Noticias del español

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| Guillermo Alonso
diariodeburgos.es, España
Sábado, 11 de julio del 2009

EL ESPAÑOL A EXAMEN

Los periodistas Alfonso Rojo y María Antonia Iglesias compartieron con el público sus opiniones sobre nuestro idioma, como invitados al ciclo «El español en los medios de comunicación» celebrado en el Palacio de la Isla.


«No creo que haya habido nunca un momento más crítico para el sector periodístico». Así de rotundo y pesimista comenzó ayer su intervención Alfonso Rojo en el ciclo «El español en los medios de comunicación», que se celebró al aire libre en el Palacio de la Isla.

«Sobre todo se ha deteriorado la columna vertebral del propio periodismo, en España y en todos los países: la prensa escrita», aclaró Rojo. Desde luego, la experiencia que él tiene le permite mostrar un amplio conocimiento de este mundillo: ha pasado por varios periódicos, haciendo participaciones por diversos medios.

Los males que están destruyendo ese pilar maestro del oficio son varios, en opinión del periodista: «Ha habido un deterioro en el estilo. El nivel de escritura ha bajado: no es que fuera muchísimo mejor antes, pero en lo que a talento literario se refiere, parece que se han refugiado sólo en las columnas de opinión», especificó.

Rojo coincide con su compañera de profesión María Antonia Iglesias en que uno de los grandes males que están atacando al periodismo desde dentro son los trabajadores poco preparados, o mejor dicho, el intrusismo profesional. «El que cualquier listillo que es capaz de enganchar una silla en un plató se presente como comunicador, aunque al final sólo vaya a hablar de los cuernos que le han puesto, deteriora la imagen de la profesión», señaló sin tapujos.

También hubo tiempo para recordar las aventuras del periodista en su faceta de corresponsal de guerra. Él se muestra muy escéptico con respecto a esa imagen romántica. «Los medios lo han convertido todo en una experiencia muy cinematográfica. Pero yo, después de 33 años dedicados a arrastrar el culo por todo el mundo, estoy convencido de que una enfermera de Burgos vive más horror y sufrimiento que un corresponsal de guerra», concluyó, sarcástico, este veterano comunicador.

María Antonia Iglesias, periodista

«Los periodistas maltratamos mucho el diccionario»

María Antonia Iglesias ha dedicado toda su vida al periodismo, estando presente en todo tipo de programas y publicaciones, y con una dilatada experiencia en el campo de la entrevista a políticos.

Sin embargo ayer, hablando como invitada especial en la nueva edición del ciclo «El español en los medios», la periodista no dudó en tirar piedras contra su propio tejado: «Los periodistas hablamos muy mal el castellano, le pegamos muchas patadas al diccionario», afirmó rotundamente.

«Por otra parte, yo creo que esto tiene un aspecto positivo, que es que ese lenguaje, de alguna forma, sirve para conectar con la gente. Que sea un vehículo de comunicación y no se refugie en un academicismo», añadió rápidamente la periodista.

María Antonia Iglesias no duda en que hay algunos tipos de periodismo que utilizan peor el lenguaje: «El mayor maltrato es el que hacen algunos periodistas de opinión, para ofender, mentir, disparar contra todo lo que se mueve de una forma gratuita y completamente impune», se lamentó con algo de tristeza contenida.

Ella ha llevado a cabo algunas de las entrevistas más profundas y singulares a políticos de nuestro país, lo cual no la impidió señalar que «ese lenguaje tan políticamente correcto a mí personalmente me aburre, y la gente no lo entiende. Sólo se blindan para que no les den guantazos», indicó.

Otros de los principales culpables del mal uso del español son, según Iglesias, los nuevos periodistas. O los que se hacen pasar por ellos. «Los estudiantes de las facultades no leen periódicos. Ninguno. Ante esa situación, que los medios estén en crisis es tan sólo anecdótico», aseguró.

Pero, como dijo a continuación, «el balance, en definitiva, es positivo. No se trata de recuperar nada, sino de aceptar que el maltrato del castellano forma parte de la realidad. No hay por qué rasgarse las vestiduras», concluyó.

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