Noticias del español

| | |

|

Carmen Rodríguez/Efe-Reportajes 

vanguardia.com.mx

EL ESPAÑOL HECHO ENTRE TODOS


Se llama UNIDRAE y sirve para canalizar las críticas y quejas que los hispanohablantes tienen sobre el Diccionario de la Real Academia Española. 


Así, recuerda el caso de un hispanohablante residente en Estados Unidos que les propuso usar la palabra desmuerzo (como unión de desayuno y almuerzo) en lugar de la inglesa brunch. Pero la Academia «no es una fábrica de palabras ni un laboratorio de experimentación lingüística».

Si una persona quiere promover una palabra y «consigue que los hablantes la acepten, no cabe duda que acabará incorporándose al Diccionario». Y no es tan difícil como puede parecer pues «hay palabras que tiene un origen absolutamente individual».

Villanueva recuerda el caso de mileurista, que se usa en España para describir la situación de las personas que ganan mil euros al mes. Este término tiene una inventora, Carolina Alguacil, que lo usó en 2005 en una carta al director de un periódico en la que se definía como tal y desde ahí su uso se generalizó en todo el país y se ha mantenido en el tiempo.

José Ortega y Gasset también inventó una palabra que hoy forma parte del lenguaje diario. Se trata de vivencia, que el filósofo ideó para traducir un término aleman y que ha llegado a nosotros gracias a su uso.

Las sugerencias y aportaciones al Diccionario surgen, sobre todo, de personas individuales. «El idioma es de todos y son tan dueños (los hablantes) cada uno de ellos como nosotros también lo somos».

Sin embargo, Villanueva advierte sobre la tentación de querer hacer un Diccionario de palabras asépticas. «El idioma no es políticamente correcto y por lo tanto el Diccionario no puede serlo».

«Nosotros usamos las palabras para ser buenos pero también para ser canallas, utilizamos las palabras para agradar pero también para ofender. Utilizamos palabras bonitas y elegantes y utilizamos palabras obscenas y groseras. Si un diccionario censurara lo obsceno, lo grosero y lo canalla sería —dice el secretario— un diccionario pacato y un diccionario verdaderamente censurado. Eso es absurdo, no tiene ningún sentido».

 

Artículo completo

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: