Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Granma, Cuba
Del 9 al 20 de octubre del 2009

EL ESPAÑOL NUESTRO: ALFÉREZ

El término alférez, procede del árabe ferese, que significa «ser un caballero». En el Tesoro de la Lengua Española (1611), de Sebastián de Covarrubias, aparece: «Llamamos alférez al que el capitán encomienda su bandera. Se confiaba antiguamente el estandarte real al jinete —en árabe, faris— más diestro o valiente, capaz de protegerlo con dignidad y llevarlo siempre enhiesto». Esta palabra se usaba ya en el siglo XII. Hoy significa «Oficial de menor graduación, inmediatamente inferior al teniente» y se emplea más en la Marina. Recuerden que las palabras terminadas en z, al formar el plural, cambian esta por c, así diremos: alféreces.


El verbo museizar está bien formado en español y su uso, ya habitual en el gremio, es correcto en nuestro idioma. Está formado con el lexema muse + el sufijo verbal -izar, uno de los recursos más comunes empleados en nuestra lengua para formar verbos a partir de sustantivos o adjetivos. De modo que, como he dicho otras veces, no importa que no aparezca aún en el Diccionario de la Real Academia Española: está correctamente formado y su entrada a los diccionarios académicos dependerá del uso.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, se denomina crédito —se usa en plural— a la “relación de personas que han intervenido en la realización de una película o un programa de televisión, que aparece al principio o al final de su proyección”. En materia de libros, como ya dije en otra ocasión, están los créditos autorales —el llamado copy right (©)— y editoriales —conjunto de personas que tuvo a su cargo la edición de un libro: editor, traductor, diseñador, ilustrador, corrector y realizador o formatista—. Sin ellos no habría libros.

La palabra alfabeto procede de la unión de las dos primeras letras del alfabeto griego: álpha y bêta, tal y como ocurre con abecedario (a, be, ce). El alfabeto español tiene 29 letras —la ch y la ll son dígrafos—, pero solo 24 fonemas; es por eso que más de una grafía se representa con un mismo fonema, como ocurre en el caso de la b y la v, que se pronuncian como /b/; la c, s, z, que pronunciamos como /s/, etc. Este fenómeno conocido como inadecuaciones fónicografemáticas —¡qué nombrecito!— es una de las causas de los problemas ortográficos que existen en nuestra lengua, aunque no la única: explicado de forma más popular o más científica, el caso es que todo el mundo lo sabe y si no se lleva a la práctica cotidiana es, ante todo, un problema de enseñanza-aprendizaje.

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