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| Marta Frechilla (El Comercio, España)

El español con letra árabe

Un alfaquí de la Aljama de Segovia escribió en el siglo XV un breviario sunní con los preceptos religiosos del islamismo para instruir a sus correligionarios. No utilizó el árabe, sino el romance con caracteres árabes.

 

Es un texto aljamiado, como los muchos que escribieron los musulmanes de Castilla y Aragón. Habían perdido la lengua, pero no las grafías ni su cultura, que seguían practicando primero con total libertad, y a partir del siglo XVI, en la clandestinidad, hasta su expulsión en el XVII.

En el mundo hay unos 200 textos aljamiados, un número que sigue creciendo. Los últimos han aparecido en Malta y en México. Y de casi todos hay copia en la colección del Seminario de Estudios Árabo-románicos (SEAR) de Oviedo. Esta concentración de documentos atrae cada año a doctorandos universitarios y estudiosos de diferentes países del mundo a la capital de una región que, curiosamente, no conserva vestigios árabes.

El origen del centro está en la presencia en Asturias de Álvaro Galmés, durante años catedrático de Lengua y Literatura de la Universidad de Oviedo, una de las autoridades mundiales en Filología Románica y Arábiga y el «gran renovador» de la literatura aljamiada morisca, como recuerda el responsable del seminario, Juan Carlos Villaverde. Él lleva este grupo de investigación, con vinculación universitaria, pero al margen de sus estructuras, junto con otros dos profesores, Antonio Vespertino y Juan Carlos Busto, y el apoyo de algunos estudiantes.

En Oviedo no hay especialidad de Estudios Árabo-islámicos, pero sí la posibilidad de que los alumnos de la Universidad estudien dos niveles de lengua árabe y una asignatura en torno a la influencia del mundo árabe en el mundo románico. Es otro de los motivos del impulso de este seminario, que comenzó en el año 2000, y el «vivero» del que salen estudiantes que deciden investigar o hacer su tesis doctoral en torno a estos temas. Muchos acaban en Dubai, California, El Cairo, Praga o la Sorbona.

Expulsión de los moriscos

En Túnez y otros lugares de la costa mediterránea se instalaron los moriscos tras su expulsión, hace ahora precisamente 400 años. Con motivo de esta efemérides, este grupo de trabajo ha organizado un ciclo de conferencias que arrancó el pasado 8 de mayo. Ahora el SEAR prepara para el próximo año un gran congreso de literatura aljamiada morisca, casi cuatro décadas después del que ya tuvo lugar en la ciudad. El grupo no para. Es más pequeño en recursos y personal que otros centros españoles, pero no menos productivo. «La nuestra es una dedicación intensa y extensa a base de muchos sacrificios», explica. Su gran drama es que no es conocido su trabajo, casi ni por sus propios compañeros de la Universidad. «Es un grupo de excelencia, reconocido en todo el mundo, desde América a Finlandia o a Suiza. En esta época de reformas, la Universidad tendría que priorizar lo distintivo e institucionalizar todo esto».

El reconocimiento es también compartido por una de sus publicaciones, la revista Aljamía, un anuario que reúne todos los estudios, publicaciones, tesis, exposiciones y obras en prensa en torno a la filología árabo-románica. «Es una revista de referencia en el mundo», contextualiza, que cumple 20 años. Con tal fin, el seminario prepara un doble número especial.

Publican también la biblioteca árabo-románica, en la que se enmarcan el primer diccionario de la lengua que incluye voces aljamiadas, un diccionario de Derecho islámico o un libro sobre arabismos del siglo XVI. «Ahora vamos a sacar un libro de poesía de jarchas y la primera traducción del Corán al español en época morisca. Queremos sacar instrumentos útiles para dotar al arabismo español de aquellos materiales que no había», apunta Villaverde.

La colección de literatura española aljamiado-morisca es otro de sus trabajos, con 14 números publicados hasta la fecha y otros dos en preparación. Uno de ellos es el Tratado de los dos caminos. Por un morisco refugiado en Túnez, que dejó inconcluso Galmés y completaron Villaverde y Luce López-Baralt.

El manuscrito de referencia está escrito por un morisco que, a diferencia de lo que había ocurrido hasta entonces en la Península Ibérica, no escribió con caracteres árabes esta «obra notable de la literatura morisca». Este gran conocedor de Lope y Garcilaso, empleó los caracteres latinos como «una afirmación de su hispanidad». Contradicción de una minoría que no encontraba su lugar: en España eran árabes; en el mundo árabe, españoles.

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