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| Agencia EFE

El Diccionario Histórico reconstruirá el pasado de más de 120.000 palabras

La Real Academia Española pone en marcha estos días uno de sus proyectos más ambiciosos, el Diccionario Histórico de la Lengua Española, que en su primera etapa, de quince años de duración, reconstruirá el pasado de más de 120.000 palabras y facilitará la comprensión adecuada de los textos de otros siglos.

En una entrevista con Efe, el director de este proyecto, el académico salmantino José Antonio Pascual, afirma que esta obra «es esencial», porque sin ella el español sería «una lengua de segunda», y destaca el elevado grado de colaboración que la Academia está encontrando en instituciones extranjeras y españolas relacionadas con este tipo de proyectos.

Esta gran obra, que tendrá unos doce volúmenes y que podrá consultarse en Internet, cuenta con el apoyo expreso del Gobierno y la financiación de la misma procederá en buena medida de los fondos estatales, a razón de 1,2 millones de euros al año.

¿Cuándo la palabra «talento» en español adquiere el significado de inteligencia y no de voluntad? ¿En qué siglo entra el galicismo «duela» para referirse a las tablas de las cubas de las bodegas? Si las imágenes eran de «palo» en el XVI y en la época de Galdós se hablaba de «escalera de palo», ¿cuándo esa voz ha ido perdiendo el valor de madera, salvo en expresiones como «cuchara de palo» o «en casa del herrero, cuchillo de palo»? Todas esas preguntas encontrarán debida respuesta en el nuevo Diccionario Histórico que la RAE empieza a elaborar ahora.

Reflejará la evolución del significado del conjunto de palabras de la lengua española desde el siglo IX, en el que los textos latinos ya contenían voces en romance, hasta nuestra época.

En la actualidad se habla de «aderezar la ensalada», pero no se adereza una persona para salir a la calle. Sí se hacía en el XIX, y en el XVIII «te aderezaban la cama». El Quijote «aderezaba la lanza» y en tiempos de Cervantes «aderezaban los caminos», comenta Pascual, coautor, junto con Joan Corominas, del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico.

El nuevo proyecto de la Academia permitirá saber cuándo dejaron de usarse determinadas voces y surgieron otras, y dará información sobre la evolución de los sinónimos. Así se verá que la expresión «tener lugar», tan empleada hoy día, ha ido sustituyendo a verbos como «suceder», «ocurrir», «acontecer» o «acaecer».

«Sin una obra como ésta no se puede entender nuestra literatura y, también, los usos actuales de las palabras», añade el académico, quien ilustra su afirmación con otro ejemplo: «Ahora se ‘despegan los labios’, pero en el Quijote ‘se desplegan’ porque ‘desplegar’ significaba ‘desclavar’».

El nuevo Diccionario se hará en colaboración con las demás Academias de la Lengua de los países de habla hispana. «No se podría concebir esta obra sin la contribución de las Academias», porque hay que reflejar en él «la evolución del español en América», señala Pascual.

Será por tanto «un proyecto panhispánico» como todos los que ha desarrollado la Real Academia Española en los últimos años, desde el Diccionario académico, hasta el de Dudas, publicado recientemente, o la nueva Gramática, que verá la luz en 2007.

El de ahora, es el tercer intento de sacar adelante el Diccionario Histórico. El primero fue antes de la Guerra Civil y la idea partió de Menéndez Pidal. Después de la contienda, se encargó Rafael Lapesa de retomar el proyecto, pero «como los medios eran muy limitados», señala Pascual, sólo llegaron «hasta casi el final de la letra ‘A’ e iniciaron también dos fascículos de la ‘B’».

El gran Banco de Datos de la Academia, en especial el Corpus Diacrónico del Español, es la fuente principal que se utilizará para el Histórico. De los 300 millones de registros con que cuenta el CORDE, se preseleccionarán 50 millones, que será el número de palabras que barajen los expertos para elaborarlo.

José Antonio Pascual lleva ya un tiempo liberado de sus tareas docentes (es catedrático de Lengua Española) para dedicarse de lleno a la preparación de esta obra, pero es en estos primeros días de enero cuando lanzará «una ‘opa’ hostil», dice bromeando, y comenzará a seleccionar a los veinte especialistas que participarán en esta primera fase. En cuatro meses espera que «el equipo esté funcionando».

El académico subraya la colaboración que está encontrando en los responsables de los diccionarios históricos de países como Gran Bretaña e Italia, que han mostrado una disponibilidad total ante las consultas planteadas y han abierto sus puertas para enseñar cómo los han hecho.

«La palabra colaboración es fundamental. No ha habido nadie que nos la haya negado», desde el Instituto de Estudios Catalanes hasta la universidad alemana de Heidelberg o las españolas de Deusto, León, La Coruña o Salamanca, entre otras.

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