Noticias del español

| |

| Diario La Nación (San José, Costa Rica)

Víctor García de la Concha: «El español quedará»

En cuestiones del idioma, el director de la Real Academia Española cree que el pueblo es más poderoso que los césares.

Maestro de literatura en Salamanca y doctor en teología por la Universidad Gregoriana, Víctor García de la Concha parece un cardenal renacentista: fino y apasionado. Habla con excelente caligrafía. Si se le cayera una concordancia, bajaría del altar a recogerla.

García de la Concha -66 años, dos hijas- es el director de la Real Academia Española (RAE). La primera sorpresa idiomática de este lingüista asturiano fue el nombre de su pueblo: Villaviciosa; suena a capital de los pecados capitales, pero significa realmente «villa rica», «villa opulenta».

El director de la RAE efectuó una reciente gira por América para explicar la labor conjunta que realizan las 22 academias de los países hispanohablantes: han publicado la Ortografía oficial, en octubre lanzarán una nueva edición del Diccionario común (DRAE), en dos años más editarán el Diccionario panhispánico de dudas y poco después saldrá la Gramática normativa.

Entrevista de Aurelia Dobles y Víctor Hurtado

Trabajo de nacimiento

¿Recuerda a Rubén Darío: «De las academias, líbranos, Señor»?

-El antiacademicismo nació muy pronto porque es gratis. No hay que hacer ningún esfuerzo para ser antiacadémico; en cambio, para ser académico… Quizá se deba a que, demasiadas veces, las academias han aparecido ante la gente como un club de notables. Sin embargo, la Academia Española nació, en 1713, como un centro de trabajo. En trece años hizo el Diccionario de autoridades, el mejor de Europa en el siglo XVIII; después publicó la Gramática y la Ortografía. Años más tarde, sí, comienza a verse la Academia como un premio; pero sigue siendo un lugar de intenso trabajo.

Si mañana desaparecieran las 22 academias nacionales, ¿cómo lo notaríamos?

-Si desaparecieran, al día siguiente habría que crearlas porque son un formidable baluarte de la unidad de nuestro idioma. Este sistema no lo tiene ninguna otra lengua, ni el francés, pues la Academia Francesa ejerce una función más bien testimonial.

Otros idiomas no tienen academias, sobreviven y se expanden, como el inglés.

-Sí, pero carecen de la unidad de nuestra lengua, y la unidad es un valor esencial. El idioma del Portugal es diferente del hablado en el Brasil, y ¿son iguales el inglés de Australia y el de Oxford? Siempre están pidiendo Spell it, please (deletréelo, por favor). Esto no lo hacemos nosotros.

En este mundo redondo y globalizado, ¿puede extinguirse el español?

-No. El español no corre ningún peligro de extinción. Muchas lenguas se extinguen y se extinguirán en el mundo: este es un fenómeno que ya ha ocurrido antes. En el futuro quedarán pocos idiomas que llamamos «lenguas universales de cultura»: el español es una de ellas. Ahora bien, la globalización también produce una respuesta: la acentuación de las diferencias. En el campo de las lenguas, ahora se potencian los estudios indigenistas, sobre los idiomas nativos, y se emprenden intentos de salvar lenguas en peligro de desaparición.

¿Pueden las leyes salvar un idioma o mantenerlo «puro»?

-Yo creo poco, por no decir nada, en lo que las leyes puedan hacer a favor de un idioma. Las lenguas las hace el pueblo, las impone la necesidad de entenderse. Fíjese: España no tuvo una política lingüística en América; no impuso su idioma, para nada.

«Las órdenes religiosas se ocuparon de adoctrinar a los indígenas, pero en el idioma de estos: en parte para mantenerlos fuera del alcance de las autoridades y en parte para controlarlos». La expansión del español en América comienza con las repúblicas porque las necesidades políticas y comerciales hicieron indispensable hablar un idioma común.

Una lengua mestiza

Ningún idioma es «puro».

-Así es. El castellano nació como una lengua mestiza. Cuando comienza la Reconquista en España, se forman villas donde vive gente de todas partes: eran un babel. Entonces, para comunicarse, toman el dialecto de Castilla, muy abierto, sin lastres conservadores. Así entran miles de palabras árabes, muchísimas francesas, italianas, judías… Ahora ocurre con palabras inglesas: entran y se adaptan. Fíjese en el fútbol: las mismas palabras «fútbol» y «córner» ya son términos castellanos.

Otros anglicismos se tradujeron.

-Sí. Antes decíamos «off-side»; ahora, «fuera de juego». El idioma va adaptando. «Chat» es un término inglés, pero «chatear» es una palabra española, y «faxear» también. Esto es normal. Ya Horacio decía que, en cuestión del idioma, el pueblo es más poderoso que los césares.

Usted no cree que el «spanglish» sea un idioma…

-No, para nada: es un producto de «marketing», de mercadeo…

Mucha gente lo habla.

-Para nada. Ni siquiera es un dialecto; quizá sí una jerga mutabilísima y distinta según las regiones. En Estados Unidos se habla un español enormemente variado, conforme las procedencias y los niveles culturales de los hispanos, y según el aislamiento mayor o menor que sufran.

