Noticias del español

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| Paula Regueira Leal

EL ESPAÑOL BUSCA UN ESPACIO QUE NUNCA TUVO EN FILIPINAS EN MEDIO DE POLÉMICA

La lengua castellana, que nunca se habló en Filipinas, busca un espacio en la ex colonia española 110 años después del final de la ocupación, de la mano de la presidenta, Gloria Macapagal Arroyo, que pretende convertirla en obligatoria en las escuelas.


Esta iniciativa, que la mandataria no ha vuelto a mencionar desde su visita oficial a España el pasado diciembre, tiene lugar cuando la situación del español en el archipiélago es muy similar a la de otras lenguas habladas por una minoría, como ocurre con el mandarín o el francés.

«El español nunca ha sido un idioma de uso masivo en Filipinas» asegura María Luna, profesora jienense de la Universidad de Filipinas que lleva más de 21 años enseñando castellano en el país.

Luna considera que la promesa, de volver a llevar al español a las aulas, que Macapagal Arroyo hizo en España el pasado diciembre «es una mentira que sólo busca el beneficio económico» y que «no tiene demasiado sentido conociendo el pasado de la propia lengua aquí».

«No hay profesores cualificados para llevar a cabo esta tarea en el país y tampoco existe interés por parte de los filipinos, aparte del puramente laboral, para aprender español», afirma la profesora.

En el archipiélago, a diferencia de América Latina, el español no llegó al pueblo directamente más allá de las oraciones católicas y de los miles de vocablos castellanos infiltrados en los idiomas autóctonos.

Actualmente, menos del 3 % del total de la población de Filipinas, que alcanza los 90 millones de personas, domina la lengua de Cervantes y el país cuenta con unos 20.000 estudiantes del castellano.

«Estados Unidos lo hizo mejor que España, mientras que los españoles llegaron a Filipinas con soldados y misioneros, que explicaban la religión a los nativos en sus lenguas, los norteamericanos trajeron un barco lleno de profesores para extender el uso del inglés por las islas», explica Luna.

Hoy en día en el país las dos lenguas oficiales son el tagalo, uno de los muchos idiomas locales que todavía no ha conseguido el carácter nacional, y el inglés «que no ha logrado convertirse en el idioma de la calle», indica Guillermo Gómez Rivera, escritor, maestro de flamenco y presidente de la Corporación Nacional de Profesores Filipinos de Español.

Gómez Rivera denuncia que el castellano «no ha sobrevivido en Filipinas porque hubo una acción sistemática de persecución» y debido a que los españoles que llegaron al archipiélago «no tenían sentido de lo que se llama educación popular».

Añade que «los americanos eran los que estaban detrás de la decisión de retirar la obligatoriedad de la enseñanza del castellano en los colegios tomada por la ex presidenta Cory Aquino en 1987» y también fueron «los responsables de la leyenda negra creada alrededor de los españoles».

«Somos hispánicos, sólo hemos perdido el idioma castellano porque llegó un invasor y nos lo quitó», manifiesta el profesor.

«Cuando un alumno duda sobre la gran influencia de España en Filipinas le pregunto dos cosas, cómo te llamas y qué comes, indefectiblemente, la respuesta son un nombre y un apellido de origen español y comida española», afirma Gómez Rivera.

En 1810, el gobernador en Filipinas Narciso de Clavería decretó que aquellos indígenas que aún no tenían apellidos españoles o deletreados en español, tendrían que adoptar uno para su identificación y uso legal.

Casi dos siglos después de la aprobación del decreto de Clavería la mayoría de los apellidos en Filipinas son españoles aunque muchos de los nombres propios son anglosajones.

Debido a estos lazos comunes el director del Instituto Cervantes de Manila, José Rodríguez, considera que es «una noticia excelente» que Macapagal Arroyo tenga la intención de impulsar el aprendizaje de español en la nación insular.

Rodríguez indica que esta iniciativa sobre la que la presidenta filipina ha dado ningún detalle de cómo planea desarrollarla, requeriría miles de profesores a nivel nacional y dice que es un proyecto en el que tendrá que colaborar «todo el mundo hispánico y Filipinas, que siempre será parte de la gran familia hispánica de naciones».

El director de la institución española reconoce que «el español nunca fue moneda de cambio en Filipinas, pero sí un elemento muy importante en el desarrollo histórico y cultural de la nación» y agrega que «el himno filipino y la primera Constitución se escribieron en castellano».

La orden presidencial de la mandataria, dictada con motivo de su visita a España, es considerada por unos como una declaración de intenciones y por otros una promesa sin fundamento, en un país donde el futuro del castellano será el de contentarse con formar parte de los idiomas nativos, sin que los locales sean conscientes de la procedencia de muchos de los vocablos de sus lenguas.

Diga usted: «derecho, derecho por favor» en español a cualquier taxista filipino, y sorprendido, responderá: «ah, ¿habla usted tagalo?». (Efe)

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