Noticias del español

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| Andrea Donofrio
www.elimparcial.es, España
Domingo, 17 de enero del 2010

¿EL ESPAÑOL EN 800 PALABRAS?

Pese a que el escenario político italiano vuelve a animarse en la búsqueda de una nueva fórmula para garantizar la inmunidad a Berlusconi, quiero concederle una semana más de tregua y comentar una curiosa noticia publicada en Italia: según una investigación realizada en el Reino Unido, los jóvenes comunican con apenas 20 palabras y su lenguaje se limita a un máximo de 800 vocablos.


Si, en Internet, por mensajes y en sus conversaciones, repiten siempre las mismas sintaxis, abusando de muchas abreviaciones no sólo a la hora de escribir sino en la comunicación oral. Resultado paradójico-surrealista de la noticia es que, en la actualidad, con tan pocas palabras uno puede considerarse capacitado a comunicar con lo demás.

¿Es así? ¿Puede uno comunicar en español o en italiano con tan pocas palabras? Aunque considero 800 palabras un número ridículo, creo que pueden ser suficientes para «defenderse» y superar las primeras emergencias (en una tienda, un restaurante y poco más). Pero no para considerarse «maestro» de un idioma. Además, a lo largo de mi experiencia, puedo afirmar que aprender un idioma de verdad, dominar sus expresiones y, sobre todo, escribir de forma correcta representa una dura tarea, «complicada» por las nuevas tecnologías y las modas.

En los mails, en los mensajes de móvil y también en las charlas, se difunden malas costumbres, expresiones jergales o extremamente sintéticas: se empieza substituyendo algunas letras (qu- con k o la ll con y) para «ahorrar» caracteres hasta llegar a absurdas y abstrusas formulas del tipo: a2 en lugar de adiós (parece un sigla de la batalla naval); n hay cbt, es decir 'no hay cobertura'; o como me pusieron una vez en un mensaje de móvil y casi pensé en necesitar un intérprete pkñ ns vms sta nxe, que en idioma «Física y Química», significaba 'pequeño nos vemos esta noche'; otras son expresiones onomatopéyicas del tipo grr para enfadado o zzz para me duermo, que casi parece que el mensaje nos haya sido enviado por Asterix u otro dibujo animado. Mientras, finalmente, algunas expresiones requieren un ejercicio de fantasía: k acs? 'Qué haces?!' O ktden, 'que te den' (otro mensaje de móvil recibido…), MK? que no es un grupo musical sino '¿me quieres?'. Y lo mejor fue escuchar dos chávales decirse: Q tba y el otro wpa= traducción al castellano vigente '¡Qué tía buena!', '¡Guapa!'.

En Italia sucede lo mismo y cada vez que vuelvo, me siento «antiguo». Allí también, se han inventado nuevas «reducciones semánticas», con la dificultad añadida que, para «recortar» las frases, frecuentemente se recurre al inglés, de manera que se mezclan idiomas. Además, curiosa resulta la transmisión de un nuevo significado a las palabras: por ejemplo, el verbo pisciare, literalmente 'mear', resulta sinónimo de lasciare (dejar), o abbandonare. Para saludar, el clásico ciao (chao —que en italiano se utiliza no sólo para despedirse) se reemplaza por bella, com’é(¿cómo es?) y otras expresiones dialectales y localismos.

Messanger, Facebook, Twitter y los móviles en general están imponiendo un modelo de comunicación «escueto», sucinto, casi lacónico: la exigencia de espacio, de respetar los límites de la «caja» donde escribir influyen en la manera de hablar de la gente, marcando, a veces, distancia lingüística entre grupos de personas. Pese a que a veces «las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una» (Quevedo), la oratoria, la dialéctica y la retórica representan artes tan preciosas que no se pueden reducir a 800 palabras (de las cuales 100 por lo menos son tacos…). ¿Qué pensaría Miguel Cervantes si su libro se volvería a publicar con el título de D. Kijt?

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