| | |

EL GUSTO DE LA LENGUA CAMPESINA

El Heraldo, Tegucigalpa (Honduras)
Lunes, 20 de noviembre del 2006

Una plática con los paisanos de mis abuelos se convirtió en una crónica con sabor a leyenda ancestral, a tradición oral y a orgullo catracho.


Valorar

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars

SIN VOTACIONES

0 valoraciones | 0,00 sobre 5

En las tierras rurales, donde el estiércol de las vacas es un aroma, los hombres se levantan cuando todavía no ha rayado el alba. Las mujeres ya están poniendo el café en el fogón y después quiebran el maíz para «aliñar» la «burrita» con frijoles y cuajada que los hombres llevan cuando van a sembrar o cuidar las milpas.

Los campesinos se van a los maizales —que amanecen húmedos por el rocío— con su «cumbo de agua al lomo»; el machete en el cinto, las botas de hule para no mojarse los pies en los humedales ni rayarse en esos «guamiles», y un sombrero para protegerse del sol.

A medida pasa la mañana se afloja la modorra y es costumbre que los lugareños asomen a la ventana para ver quién va llegando. Si la visita llega a alguna casa, la mandan a sentar en un taburete para platicar entre el canto de los gallos, el rumor de los cerdos y el sonido del follaje.

Le ofrecen café, tortilla con cuajada o mantequilla y frijolitos hechos en ollas de barro. Si el convidado solo quiere agua, se la dan en guacal. En las casas huele a humo, a café recién hecho y a maíz molido.

LOS CUENTOS CAMPESINOS

La atención es aderezada con una graciosa plática, rica en palabras usadas solo en el área rural. «Mucha gente de la ciudad cree que los campesinos usan palabras inventadas por ellos mismos. Sin embargo, la mayoría son palabras antiguas, con raíces en idiomas viejos como latín o náhuatl», documenta el Diccionario campesino hondureño de Jeffery W. Bentley, publicado en el 2001.

«La gran mayoría de las palabras en este diccionario son del latín. Otras fuentes importantes son el árabe y el náhuatl, y varias palabras son de origen incierto. Muchos otros idiomas aportaron algunas palabras: alemán, griego, céltico, prerromano, francés, vasco, ibérico, inglés, portugués y otros, hasta el quechua de Sudamérica», cita el prólogo del diccionario.

«Ellos saben muchas palabras que los capitalinos no saben, pero que sí se encuentran en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia». «Los campesinos tienen un vocabulario enorme», agrega. «En el campo se estima mucho una conversación con gracia», ilustra el diccionario.

UNA BUENA PLÁTICA

¿Usted ha platicado con algún campesino de esos con los que da gusto estar toda la tarde oyendo historias? Pues don Andrés, como le dicen en la aldea Jícaro Grande, de Maraita, es uno de ellos.

El hablado de Santos Andrés Fonseca, de 66 años, es como cantadito, con gracia. Tiene cabellera blanca, un bigote ralo color negro, ojos vivaces, una barriga abultada y usa sus manos para describir sus emociones.

Nos platicó a la orilla del fogón blanco, a eso de las 11 de la mañana de un viernes, mientras su nuera echaba las tortillas del día y en la puerta de la vivienda una fila de hormigas trabajaba desde las plantas de las huertas hasta sus agujeros.

LÍDERES. La mujer campesina sigue siendo protagonista del desarrollo en nuestras comunidades del interior.

«Yo me gusta levantarme algo de mañana, a las 4:30 ó 5». «Dios nos mandó la bendición y los trabajos se han ido arriba… cómo no», conversa, alegre por las lluvias. «Casi los más años hemos perdido. El año pasado perdimos por la mucha agua», platica.

Entre plática y plática, don Andrés empieza a recordar las veces que lo han asustado en los caminos reales del pueblo. Aquí los camino son de tierra y rodeados de árboles. En los diálogos, don Andrés da a conocer mucho de la lengua campesina y de los mitos y creencias que enriquecen el folclore nacional.

LOS AZOROS

«A yo me han azorado, como dicen: una vez fije que yo andaba a altas horas de la noche, sería tipo 12 de la noche, cuando en eso miro cinco bultos solo de aquí para abajo (se señala de la garganta para abajo), venían en fila, agarrándome toda la calle por onde iba a pasar y yo tuve que pasarme por en medio, con miedo y todo, pero me pasé, pues más delante, en el mismo momento, unos coyotes me querían comer.

Creo que era la misma cosa que había visto atrás. Solo era de aquí para abajo, vestidos de blanco, no tenían cabeza». «Mire, hay cosas que son ciertas porque yo le comento a muchas personas y me dicen que es verdá».

«El lunes de esta semana (30 de octubre), cuando iba arribita de la quebrada, oía que patente pegaban con una piedra en otra piedra y decía yo este jodincho de Lino que me quiere azorar; no, dije entre sí, no me va azorar, otras cosas he visto más y yo no me han azorado».

«Ya cuando llegué donde Lino estaba le comenté el caso; no —me dice—, si hay azoran bastante, a varios le han salido». «Lo que sí, hace como dos años, acá arriba, para un Jueves Santo, serían como las 7:30 de la noche, miré aquella chancha; no le voy a ponderar, yo no me gusta ponderar porque usté sabe que la mentira no se puede, aquella cerda era de grande que abarcaba toda la calle; caramba, dije yo, y esto dije yo, pero por ónde me pasó, no dije yo, para voltearme, va a decir la gente que enteramente que soy un cobarde yo, pues no, dije yo, me buir para la casa; mire, se levanta aquel animal y cuando se levanta aquel animal era más grande que una vaca, bien blanquita, luego que se levantan los pequeños (los cerditos), entonces aquella chancha se levanta y cur, cur, cur detrás de mí, mire, y entonces yo paso ligero. Curreaba y detrás de mí».

