Noticias del español

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| Virginia Avendaño (educ.ar)

El español: la más viva y dinámica de las grandes lenguas de comunicación

Alberto Gómez Font es filólogo. Con una larga trayectoria en el área de Lengua de la Agencia Efe, hoy es el coordinador general de la Fundéu (Fundación del Español Urgente), creada este año con el objeto de proporcionar criterios uniformes de uso del español y ofrecer respuestas a consultas de los medios de comunicación sobre cuestiones lingüísticas.

Especialista en filología árabe, coautor del Manual de español urgente (libro de estilo de la agencia Efe), que ya lleva 15 ediciones, y del Manual de Estilo de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) de los Estados Unidos, es además una persona de múltiples intereses –entre los que la coctelería ocupa un lugar muy especial–, y muy vinculada a América Latina, ya que pasó parte de su infancia en Colombia.

Desde la agencia Efe, ha sido uno de los creadores del foro Apuntes, que reúne hoy a más de 300 profesionales e interesados en el idioma castellano: correctores, redactores, periodistas, y que se ha constituido en un puente entre americanos y europeos para el intercambio y la discusión de cuestiones lingüísticas.

Entrevistado por educ.ar durante su reciente visita a Buenos Aires, toca en esta charla algunos de los temas del debate actual sobre el presente y el futuro de nuestro idioma.

Por Virginia Avendaño

—Un breve repaso por su currículum nos muestra una carrera en la que la preocupación por la lengua del periodismo es central, y también por cierta homogeneización de la terminología y el lenguaje periodístico en el extendido ámbito geográfico del castellano. ¿Cuál es la relación entre el Diccionario panhispánico de dudas, que publicará este año la Academia española y el Proyecto Zacatecas, del cual usted mismo se define como uno de sus «padres»?

—La relación es directa, tal y como lo expuso en Rosario el director de la Real Academia Española en la presentación de ese diccionario en el III Congreso Internacional de la Lengua Española: el Diccionario panhispánico de dudas es consecuencia del Proyecto Zacatecas que presentamos Álex Grijelmo y yo en el I Congreso Internacional de la Lengua Española, en el que proponíamos el acuerdo de todos los medios de comunicación hispanohablantes para redactar un manual de estilo común. El Diccionario panhispánico no es un manual de estilo; pero de él se podrán sacar muchos materiales válidos para los manuales y así seguir adelante con otro proyecto: el que presenté en Rosario, y que tiene que ver con lo que hemos llamado el español internacional.

El proyecto busca la normalización de ese español que ya existe, a partir de la necesidad de las agencias de noticias, de los distintos medios de comunicación del mundo hispanohablante, así como de los medios de comunicación en español de los Estados Unidos, de redactar en un español válido para todos, en el que los localismos van siendo dejados de lado. Los medios de comunicación están cada vez más adaptados a la dinámica de la globalización, son cada vez menos locales y más internacionales, y eso hace que sientan como necesario un español válido para todos: un español internacional. Y la propuesta es establecer acuerdos normativos sobre ese español, en un trabajo coordinado de instituciones, autores de libros de estilo e investigadores sobre el léxico propio de la norma culta en las distintas capitales hispanas.

—En cuanto al ámbito en que se despliega el español, es muy conocida su afirmación de que «algunos de nuestros nietos podrán ver a los Estados Unidos con más hispanohablantes que anglohablantes». Esa perspectiva plantea un importante desafío para la lengua, que puede ser visto desde distintos ángulos. Uno es el de la unidad del idioma; otro tiene que ver con la consideración de nuestra lengua como un activo económico. ¿Podría extenderse más sobre estas cuestiones?

—Si el español llega ser la lengua más hablada en los Estados Unidos y para entonces ese país sigue siendo el más poderoso del mundo, está claro que nuestra lengua será la más poderosa y que la variedad hablada en los EE. UU. se irá imponiendo a las demás hasta llegar a un español del futuro, mucho más común para todos los hispanohablantes, con menos diferencias que las actuales. No sé si eso es bueno o malo, pero me atrevo a pensar que será así. Y la importancia económica… está más que clara: si todo lo que hoy se produce sólo en inglés llega a ser bilingüe español-inglés no cabe duda de que los réditos económicos de nuestra lengua se multiplicarán.

—En febrero de este año se lanzó la Fundéu –o Fundación Español Urgente –, una derivación del Departamento de Español Urgente de la agencia Efe. Nos interesaría conocer algo más acerca de sus objetivos, y muy especialmente lo que se refiere a esa suerte de «certificación de calidad» lingüística que entendemos que va a otorgar a medios de comunicación, oficinas del gobierno, y aun a particulares que lo soliciten.

—Ese sello de calidad en el uso del español se dará a las empresas y medios de comunicación que contraten los servicios de la Fundéu para revisar y corregir sus publicaciones. Además ponemos a disposición de nuestros clientes el servicio de consultorio lingüístico, al que pueden acudir para resolver las dudas que se les planteen al redactar sus documentos; y junto con el sello de calidad elaboramos informes sobre el uso del español en los materiales que nos envían.

—¿Con qué criterios de legitimidad lingüística se maneja la Fundéu?

—Con la experiencia de 25 años de trabajo del Departamento del Español Urgente de la Agencia Efe y con la autoridad de nuestro Consejo Asesor de Estilo, formado por prestigiosos especialistas en el uso del español. Además, tenemos el respaldo del Instituto Cervantes y de la Real Academia Española, cuyo director, Víctor García de la Concha, es también el presidente de la Fundéu.

