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| Fernando Ávila (El Tiempo.com, Colombia)

El corazón en la mano / El lenguaje en el tiempo

Cita de la portada de Elenco: «Confesiones con el corazón en la mano».
Puristas espontáneos del lenguaje que nunca faltan dicen que es incorrecto escribir «con el corazón en la mano», porque nadie puede tener el corazón en la mano, salvo que fuera el corazón de otro.

En cambio, dicen, sí se puede tener la mano en el corazón, como cuando se canta el himno nacional en el estadio, para demostrar respeto por el símbolo patrio. Por lo tanto, concluyen, la forma correcta es «con la mano en el corazón».

Por esa misma lógica, una de las frases populares en Colombia es «póngase la mano en el considere», en la que la forma verbal considere se convierte en sustantivo, sinónimo de corazón.

Y corazón, por supuesto, no alude en este caso a la bombita que hace circular la sangre en los vertebrados, sino al símbolo del amor y de la franqueza de quien habla. Ponerse la mano en el corazón, o en el considere, son así gestos metafóricos en sí mismos, pues el corazón ya ha adquirido en ellos su carácter simbólico.

Sin embargo, la frase original surge de la imagen clásica del Corazón de Jesús. Este ícono, que se entronizaba en los hogares y que aparece en los escapularios, muestra un Jesús entregado, abierto, sincero, «con el corazón en la mano», expresión que comienza a usarse para aludir a la hoy llamada transparencia del discurso o del comportamiento.

La locución «Con el corazón en la mano» da nombre a numerosos blogs dedicados a la poesía; a varias novelas, incluido un superventas británico, de Chris Cleave; al primer disco de Aterciopelados; a la gira y canción emblemática del grupo mexicano Rojo, y a un ejercicio frecuente en terapias de pareja, en que se dicen las verdades con sinceridad, y habla solo quien por turno tiene el corazón de cartón en la mano.

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