Noticias del español

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María Luisa García Moreno

Granma, Cuba

Julio del 2011

EL ESPAÑOL NUESTRO


La Academia Cubana de la Lengua fue creada el 19 de mayo de 1926, con el objetivo de trabajar por la conservación y purificación de lo logrado en la variedad cubana de la lengua y el estímulo al desarrollo de la lengua literaria, así como la promoción del aporte cubano al español general. A lo largo de su historia ha sido presidida por figuras de renombre, tales como el eminente profesor Enrique José Varona, el intelectual José María Chacón, la insigne poetisa Dulce María Loynaz, el investigador y crítico Salvador Bueno y el escritor Lisandro Otero. Roberto Fernández Retamar, director de la Casa de las Américas, es su actual presidente. A 85 años de fundada, la Academia Cubana de la Lengua cuenta con 25 académicos de número, entre los cuales se encuentran significativas personalidades de la cultura cubana.


 Aunque, al menos hasta la publicación del Panhispánico (2005), la palabra desapercibido -a, se definía en el sentido de 'desprovisto' y 'desprevenido' y, según la norma culta, se consideraba erróneo su uso como 'inadvertido o no percibido', es precisamente esa acepción la que se ha generalizado y resulta hoy no solo aceptada sino, prácticamente, la única que se emplea, por lo general en la expresión pasar desapercibido 'no ser notado o percibido'). Dicho lexicón define: desapercibido -a. 'Inadvertido o no percibido'. 

 

En español, la terminación –mente se emplea para convertir adjetivos en adverbios. En ocasiones se le añade a alguna palabra que puede funcionar como adjetivo o adverbio (solo, rápido…), lo cual contribuye a diferenciar la función que realiza en un texto dado. Añadir la terminación –mente a un adverbio como casi no solo es innecesario, sino disparatado. ¿Pensarán quienes titularon Casimente aquí un programa de la televisión que constituye un chiste atentar contra el idioma?

 

No he dicho que sea obligatorio escribir juntos los números cardinales menores de cien, sino que se pueden escribir en una sola palabra —cuarentaiocho o cuarenta y ocho—. Cada quien elige, pero es bueno marchar con los tiempos. Reitero que debe tenerse en cuenta que, al unirlos, la conjunción y se transforma en i: veintisiete, treintaiuno, noventainueve y, que además las palabras compuestas formadas se ajustan a las normas generales de acentuación: cincuentaidós, sesentaitrés.     

 

Me comenta una lectora acerca del verbo instrumentalizar, que aparece en el DRAE como 'utilizar algo o a alguien como instrumento para conseguir un fin', mientras que en el Larousse reza: 'transformar en instrumento para un fin determinado, manipular' y el Vox precisa: 'considerar (a una persona o cosa) como un instrumento válido para conseguir algo'

 

Por otra parte, su similar instrumentar, mucho más usado entre nosotros, significa: en cirugía, 'proporcionar al cirujano los instrumentos que precisa en una intervención'; en música, 'arreglar una composición para varios instrumentos' y en tauromaquia, 'ejecutar las varias suertes de la lidia'.

 

Con la nueva Ortografía se propone como mejor adaptación al español de la voces inglesas whisky o whiskie, la forma wiski, más cercana a la original que güisqui, la cual no recibió aprobación de los hablantes. Esperemos que esta nueva propuesta se arraigue en el uso. (Por cierto también han sido castellanizados los nombres de otras bebidas: champán, del francés champagne, y vermú o vermut, del alemán Wermut, 'ajenjo'.)

 

Otras con k que se reafirman son: búnker, kamikaze (del japonés kamikaze, 'viento divino'), karaoke, kayak, okapi ('mamífero rumiante, de la misma familia que la jirafa, aunque con el cuello y las patas más cortos'), kilo

 

Les recuerdo, amigos, que según el concepto de variante regional, determinadas palabras se emplean más en una región que en otra o su significado varía. Ese criterio podrá apreciarlo con facilidad a través de seriales televisivos argentinos y colombianos que pasan por la TV; pero no en los brasileros, en los que los parlamentos son traducidos a un español correcto, pero de nadie.

 

Al respecto me escribe una lectora, quien refiere que escucha mucho en documentales trasmitidos por la tele, el empleo del término calmo como sinónimo de calmado. Ella misma se encargó de buscarlo en el DRAE: 'Dicho de un terreno o de una tierra erial: sin árboles ni matas', 'calmado, tranquilo, en descanso'. No lo usamos mucho; pero es correcto.

 

La pareja de homófonos hojear/ojear suele crear dificultades porque, a veces, ambas acciones se realizan de forma simultánea; sin embargo, el primero se deriva de hoja  y el segundo, de ojo. Hojear significa 'mover o pasar ligeramente las hojas de un libro o de un cuaderno', 'pasar las hojas de un libro, leyendo deprisa algunos pasajes' y 'dicho de las hojas de un árbol: moverse'; mientras que ojear es 'mirar a alguna parte', 'lanzar ojeadas a algo' y 'mirar superficialmente un texto'.

 

Por cierto que ojear, del árabe hispano, tiene una segunda entrada con las siguientes acepciones: 'ahuyentar la caza con voces, tiros, golpes o ruido, para que se levante, acosándola hasta que llega al sitio donde se le ha de tirar o coger con redes, lazos, etc.' y 'ahuyentar de cualquier manera a personas o animales'.

 

El término conversatorio es un americanismo. Se usa en Colombia y Perú, con el sentido de 'mesa redonda' o 'grupo de personas versadas en alguna materia'; en Honduras es 'rueda de prensa' y, en Cuba, Ecuador, México, Panamá y República Dominicana, 'reunión concertada para tratar un tema'.

 

Algo similar ocurre con el término lépero, -a, que en América Central y México es 'soez, ordinario, poco decente'; en Ecuador, 'muy pobre, sin recursos'; en Nicaragua, 'ladrón' y en Cuba, 'astuto, perspicaz', 'hábil para engañar o evitar el engaño, o para lograr artificiosamente cualquier fin'.

 

Así de diverso es nuestro español.

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