Noticias del español

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| Noe Domínguez
lne.es, España
Martes, 12 de mayo del 2009

EL DICCIONARIO: ESE GRAN DESCONOCIDO

Nuestra lengua es muy rica, pero debemos saber cuál es la palabra adecuada en cada caso.


El pasado día 4 de mayo fue el vigésimo segundo cumpleaños de Jorge Lorenzo. Lo sé porque lo escuché, de pasada, en un programa que precede al telediario que yo suelo ver. Bueno, en realidad lo que escuché fue un comentario referido al día de su «onomástica». Lo cierto es que no estaba prestando demasiada atención, pero algo hizo que sonase en mi cabeza una especie de alarma que me avisa cuando algo «no cuadra». Como muchas personas saben, el día de la onomástica es el día en que una persona celebra su santo. Dado que la de Jorge fue el 23 de abril, creí que yo no había entendido bien teniendo en cuenta la proximidad de las fechas, pero volví a ver el programa y comprendí que mi alarma no se había disparado sola. ¡Qué decepción! Y es que, en el fondo, esperaba que el guionista del programa hubiera tenido la profesionalidad de no emplear palabras de las que no sabe el significado porque cuando se trabaja en un medio que está destinado a llegar tanta gente, se debe tener en cuenta que, además de distraer al público, se está enseñando a un montón de personas que toman al pie de la letra lo que se dice en la televisión, la radio o la prensa escrita; y esto implica una gran responsabilidad.

Nuestra lengua es muy rica en vocablos; de cada palabra podemos encontrar muchos sinónimos con los que construir frases variadas y bellas; pero debemos saber cuál es la correcta en cada caso. Para ayudarnos en esta tarea tenemos el Diccionario. Sí, ya sé que queda muy bonito en el mueble librería del salón pero, en serio, se puede usar para muchas más cosas.

El otro día, hablaba con un muchacho, que no creo que haya cumplido aún los veinticinco años, y me discutía la necesidad de enseñar a los niños, desde pequeños, a manejar esta ayuda indispensable. Coincidía conmigo en la necesidad de hacer consultas de esta índole pero, defendía él, a través del ordenador. No estoy de acuerdo porque eso sería como dejar que un niño utilice una calculadora en sus primeras clases de aritmética. Todos los medios que el progreso ha puesto a nuestro alcance son buenos, pero usándolos en su justa medida y en el momento adecuado. Creo que según se inicia al niño en el hábito de la lectura, se le debe iniciar en el del uso de un diccionario adaptado a sus necesidades; porque la de «saber» es la única adicción que es buena y que debemos fomentar, y la de tener el peso de un libro en la mano, una de las costumbres más saludables que podemos adquirir.

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