan en las bibliografías.

A las versiones en papel de los diccionarios se ha sumado el CD-ROM.

Sin embargo y paradójicamente, los diccionarios recibían una alta calificación como instrumentos útiles y fuentes de saber, al tiempo que despertaban curiosidad e interés.

Su alta estima ha crecido con las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, pues las versiones digitales de los diccionarios resultan muy útiles, más aún porque las mejores compilaciones ofrecen a menudo versión on line, aunque el diccionario mantiene su sentido como volumen de papel.

El desembolso para hacerse con un buen diccionario es alto, pero conviene matizar: se trata de una inversión para largo tiempo, de contenidos que no caducan y de una herramienta de utilidad, sin duda, múltiple.

Aunque es el mundo anglosajón, sobre todo el británico, el más prolífico en agrupar el habla y ordenarlo según diferentes criterios, el español cuenta con decenas de libros que recogen y explican de forma ordenada palabras bajo diferentes criterios.

Tantas posibilidades pueden llegar a abrumar a quien desea, sin tener aspiraciones filólogas, contar con un buen diccionario.

Diccionarios de uso

El diccionario básico es el denominado diccionario de uso. Es decir, el que recopila las palabras de la lengua y sus significados, o según la definición del escritor Millás, el que es consecuencia lógica de la relación del mundo (lingüístico) con la realidad.

De forma casi unánime, se recomienda el Diccionario del uso del español de María Moliner.

Esta lexicógrafa zaragozana comenzó en 1952 su redacción, que culminó en 1966. Son dos tomos, el primero de 1.446 páginas y de 1.585 el segundo, considerados una joya de las letras españolas.

La segunda edición, obra póstuma de la autora, salió a la luz en 1998. En 2000 se editó una versión abreviada.

En 1996 se publicó un diccionario que ha logrado gran aceptación. Se trata del Clave.

Diccionario de uso del español actual, realizado bajo la dirección de Concepción Maldonado.

Trata también las normas de uso del español, la ortografía, la conjugación de verbos regulares e irregulares, diversos aspectos morfológicos y sintácticos y un amplio repertorio de figuras retóricas.

Incluye más de 300.000 definiciones y un manual de estilo para resolver dudas del lenguaje.

Desde que en 1912 Miguel de Toro y Gisbert terminara el Pequeño Larousse ilustrado, y en 1964 Ramón García Pelayo revisara el volumen, este diccionario, que no enciclopedia, ofrece un más que correcto manual de la lengua española, que está atento a las voces científicas, y técnicas, y sobre todo, incluye numerosos americanismos.

Un diccionario que se esperó como si de una novela se tratara fue el Diccionario del español actual de Manuel Seco publicado en 1999.

Se trata de dos volúmenes que atienden al habla de la lengua española en España. Se acompaña de numerosas citas, aunque en la edición abreviada del 2000 se suspenden, y da cabida a neologismos y regionalismos, así como palabras omitidas por el DRAE, por olvido, e incluso términos extendidos que son considerados incorrectos o impropios, pero siempre que hayan pasado al lenguaje escrito.

Diccionarios escolares

Todos los diccionarios deben adecuarse a las necesidades del usuario, y sin duda, los estudiantes de Primaria y del primer ciclo de Secundaria son un grupo que merecen especial atención.

Sin embargo, según el criterio mayoritario de especialistas en la lengua, los diccionarios escolares son una asignatura pendiente, pues muchos presentan errores de bulto, son arcaicos e incluso, más de uno, inconstitucionales si se atiende a algunas definiciones racistas, sexistas y clasistas.

El número de entradas no supera en muchos casos las 20.000 palabras y las definiciones resultan en ocasiones ridículas, no alcanzando la palabra y media por definición.

Además, carecen de ejemplos y existen desajustes entre texto e ilustraciones. Es por ello harto difícil ofrecer una relación que merezca la pena, y se entiende el escaso interés que despiertan entre sus destinatarios, que aunque carentes de edad, no lo son de sentido.

Tan sólo resultan de utilidad si se atiende a su manejabilidad, pues los buenos diccionarios no son manuales que puedan ser cómodamente transportados —por su enorme volumen—, pero bien pueden ser consultados en casa.

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