—Es cierto que la Fundéu está ligada a los medios y no a las escuelas, pero ¿tiene en sus planes estudiar algún tipo de articulación con la enseñanza escolar? Nos preguntamos: ¿qué español hablan los chicos españoles en la actualidad? ¿Cómo se enseña Lengua en España?

—Nuestra fundación no tiene, ni creo que la tenga en un futuro, ninguna relación con la docencia en las escuelas. Sí tendremos, pronto, algún curso o maestría o diplomatura en corrección de textos.

En España, como en la mayoría de los países, hay deficiencias en los programas de enseñanza y en su aplicación no sólo de Lengua, sino de todas las materias, de ahí que el nivel actual de uso del español entre los jóvenes sea bastante deficiente.

—Los topónimos constituyen uno de los temas más interesantes de la lingüística, por su cruce con otras disciplinas, como la historia y la arqueología. Pero en la práctica cotidiana son uno de los quebraderos de cabeza de redactores y correctores. Usted se ha dedicado mucho a su estudio, y la agencia EFE resulta un centro de referencia para quienes necesitamos definir el uso de algún topónimo en particular. ¿Quiere contarnos algo de su dedicación a este tema?

—Es una afición, como la coctelería, y le dedico bastante tiempo, y compro todos los libros que veo sobre esa materia, y busco y rebusco artículos en la internet, y converso con los amigos a quienes también les interesa, y me entristezco cuando veo la gran ignorancia que demuestran muchos periodistas en ese terreno.

—El trabajo de los correctores hoy vive una paradoja: en un momento en que parecen más necesarios que nunca, su figura es menos considerada –y en ocasiones tiende a desaparecer- en los medios de comunicación. En muchos casos –hay ejemplos concretos en los medios de Buenos Aires– se pretende que con una mano en el teclado y en la otra el manual de estilo respectivo, los propios redactores se conviertan además en correctores de sus textos. ¿Cómo ve esta situación? ¿Y tiene alguna opinión sobre la calidad del lenguaje de los medios argentinos?

—La desaparición de la figura del corrector de estilo de los periódicos y de muchas editoriales es muy trágica y muy preocupante. Se confía en los programas automáticos de corrección y eso da lugar a graves errores ortográficos y gramaticales.

El lenguaje usado en los medios argentinos (conozco especialmente el de los diarios Clarín y La Nación) es bastante bueno, y los noticiarios que he visto en la televisión también usan un español bastante correcto. Hay fallos, cómo no, pero los mismos que en los demás países hispanohablantes; son errores comunes, propios del lenguaje de la prensa.

—Ud. acuñó una expresión «los neologismos de los pobres» para referirse a neologismos impuestos por los centros de donde surgen las innovaciones tecnológicas (que no están ubicados precisamente en los países periféricos). Sin embargo, usted apuesta y confía en la vitalidad de la lengua castellana: ¿cuáles son las razones de su optimismo?

—La verdad es que no recuerdo haber acuñado (o pronunciado) eso de los neologismos de los pobres… Serían, en todo caso, los neologismos de los ricos, pues son los países ricos, sobre todo los Estados Unidos, los que producen más innovaciones en todos los campos y por lo tanto son ellos quienes les ponen nombre a esos inventos. Es posible, eso sí, que en español les demos otros nombres, que aprovechemos palabras nuestras para llamar a esas cosas; pero no siempre ocurre así. También es posible que gracias a la gran importancia del español en los EE. UU. haya cada vez más nombres nuevos que surjan en nuestra lengua, la más viva y dinámica de las grandes lenguas de comunicación.

—El Foro Apuntes es una muestra de la democratización que puede alcanzarse en internet: traductores y correctores noveles o experimentados, pero de países muy lejanos del centro, plantean dudas que en ocasiones son respondidas por figuras como José Martínez de Sousa –por citar a uno de sus miembros más destacados–, o usted mismo. Internet, según los expertos parece debatirse entre esos dos polos: democratización y hegemonía cultural. ¿Cómo lo ve Usted?

—Para mí es pura democratización del saber, es un medio maravilloso de transmisión de cultura y de conocimientos, es una verdadera revolución. Creo que su aparición es lo más importante que ha ocurrido en el siglo XX en el ámbito de la cultura. Es un lujo poder acceder a tantos datos y a tanta gente sin moverse de casa, sin visitar bibliotecas, sin esperar al cartero…

—Ud. pasó parte de su infancia en Colombia, y –entre libros de estilo, trasliteraciones del árabe, topónimos y cuestiones del habla– se dio tiempo para publicar un libro en el que recupera recetas y costumbres colombianas. Su relación con la Argentina –y con Buenos Aires en particular– también parece muy fuerte, como podemos apreciar los miembros del Foro Apuntes. ¿Cómo encuentra nuestro medio cultural?

—La Argentina, bueno… Buenos Aires, que es lo que estoy empezando a conocer, me tiene fascinado, especialmente en lo que concierne a su altísimo nivel de preparación en los terrenos en los que yo me muevo. Un dato: mi próximo libro, que se editará en España y en la Argentina, lo ha revisado una correctora argentina. La editorial española buscaba un corrector de plena confianza y la búsqueda los llevó a Buenos Aires. Me impresiona que haya tanta gente en las librerías, a todas horas, y que haya tantas y tan buenas librerías. Me da mucha envidia y no puedo evitar las comparaciones…

Fecha: Septiembre de 2005

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