Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Periódico Granma, Cuba
Del 1ro. al 13 de septiembre del 2008

EL ESPAÑOL NUESTRO

A propósito de una película, me preguntan si sería más apropiado el término curador para quien se encarga de conservar objetos.


Según el DRAE, curador, -a, del latín curator, -oris, es quien «tiene cuidado de algo; la persona elegida o nombrada para cuidar de los bienes o negocios de un menor, o de quien no estaba en estado de administrarlos por sí». Creo que el uso que se le da a esa palabra, al menos entre nosotros, es más específico y designa a las personas que se dedican a la conservación de bienes museables o a la organización y montaje de exposiciones en galerías y museos. En el diccionario etimológico, se le define como «ávido de saber» y está emparentado con curioso.


Se va haciendo habitual el empleo del sufijo -ing, procedente del inglés, sobre todo, en sectores como la publicidad y el mercado. Este, por supuesto, no es un fenómeno que solo ocurra en Cuba: ha sido estudiado por el Observatorio de Neología, que ha recogido 1 600 neologismos terminados en -ing. Entre nosotros son comunes marketing, camping, casting y shoping. No debe olvidarse el peligro que puede representar para la lengua la masiva introducción de anglicismos, algunos necesarios, aunque la inmensa mayoría, no. «La lengua crece, se renueva y avanza de forma lenta […] Algunas modas son pasajeras, otras se consolidan […] El tiempo dirá», dice Alba Coll, especialista de la mencionada institución.


Dos términos relacionados con nuestras primeras guerras de liberación son carga y tea.

Se conoce como carga la embestida al arma blanca en formación espaciada; los ejércitos europeos usaron la carga a la bayoneta. Al criollo José Antonio Gómez Bullones, Pepe Antonio, alcalde mayor de la villa de Guanabacoa, corresponde el honor de haber sido el primero en emplear contra los ingleses, el 7 de junio de 1762, la carga al machete, que luego los mambises convirtieron en terrible arma de guerra contra el ejército español, con el fin de suplir su eterna escasez de parque. Por su parte, tea, procede del latín tëda, “rama recinosa de pino, antorcha”; con ella, los mambises incendiaban cañaverales y plantaciones poniendo en jaque la economía del régimen colonial.


Del latín vincere se derivan: vencer, vencedor, vencimiento, también el apelativo víctor, que significa «vencedor», y su femenino: victoria, «triunfo» —Víctor y Victoria los usamos como nombres propios—. De ambos proceden: victorioso, vítor, vitorear —«dar vítores»—, invicto, invencible y además convencimiento, convencer, convincente e, incluso, convicto. Por su parte, derrota significa «revés militar» y se deriva del francés déroute, que quiere decir «desbandada, dispersión»; este término, a su vez, procede de rote, «romper», en el sentido de «dividir, partir un ejército u otra agrupación». Entre sus derivados están derrotado y derrotista.

Aunque ambos vocablos están indisolublemente ligados a la historia de las guerras, por suerte, cada vez se relacionan más con las competiciones deportivas.


El elemento compositivo -cracia, de origen griego, «fuerza», indica dominio o poder; se usa en términos como democracia —«doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno» y «predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado» o, simplemente, gobierno del pueblo— y aristocracia —«ejercicio del poder político por una clase privilegiada»—. Burocracia, palabra relativamente reciente, pues apareció durante la década del treinta del siglo XIX, procede del francés bureaucratie, derivado de bureau, «oficina, escritorio»; una de sus acepciones reza «administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas»; por eso hay que luchar contra ella: no podemos permitir que la burocracia reine.

Se llama dequeísmo a las incorrecciones en el uso de la preposición de antes de la conjunción que, ya sea por exceso o por defecto. Cuando estamos en presencia de oraciones subordinadas sustantivas en función de complemento directo, no se usa nunca esa preposición, pues este complemento solo admite la preposición a —y solo si se refiere a persona—. Por tanto, afirmó que, dijo que, explicó que… Sin embargo, si la subordinada sustantiva complementa a un sustantivo o un adjetivo, la preposición es imprescindible: la certeza de que, seguro de que… También hay casos en que la subordinada puede realizar otra función: se percata (percatarse) de que, me olvido (olvidarse) de que…; aunque si este último verbo estuviera conjugado en su forma simple (olvidar), no llevaría la preposición.

El adverbio detrás está formado a partir de las preposiciones latinas de y trans; significa «en la parte posterior, o con posterioridad de lugar, o en sitio delante del cual está alguien o algo»; mientras que tras, del latín trans, es preposición y puede usarse aplicado al espacio o al tiempo e, incluso, como «en busca o seguimiento», por ejemplo: Está tras los resultados del concurso. También puede emplearse como prefijo, por ejemplo: trastienda, traspié, trasbordo. En este caso, se alterna con trans-: trasmitir/ transmitir; aunque en algunas palabras resulta habitual usarlo de una u otra forma, sin alternar: transcurso, trasatlántico.

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