Noticias del español

| Diana Carolina Mejía (El Colombiano, Colombia)

El español: una lengua viva

«Allí donde están las fronteras de mi lengua, están los límites de mi mundo». Eso pensaba Ludwig Wittgenstein, el célebre filósofo vienés, que quería decir con esto, entre otras cosas, que no era posible pensar en nuevas ideas o nuevos mundos sin crear o adoptar nuevas formas para nombrarlos.

También que el lenguaje no solo describe, sino que posibilita esas otras realidades.

Esta poderosa frase puede explicar brevemente el porqué las lenguas, desde el antiguo sumerio hasta hoy, no han dejado de evolucionar y cambiar. Unas mueren, otras nacen, unas dominan, otras son dominadas, otras se mantienen, pero nunca son las mismas, como el río de Heráclito: han tenido que adaptarse, expandirse y reinventarse de acuerdo a las nuevas formas en las que se relacionan sus hablantes.

Un idioma es por supuesto un conjunto de normas gramaticales y de códigos lingüísticos, y también es mucho más. Se enriquece con las prácticas cotidianas culturales, económicas, sociales, políticas y científicas, con las nuevas formas de vivir, de querer, de pensar, de hacer. «Las lenguas son construcciones culturales, por eso no se pueden entender por fuera de ese contexto en el que surgen y viven», explica Andrés Vergara Aguirre, coordinador del pregrado de Filología Hispánica de la Universidad de Antioquia.

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