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Estrella de Panamá, Panamá
Lunes, 18 de agosto del 2008

EL ALCÁZAR DE LA LENGUA: QUEÍSMO Y DEQUEÍSMO (2)

Me han hecho saber algunas personas que se encuentran sumidas en la perdición más absoluta cuando tienen que navegar en aguas del idioma entre dos escollos más temibles que Scilla y Caribdis, los monstruos de La Odisea: el uso de la conjunción «que» y de la preposición «de» delante de «que».


Hasta ahora estaban acostumbradas a abordar el problema mediante una solución que pudiéramos llamar —más que sencilla— radical y simplista: suprimamos el «de que», démosle pena de muerte a esa horrible construcción, usemos simplemente «que». Pensaban que eso deberían hacer en toda circunstancia. Y problema resuelto. Pero se encontraron con mi artículo de la semana pasada en que les prevenía sobre el uso equivocado o importuno del «que», en aquellas ocasiones, muchísimas, en que deberían haber usado el «de que». Ahora se sentían inseguros.

Bueno, lo siento. Qué más puedo decir. También pudieron haberse tropezado —mucho antes que con mi artículo— con la gramática, con los libros de muchos buenos y reconocidos escritores, con los estudios de las Academias.

Lo importante es que sigan normas prácticas para discernir el empleo del «que» o del «de que». Además de la reflexión, a veces la intuición avisa sobre la forma en que debe construirse la frase.

Preguntar primero, escribir después

Cuando usted deba usar el «de que», en muchas ocasiones podrá también empezar una pregunta antecedente con el empleo del «de que». —¿De qué te convenció Susana? —Me convenció de que debería usar el color rojo más a menudo en mi ropa. —¿De qué hablaban anoche Luis y tú? —Hablábamos de que su novia tiene un problema de sobrepeso. ¿De qué está seguro? —De que dejó las llaves sobre la mesa.

Como ve, no preguntará con de qué para contestar con que ni viceversa. Por lo tanto ante la duda sobre cuál fórmula debe usar, apele al empleo de la pregunta para contestarse usted mismo.

En el caso de la conjunción que la pregunta suele empezar con que: —¿Qué te dijo el albañil que vino hoy? —Me dijo que regresaría mañana temprano. —¿Qué opina Juan sobre la monografía? —Opina que empecemos por la investigación bibliográfica. —¿Qué le preocupa a José Antonio? —Le preocupa que no pueda conseguir la visa.

Así pues, para saber si debe usar que o de que ponga la oración en la forma de la pregunta antecedente.

A veces ni «que», ni «de que»

Sin embargo, habrá ocasiones en que usted pregunte con de que y no tenga la obligación de contestar con de que. Es más, según la construcción de la oración tal vez no pueda hacerlo. Por ejemplo: —¿De qué trata el libro que compraste? —De un joven náufrago en una isla desierta. —¿De qué está seguro Juan? —De haberlo olvidado en ese local.

Y también hay ocasiones en que preguntas con «que», y no respondes «que». Como en estos casos: —¿Qué le preocupa? —La deuda de mi sobrino.

Construcciones igualmente válidas

No olvidemos que puede usarse de ambas formas en los casos siguientes: luego que…, luego de que…, después de…, después de qué…. , con tal que… con tal de que… Los periodistas suelen preferir la forma más corta, por la razón ya enunciada: piensan que el «de que» es un vicio siempre. Pero es preferible la forma alargada «luego de que», «después de que», «con tal de que» porque es más cadenciosa y da tiempo a la mente del lector a amoldarse a la oración o frase que sigue, facilitando su comprensión.

Construcciones equivocadas

A veces el problema no es si se usa o no se usa «de que» en lugar de solo «que». Si no que se emplea una preposición o conjunción equivocada. Por ejemplo: «Estoy de acuerdo de que estudiara piano», es un ejemplo de este error. Debe decirse y escribirse «estoy de acuerdo con que estudiara piano». O también «estoy de acuerdo en que estudiara piano».

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