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El español que se habla en EE. UU. será decisivo en el futuro del idioma

Estados Unidos es el país que más puede influir en el futuro del español por el número de hispanohablantes —más de cincuenta millones— y la positiva «contaminación» del idioma en contacto permanente con el inglés.

Aunque las consecuencias de los efectos de la influencia del inglés y el surgimiento del «spanglish» dividen a académicos, periodistas y linguistas, la mayoría coincide en la trascendencia del impacto del español que se habla en EE. UU.

Para Roberto Fernández, profesor de lenguas modernas de la Universidad del Estado de Florida (FSU), en Tallahassee, el «spanglish» no sólo «no degrada el idioma español, sino que lo enriquece».

«¿Cómo traduces la palabra “driveway” al español»? ¿«Dices “el camino que va de tu casa a la calle”»?, se preguntó Fernández, quién sostiene que «lo más fácil» es incorporar al idioma ese anglicismo.

Pero pese a la inevitable presencia del inglés, Fernández dijo a Efe que los medios de comunicación deben cuidar la «corrección» y la «calidad» del idioma, porque «una cosa es el español de la calle y otra el de las noticias».

En cualquier caso, subrayó, el español está «pujante y dinámico, mal o bien hablado».

De la misma opinión es Jorge Ramos, presentador del principal noticiero de la cadena de Univision, al señalar que «Estados Unidos es el país que más influencia tiene y tendrá en el futuro del español», tanto por sus cerca de 55 millones de hispanohablantes (entre legales e indocumentados) como por el poder económico que representan.

Ramos afirma que el español que se habla en EE. UU. está «muy contaminado, corrompido y llenos de anglicismos», pero al mismo tiempo, precisó, «muy vivo, ágil, cambiante y lleno de energía».

En ese sentido, describió al español como un «monstruo gigantesco que se come todos los idiomas, todas las tendencias, todas las tecnologías» y luego «escupe “spanglish” (español e inglés)».

Un monstruo, prosiguió, que se define por su «flexibilidad» y que se apoya en la «tecnología y la posición geopolítica de Estados Unidos».

Sobre el papel de los medios de comunicación, destacó que la tarea primera de los medios de comunicación en español en EE. UU. es «transmitir información, no dar clases de español».

Agregó que para comunicarse de la forma más «eficiente» no tiene problemas en decir “grincar” (green card) en lugar de «tarjeta de residencia que da el Departamento de Seguridad Interna».

Ramos, ganador de dos premios Emmy, arremetió contra los puristas que aspiran a imponer una «visión nostálgica, dogmática y equivocada» del idioma y pretenden que el Diccionario Académico sea la «única guía para comunicarse en Estados Unidos».

María Elena Salinas, considerada la periodista hispana más influyente de los medios informativos de EE. UU., señaló, por su parte, que «hay un “spanglish” que se usa de un manera muy discutible, por ejemplo en frases como “me voy a parquear a la marqueta”».

«”Spanglish”, sí, pero con medida y para absorber palabras ya universales como faxear, meilear o aplicación en lugar de formulario», precisó.

Criticó la utilización del «spanglish» por «flojera», por «no querer pensar», algo que sin duda abre paso al deterioro del idioma.

La presentadora del primer noticiero de la cadena Univisión, junto a su colega Jorge Ramos, afirmó que el español «cada vez está más fuerte en Estados Unidos», pese al movimiento antiinmigrante que intenta frenar en EE. UU. el avance del idioma.

Sin embargo, «cada vez más norteamericanos quieren hablar español», destacó Salinas, y citó como ejemplo de este interés creciente por aprenderlo el hecho de que el propio presidente de EE. UU., George W. Bush, no pidió traductor en una de las cenas a las que asistió en su reciente viaje a México.

Salinas desgranó una anécdota ocurrida en dicha cena y que pone de relieve este fenómeno, cuando le ofrecieron tequila a Bush y él respondió en español: «No, no bebo más».

Contó además que el ex presidente Bill Clinton le confesó en una entrevista poco antes de abandonar la Casa Blanca que esperaba «ser el último presidente de Estados Unidos que no hablara español».

El librero Manolo Salvat, que abrió la librería Universal en Miami hace más de cuarenta años, apuntó que hoy «se escribe en EE. UU. una literatura en español magnífica» y existe una «corriente de esfuerzo extraordinaria» por parte de escritores como Daína Chaviano.

Es cierto, reconoció Salvat, que la vida diaria se configura por el fenómeno del «spanglish», pero, como predicaba el escritor Camilo José Cela, «todo enriquece al idioma», recordó.

Evocó, por su parte, una anécdota personal sobre el Nobel de Literatura español : «A Camilo José Cela le encantaba el término latino de “saguesera” (de la palabra “southwest”), aunque Salvat dejó claro que se deben rechazar chirriantes construcciones léxicas como “te llamo pa’trás” (“I call you back”)».

«Un fenómeno sorprendente entre los jóvenes es el que hoy se denomina “cambio de código”, es decir, el salto natural del español al inglés y viceversa en las conversaciones sin cometer errores», dijo Anne Cruz, directora del Departamento de Lenguas y Literatura Modernas de la Universidad de Miami (UM).

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