Noticias del español

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| Núria Navarro
El Periódico de Cataluña, Barcelona
Miércoles, 26 de abril del 2006

«EL CASTELLANO NO ESTÁ AMENAZADO EN CATALUNYA»

Entrevista a Alberto Gómez Font, Coordinador de la Fundéu, autor de Donde dice... Debiera decir.


La confesión


«Mi oficio de verdad es el de barman, porque esto de la lingüística es una tapadera para llegar a fin de mes»


Los contagios


«Todas las lenguas vivas toman préstamos de otras, por prestigio, necesidad o moda. Eso no es malo»


Afirma que el nivel de conocimiento de la lengua entre los universitarios es asombroso.

Gómez Font tiene el ojo de lingüista y el bigote de barman. Entró hace más de un cuarto de siglo en el Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe, que se convirtió luego en la Fundación del Español Urgente (Fundéu). Los años de oficio y maestros como Manuel Alvar, Antonio Tovar y Fernando Lázaro Carreter le han enseñado a ser menos purista. Y lo celebra.

–Hay palabras con carga biográfica. Dígame tres de las suyas.

Pereira, dry martini y Marta. Pereira es la ciudad donde pasé mi infancia, en Colombia. El dry martini es un trago esencial en mi vida. Y Marta es el nombre de mi hija.

–¿Cómo fue que pasó la infancia en Colombia?

–En 1957 un grupo de miembros de la Falange se salieron de ella y fundaron en Barcelona un partido que se llamó Nueva República. Entre ellos estaba mi padre. Los condenaron a 10 años y se fueron todos. Estuvimos ocho años en Colombia, hasta que prescribió el delito.

–¿La pasión por la lengua le nació en el Caribe?

–No lo sé… Mi padre siempre fue un hombre preocupado por el buen uso del español. Al terminar Filología árabe, Luis María Anson, entonces presidente de la Agencia Efe, creó un departamento de vigilancia del uso del español y uno de sus asesores era don Fernando Lázaro Carreter. Él me propuso entrar a trabajar como revisor de textos.

–Lázaro decía que la erosión del idioma empeora a la sociedad.

–Un mal uso del lenguaje implica algo desajustado en la sociedad y viceversa.

Esa crítica al excesivo uso del masculino en español, por ejemplo, es producto de una sociedad. Pero empiezo a creer que se puede hacer algo… En lugar de decir «los canadienses fuman mucho», se podría decir: «En Canadá se fuma mucho».

–¿Cómo anda de salud el idioma?

–Al mismo tiempo que hay gran cantidad de libros de estilo y que el Panhispánico está teniendo éxito, hay un cierto descuido. Antes los hablantes tomaban como referencia a los oradores en las Cortes, los sacerdotes y los profesores. Ahora el modelo de prestigio es la televisión, y en ella el uso de la lengua es muy pobre.

–El pecado capital en los medios…

–El usar palabras con significados que no tienen. El no decir las cosas con propiedad. El caer en modas que impone un locutor.

–¿Algún ejemplo que le remueva el higadillo?

–El abuso del verbo realizar. Nada se lleva a cabo, se efectúa, se ejecuta, se emprende… ¡Todo se realiza! Tampoco me gusta el verbo registrarse. «Se registró una explosión»…

–¿Cosa de la pereza?

–De la ignorancia. Nunca hay que dar por terminado el aprendizaje de la lengua. Pero, al mismo tiempo, el español goza de buena salud.

–¿En Catalunya también?

–El castellano no está amenazado en Catalunya. De ninguna forma.

–¿Cómo está tan seguro?

–Entre enero y marzo fui profesor en la UPF. Impartí una asignatura llamada Redacción jurídica y documental en la Facultad de Derecho. El primer día hice una prueba de nivel a los alumnos y me quedé asombrado de su alto dominio del castellano.

–¿Sólo queda pararles los pies a los anglicismos?

–No influyen tanto…

–Así, ¿no acabaremos chequeando, mopeando y parqueando?

–Los que balbucearon el primer español se quedaron fascinados con las palabras árabes y las copiaron. Si teníamos óleo, ¿qué necesidad teníamos de llamarle aceite? ¡Por prestigio! Todas las lenguas vivas toman préstamos de otras, por prestigio, necesidad o moda. Eso no es malo.

–Pues, la verdad, no entiendo cómo va la aduana de la lengua.

–Depende de la presión del número de hablantes. Cuando se pone de moda un préstamo, a veces dura dos meses, dos años o dos siglos.

–¿Da rabia bajarse los pantalones y admitir palabras odiadas?

–¡Es un ejercicio agradable! En los años 80, dijimos que no se usara nominar en las noticias de los Oscar. Pedimos que se dijera película seleccionada y actor candidato. Hoy, pretender eso sería una tontería.

–Son gente un poco rara, ¿eh?

–¡Qué aburrido sería no serlo!

–Entre las rarezas, además de palabras, colecciona cocteleras.

–Tengo unas 350. Mi oficio de verdad es el de barman, porque esto de la lingüística es una tapadera para poder llegar a fin de mes.

–Oiga, ¿cuántos dry martinis hay que beber para hablar bonito?

–Tres. Al segundo estás locuaz y en el tercero cumples el lema latino de in vino veritas.

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