Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Granma, Cuba
18 al 31 de marzo del 2010

EL ESPAÑOL NUESTRO: PRESIDENTA

Nada menos que desde 1803, aparece la palabra presidenta en los diccionarios académicos.


Entonces decía: 'mujer del presidente o la que manda y preside en alguna comunidad'. Por supuesto, lo he dicho muchas veces, la lengua es un organismo vivo; por eso, hoy puede leerse en el DRAE: 'mujer que preside'; 'cabeza de un gobierno, consejo, tribunal, junta, sociedad, etc.'; 'jefa del Estado', mientras que la que en 1803 era su primera acepción, 'mujer del presidente', ha quedado ahora para el lenguaje coloquial.

En otra ocasión, escribí acerca del vocablo réplica como respuesta, 'copia de una obra artística que reproduce con igualdad la original' o 'derecho de réplica', concepto legal. Hoy quiero precisar otra acepción de este término, que mucho se viene escuchando hoy, en virtud de los trágicos sucesos de Haití, Chile y Turquía. Me refiero a réplica como 'repetición de un terremoto, normalmente más atenuado'. Una réplica es un movimiento sísmico que ocurre en la misma región donde ocurrió un temblor o terremoto, como consecuencia de readecuaciones de la corteza terrestre alrededor de la falla en que se produjo el sismo principal.

El término suma procede del latín summa y entre sus varias acepciones se hallan: 'agregado de muchas cosas y comúnmente de dinero', 'acción y efecto de sumar', 'recopilación de todas las partes de una ciencia o facultad'. En Matemática, define el 'resultado de añadir a una cantidad otra u otras homogéneas' y la «operación de sumar». Sumatoria, término que apareceen el Breve diccionario de la lengua española, del Instituto de Literatura y Lingüística, es 'suma final de varias sumas parciales', por lo que, como se evidencia, no son equivalentes y su frecuente sustitución de la primera por la segunda constituye, cuando menos, un abuso.

Sumo, -a —al igual que supremo, -a— es forma especial del superlativo de alto; de ahí que el Papa o Sumo pontífice sea la más alta dignidad eclesiástica. Se usa también en algunas expresiones como con sumo gusto, lo que se corresponde con la acepción: 'lo más sustancial e importante de algo'.

Me sugiere un lector que trate el tema de la cubanía en los nombres propios. Concuerdo con él en que nada tiene que ver con el español nuestro la costumbre que, desde hace ya varias generaciones, vuelve una moda ponerles a los hijos nombres extranjeros o con una formación ajena a las normas de nuestra lengua, nombres que, además, son difíciles de recordar y hasta de escribir. En mis últimos tiempos como maestra constituía una tortura memorizar algunos de ellos. Aunque el asunto es muy personal, pienso que, realmente, merece una reflexión.

En el caso de los nombres propios y apellidos que van acompañados de partículas gramaticales —artículos, preposiciones, contracciones— estas se escriben con minúscula, por ejemplo, María del Carmen, Bartolomé de las Casas. Sin embargo, si en un texto se va a citar solo el apellido, se escribe Las Casas. Para el ordenamiento alfabético, en el caso de una bibliografía o lista, se pone así: Casas, Bartolomé de las.

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