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| Agencia Efe

El español, un idioma vivo y de futuro para un mundo globalizado

Desde el romanticismo de los culebrones televisivos al pragmatismo de programas informáticos, la formalidad de las Academias o la espontaneidad de los medios de comunicación, el español seguirá siendo un idioma vivo y de gran futuro, sometido a las ventajas y desventajas de la globalización.

Estas son algunas de las ideas que quedaron claras en el seminario El español que hablamos, el español que hablaremos, que durante la semana del 18 al 22 de julio reunió a lingüistas, investigadores, académicos, escritores y traductores en la Universidad Menéndez Pelayo, en la ciudad española de Santander. 

Organizado por la Fundación del Español Urgente (Fundéu), dedicada a promover el buen uso del idioma, el seminario ha servido para dejar constancia de que la diversidad del español a una y otra orilla del Atlántico no es una amenaza para el futuro, pues los 400 millones de hispanohablantes se entienden «cada vez mejor», según afirmó en este encuentro Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Y es que el idioma tiene hoy, con los modernos medios de comunicación, más capacidad que nunca de viajar en unos vuelos de ida y vuelta que pueden revelar sorpresas, como que la palabra «chévere», que los españoles aprendieron con los culebrones venezolanos o colombianos, no es un americanismo, sino que nació en Sevilla como un derivado del nombre de un marqués francés famoso por su buen gusto, tal como expuso el periodista y escritor colombiano Daniel Samper.

La presión del inglés, especialmente entre los 40 millones de hispanohablantes que viven en Estados Unidos -y que influye en el lenguaje de sus familias en sus países de origen-, es también una de las cuestiones que marcan y marcarán el futuro del español, junto al que se extiende por medio de los programas informáticos.

Pero esta influencia no será tan tajante como se piensa, como señaló el presidente de la Agencia Efe, Alex Grijelmo, quien explicó que los hispanohablantes están poseídos de un genio del idioma ecologista, al que le gusta conservar y reciclar palabras y que hace que aquellas que no puedan relacionarse con otras del sistema tiendan a desaparecer, en favor de otras que sí tienen una «relación genética».

Esto, según Grijelmo, hará que dentro de unos años los hispanohablantes entierren el término «parking» y rescaten el de cochera y que incluso alguna palabra sustituya a fútbol.

Es por ello que en el futuro el español «cambiará poco y despacio», será «más homogéneo y globalizado» y, como hasta ahora, seguirá sometido a los vaivenes de lo que es correcto e incorrecto porque las normas se tienen que adaptar al uso de los hablantes, según destacó Alberto Gómez Font, coordinador general de la Fundéu, en su repaso a las conclusiones del seminario.

Los medios de comunicación, que contribuyen a difundir en algunas ocasiones usos incorrectos del idioma, también facilitan que las palabras viajen de una orilla a otra del Atlántico y «marcan normas» porque actúan como puente entre las jergas especializadas y el lenguaje general, agregó Gómez Font.

El lenguaje, además, también es un reflejo de la evolución de la sociedad, por lo que el español tiende a «abandonar los tics sexistas» y a ser un idioma más igualitario, menos masculino y más femenino, en el que aún quedan conquistas que alcanzar, como puso de manifiesto la profesora de sociolingüística Mercedes Bengoechea, que criticó la «resistencia» de la Academia a feminizar el español.

Los hispanohablantes, que en el futuro, según Gómez Font, tenderemos a hablar «cada vez más parecido al español de EE. UU. y al mexicano», donde reside la mayor comunidad de usuarios del idioma, no podrán olvidar que el lenguaje «es un territorio minado», como apuntó el escritor Juan José Millás en la clausura del seminario.

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