«MALOS ESPÍRITUS»

«Otra vez —pero eso fue una cosa muy positiva, mi papá, a los viejitos de antes les gustaba masticar tabaco, tan más nojadisímo que se ponía cuando no tenía y si no había aquí donde fuera tenía que ir, a mí es que me mandaba—, eso fue más acá del río, hay una madera de ‘monte crudo’ y cuando volteó a ver así, miro aquel hombre como ese tirante de alto aquel hombre, (dice señalando el techo a unos tres metros de distancia) y voy viendo aquel hombre que los ojos así le hacían como una llama de fuego y me voy fijando en aquel hombre que es todo delgadito y aquellos pelones largos y ralitos.»

AGUA. Un campesino de la comunidad de Maraita busca su «termo» para llevar agua y revisar la milpa.

Eso no fue nada, cuando acuerda es que me voy fijando en aquellas manos y en aquellas uñas, esa era lo más que me dio miedo a mí”. «Una vez me azoró la Cegua; fue un día con sol todavía, estábamos en un rezo y yo me gustaba una cipota de San Rafael (una aldea aledaña), quedamos de vernos en una quebrada; después de las siete ahí nos vemos, me dijo, luego es que la miro salir con la calabaza de maíz, di una caminadita y ya la miré que estaba lavando el nixtamal; cuando yo le iba a hablar, me voltea a ver y le voy viendo aquella cara de pura yegua; ¡ay!, Dios mío carajo, dije, en lo que estoy.

Ni supe a qué horas estaba arriba. Me tiraba unas grandes peñas que me caiban en los meros pieces; entonces me vino siguiendo, cuando yo encontraba piedras yo también le tiraba piedras para atrás, yo venía a pasos largos, eso sí me azoró, tenía 16 años». Don Andrés siguió contando historias, todas con un lenguaje campesino florido. Con una sonrisa quedó a la orden para cualquier día que queramos volver a su casa.

LOS CAMPESINOS EN LA LITERATURA

Pero no solo en la época actual el lenguaje de los campesinos es motivo de análisis. Los considerados grandes escritores hondureños lo retratan en sus obras literarias. En el relato Se da todavía el arroz, Ramón Amaya Amador cuenta la historia del campesino Matías Guerra, el personaje principal que debe abandonar sus tierras donde cosechaba arroz, por orden del coronel del pueblo, cita:

«Ya loyiste Matías Guerra, en nombre de la autoridá que so’yó, te notifiqueo quias dirte diaquí a tres días; si a mi güelta tas aquí, diaquí te sacaré con todo y refajos y cipote y ventevelloso. ¿Mias oído? Orden diactoridá».

Víctor Cáceres Lara también escribió en uno de sus cuentos: «Cuando cantó el gallo en el palencón de amate y empezó el desperezamiento de las gallinas, sucedieron dos acontecimientos simultáneos: se descorrió la cortina de la noche despuntando tímidamente la aurora y se oyó el primer chillido jubiloso bajo la techumbre pajiza del rancho.

Epifanio dirigió una mirada agradecida a la partera que sostenía con la cabeza para abajo a la cría robusta y pasó las manos callosas y medio entumecidas por la helada de la mañanita dicembrina sobre la frente de la Micaela, aún sudorosa por el esfuerzo y quien aliviada ya de dolores y fatigas, le preguntaba trémula:

GLOSARIO CAMPESINO

• ALIÑAR: Alistarse o prepararse para hacer una actividad o un viaje.

• AUTORIDÁ: autoridad, pero en el campo y algunas clases sociales de la ciudad omiten la última d.

• AZORAR: Asustar, también usan el término azoro (susto).

• BUIR: Los hondureños son dados a decir buir en vez de voy a ir o de iré.

• BURRITA: Comida de campo de trabajo. Usualmente compuesta de varias tortillas con un poco de alguna otra comida, especialmente frijoles.

• CAIBAN: Los campesinos lo designan como el pasado imperfecto de caer, que es caían.

• CALABAZA: Casco de una cucúrbita silvestre, es usado para llevar agua al campo (Valle, Olancho y Panamá).

• CUMBO. La mitad de la cáscara de una cucúrbita, que se usa para poner comida, para hacer bombas y otros utensilios. Ver guacal (Galeras, El Paraíso).

• CURREABA: El ruido que hacen los animales, es relativo de curro: cerdo capado y gordo (Santa Bárbara y Oriente de Guatemala).

• DIAQUÍ: La frase correcta es de aquí.

• DIRTE: La frase quiere decir de irte.

• GUAMILES: Bosque secundario de arbustos y árboles pequeños y medianos. “Si voy a botar ese guamil es con mozos que tengo que hacerlo, de ahí meterle fuego”. (Agua Dulce, Comayagua) (Olancho, Valle, San Matías, El Tablón y El Paraíso).

• NIXTAMAL: el maíz para hacer tortillas.

• LOYISTE: En algunas regiones acostumbran a decir así en vez de lo oíste.

• MILPA: maizales.

• NOJADÍSIMO: Superlativo de enojado: enojadísimo.

• NOTIFIQUEO: Del verbo notificar, dicen notifiqueo en vez de notifico.

• VOLTEARME: regresarme, del verbo regresar.

Licencia de Creative Commons © MMXIV - Los contenidos elaborados por Fundéu que se publican en esta web lo hacen bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported