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| Juan Antonio Alonso
diariodeamerica.com
Jueves, 26 de julio del 2007

EL ESPAÑOL Y EL INGLÉS: NO AL BILINGÜISMO

El problema no es la existencia misma del español, o que se aprenda en la escuela como segundo idioma, sino del uso que se está haciendo de él.


De los temas más candentes de la actualidad americana y que viene de la mano de la inmigración, el asunto del uso compartido de la lengua española junto con el inglés es uno de los más polémicos y amenazantes tanto de la propia existencia de los Estados Unidos como nación como del desarrollo económico casi constante que esta gran nación ha ido forjando a lo largo de los siglos, antes incluso de su fundación oficial.

El bilingüismo presenta varios problemas: uno de ellos es que la capacidad potencial que el inmigrante trae consigo pueda verse drásticamente reducida al no aprender la lengua de la nación que le acoge al poder refugiarse con sus antiguos compatriotas. La formación de guetos hispanos en Estados Unidos no es desdeñable, pero al contrario de los guetos parcialmente superados de ciertas etnias de inmigrantes que se han producido a lo largo de la historia de la nación norteamericana, el enorme flujo de individuos que poseen una misma lengua y pocas ganas de adaptación juega en contra de los intereses estadounidenses. El progreso económico del inmigrante se verá afectado al tener que enfrentarse a la mayoría angloparlante, ante lo que caben dos opciones. Una es la asimilación de la cultura que le acoge aportando su granito de arena y convergiendo en el melting pot, muy distinto del peligroso multiculturalismo, que pasaría a ser la segunda opción, representante de las clases más bajas de la población de Estados Unidos y cuyo primer vehículo de expansión es el idioma.

Algunos objetan que Canadá posee dos lenguas, pero lo que no se señala es que este país ya nació con ellas, diferenciando desde sus principios el área francófona —y que empieza a dar problemas como el de Québec— y la anglófona.

Bien es cierto que Estados Unidos no tiene una lengua oficial propia consagrada en la Constitución, aunque sí en la Constitución de algunos estados, pero el uso común que empezaron a dar los primeros habitantes al inglés hizo de él una especie de lengua consuetudinaria e insertada por tanto en la identidad americana. De hecho el inglés americano es una lengua con su propia idiosincrasia, tan práctica como sus habitantes, y tan versátil que se ha ido dotando de vocabulario a medida que la situación lo requería, siendo uno de los idiomas, si no el que más, que más palabras posee. No es casualidad por tanto que el inglés americano se convirtiera en la lengua «oficial» dado su especial pragmatismo y sencillez. Otra diferencia con Canadá es que ésta no sufre una inmigración tan brutal como la que está, en algunos casos sufriendo, su vecino del sur. Así frente a la tradicional inmigración heterogénea, la hispana y en especial la mexicana, ha puesto en una situación incómoda a sus receptores que va dando signos de alarma. Estudios que recoge Samuel P. Huntington demuestran que la inmigración mexicana está acompañada de una menor especialización laboral cuando no un gran arraigo de su patria natal que hace casi imposible la asimilación del nuevo individuo en la comunidad.

Por otro lado México está «exportando» compatriotas suyos hacia su vecino rico en una especie de nueva guerra, silenciosa y lenta, pero letal. No creo que sean infundados los miedos de quienes ven en ello el inicio del desgajamiento de la nación americana por reivindicaciones independentistas al tener en un futuro estados enteros llenos de mexicanos en una especie de revancha por las guerras que mantuvieron ambos países en el siglo XIX. El fenómeno por tanto es dinámico y no estático como lo es en Canadá.

El multiculturalismo, fruto de la separación física de varias comunidades es uno de los grandes peligros de las naciones occidentales. Tanto en Francia como incipientemente en España —debido a la inmigración musulmana— se van viendo sus devastadores efectos, causantes de violencia y germen de bolsas de pobreza y desarraigo social. Distinguir áreas multiculturales sólo traerá desamparo económico debido a la falta de integración, y con ello la exigencia de implantación de políticas de discriminación positiva.

El futuro de Estados Unidos si se sigue consolidando el multiculturalismo emergente consecuencia de la inmigración mexicana puede ser verdaderamente aciago, a no ser que se impida el uso del bilingüismo en las escuelas, y que vaya por tanto asimilando el inmigrante si no de primera generación, sí de segunda o tercera, los valores americanos y una de sus señas de identidad que es la lengua inglesa, junto con medidas inmigratorias que hagan cumplir la ley vigente y el reforzamiento de la frontera, a la vez que se vaya fomentado una inmigración de méritos personales de los candidatos y no masivas oleadas de pobres latinos del sur que ponen en peligro la existencia misma de Estados Unidos.

Dejar claro que el problema no es la existencia misma del español, o que se aprenda en la escuela como segundo idioma, sino del uso que se está haciendo de él.

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