«La gente que llega a Estados Unidos usa palabras inglesas, sueltas, para que la entiendan, pero cuando aprende mejor el inglés, deja esa mezcla anterior». En todo caso, la fidelidad a la lengua española no sufre porque se empleen palabras necesarias en un medio ajeno, muchas de las cuales toman después forma española, como «chatear».

¿Cómo pueden estar en el DRAE palabras extrañas como “boutique” y “pizza”?

-Es que son palabras de uso normal. El DRAE es un código que debe servir para descifrar lo que se lee, y hay muchas palabras extranjeras de uso corriente. Claro, no las registramos como palabras castellanas porque no lo es su fonética.

Parecen formar un diccionario dentro de otro.

-Son pocas las palabras extranjeras registradas. A la vez, estamos haciendo el Diccionario panhispánico de dudas, donde irán esos términos. Este diccionario será un registro de neologismos donde ofreceremos alternativas de los extranjerismos.

¿Qué es incorrecto en el idioma?

-Primero, ¿qué es norma?: aquello que es normal sin que vaya contra la naturaleza de la lengua. No todas las normas son iguales. Por ejemplo, una norma dice que el artículo debe ir siempre delante del nombre: no podemos decir «libro el».

«Sin embargo, hay otras normas que pueden fluctuar». Un caso: la palabra francesa «élite» se pronuncia «elít», pero la próxima edición del DRAE registrará «élite», esdrújula, como se dice en América; es una pronunciación antietimológica, pero la recogemos porque es mayoritaria. También registraremos «video», con acento en la e-.

¿Cómo conocen ustedes esas variantes?

-Tenemos un banco de datos con más de 250 millones de registros léxicos de Hispanoamérica y España. A la RAE llegan miles de sugerencias, hasta las ideas más extrañas que puedan imaginarse; pero toda propuesta pasa a estudio de la comisión correspondiente. En la Academia tratamos de ser democráticos.

Seguro de vida

¿Cuáles son las fortalezas de la lengua española para asegurarse el futuro?

-La primera fortaleza es la expansión demográfica de los hispanohablantes; un ejemplo que conocemos es el aumento de hispanos en los Estados Unidos. Otra ventaja del español es su trabazón unitaria de construcción, ortografía, pronunciación y léxico. El tercer factor es la antigua y riquísima tradición cultural de nuestro idioma.

A la inversa, ¿cuáles son sus limitaciones?

-Hay dos principales. Una es la falta de reconocimiento del español en los grandes organismos internacionales. Estamos por detrás del francés, aunque hay más gente que habla español que francés. El segundo problema está en el campo del vocabulario científico y técnico, donde predomina el inglés. Esto es normal porque siempre se ha necesitado una «lingua franca»: lo fue el latín en su momento. Si ahora viajamos y nos encontramos con un noruego y un griego en Berlín, tenemos que hablar una lengua común, y esa es ahora el inglés.

¿Es cierto que los jóvenes exhiben un pobre uso del idioma?

-En general sí, pero este problema también existe en otros idiomas. El lenguaje no se empobrece; lo que se empobrece es el uso del lenguaje. Vivimos en una sociedad predominantemente audiovisual, donde faltan la lectura reflexiva y la escritura. Una respuesta, en la escuela, sería enseñar a leer en voz alta y a valorar los ejercicios de redacción.

¿Qué ocurrió con la propuesta de Gabriel García Márquez de cambiar la ortografía?

-Poco después de formularla, García Márquez fue a Madrid y conversamos al respecto. Le explicamos que nuestra ortografía parte de dos elementos: el fonético (la pronunciación) y el etimológico (cómo se ha escrito originalmente una palabra). Por ejemplo, la hache de «hombre» es la del latín «homo». No podemos eliminar letras porque sí: debemos considerar la etimología.

«Luego de explicarle nuestro trabajo, Gabo nos dijo que no había llamado a terminar con la ortografía, sino a simplificarla; pero la idea de hacerla más sencilla y unitaria es también un propósito de las academias, de modo que, en el fondo, tenemos los mismos objetivos. Nuestra ortografía ha ido cambiando: es progresista».

«La ortografía es un baluarte más en la unidad del idioma. No hace mucho, un intento de reformar la ortografía francesa casi ocasiona una crisis de Estado. En Alemania, el diario más importante y las dos mayores editoriales se han negado a aplicar una reforma ortográfica. ¡Cuánto pagarían los ingleses, los franceses y los portugueses por tener una ortografía unificada! Con las cosas de comer no se juega».

Pan, amor, patria…

¿Cervantes o Quevedo?

-Cervantes porque en Cervantes está todo, incluso están Quevedo y sus juegos de palabras. En Cervantes están la tradición y lo que vendría después.

¿Tres poetas?

-San Juan de la Cruz, sin duda; Juan Ramón Jiménez…, pero ustedes son muy tacaños.

Cuatro o cinco…

-El gran Rubén, Vallejo, Neruda, Octavio Paz… La poesía de España del siglo XX ha evolucionado por impulsos de la hispanoamericana.

¿Novelistas?

El Lazarillo (libro anónimo), Cervantes, Clarín, Galdós, Juan Benet. En Hispanoamérica hay para dar y tomar, para perderse…

¿Ensayistas?

-Ortega y Gasset por su estilo y por su perspectiva cambiante; también Octavio Paz.

¿Las palabras más hermosas del idioma español?

-Madre, pan, agua, amor, patria: la patria de la lengua.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: