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Roberto Jiménez

Agencia Efe

EL CAMPO, EN ALMONEDA


La sangría demográfica, la mecanización progresiva y el cambio sustancial del modelo agropecuario desde la entrada de España en la UE han condenado al campo, si no al abandono, a una reorientación de su potencial dentro del nuevo orden económico.

 


En menos de cincuenta años han pasado a la historia toda una cultura y una civilización agraria presentes desde hace siglos tanto en la técnica como en la mecánica, y con ella un abundante glosario de términos, giros y expresiones que nombraban labores, aperos, enseres y construcciones igualmente desaparecidos.

El turismo, la gastronomía y las actividades al aire libre han tomado carta de naturaleza en este cambio de época dentro del agro, pero que aún alienta en las secciones de anuncios de compra-venta como la que mensualmente, desde hace más de veinte años, publica el periódico Campo Leonés.

«Vendo mula en excelente estado y acostumbrada a trabajar», «Vendo un cerdo para matanza» y «Vendo gallinaza y abono de oveja, mullido con paja», son algunos de los mensajes que trae el último número de Campo Leonés, una cabecera creada en mayo de 1989 por la organización profesional agraria Asaja y que dirige José Antonio Turrado, secretario general en Castilla y León de esa entidad.

«Es la sección que más interesa a nuestros socios. Se la trillan entera y es una forma de poner en contacto a los agricultores», ha explicado a Efe Turrado, responsable de una publicación gratuita que, pese a su modestia, subsiste debido a su fidelidad y puntualidad con los asociados.

Como si de una subasta, zoco o almoneda se tratara, la sección de compraventa delata también el final de una generación de profesionales que, presumiblemente, no tendrá relevo en la misma proporción («Vendo diez vacas abocadas a parir, por jubilación») o insinúa el portazo definitivo («Vendo tierras, bodega, prado, casa y solar en San Justo de los Oteros»).

Tractores con pala y remolque, sembradoras de cereal, arados, tanques para leche, equipos de ordeño, aventadoras, silos móviles y mezcladoras para pienso, empacadoras, abonadoras, rodillos, máquinas para la extracción de remolacha y tubos de riego conforman también este muestrario.

«Resulta muy útil porque pone en servicio material de segunda mano», maquinaria que un agricultor del páramo o del Valle del Esla no necesita, se le ha quedado pequeña y puede aprovechar un ganadero de Picos de Europa, donde los prados son más pequeños y accidentados, o un fruticultor en la comarca de El Bierzo, ha puesto como ejemplos.

Castilla y León, adelantada desde principios de siglo en la construcción de maquinaria agrícola (trillos en Cantalejo -Segovia-, limpiadoras, aventadoras en Alaejos -Valladolid-), asiste desde hace tiempo a un mundo en fuga, recluido ya en anticuarios, museos y hogares, archivos y enciclopedias.

Con él se marcha todo un vocabulario que aún subsiste desperdigado en libros y ensayos de narradores como Miguel Delibes, José Jiménez Lozano, Francisco García Pavón, Julio Escobar, Bernardo Víctor Carande, Francisco Candel, Juan Luis González Ripoll y José Antonio Muñoz Rojas, o debidamente sistematizado como el Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, del profesor Jorge Urdiales Yuste.

«Es un mundo de ser y de hablar, lingüísticamente muy rico e interesante, que prácticamente se ha perdido y que dentro de un siglo, pongamos por caso, sólo podrá ser consultado en los libros», ha analizado Yuste en declaraciones a Efe.

Este léxico, en desuso por las prácticas agrarias que lo han sostenido, «continuará hasta que muera definitivamente», una vez que desaparezca la generación que vivió en aquella época, ha concluido.  

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