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estrelladepanama.com, Panamá
Martes, 26 de febrero del 2008

EL ALCÁZAR DE LA LENGUA: LAS PARTÍCULAS EXPLETIVAS: EL «DE» Y EL «NO»

Hace algún tiempo vi en una librería el título de una obra clásica de la literatura norteamericana, de James Fenimore Cooper, El último de los mohicanos. Pero el título que vi estaba cambiado. Decía El último mohicano. Si bien esta traducción es literal y gramaticalmente correcta para The last mohican, es menos literaria que la otra, más antigua.


El «de» expletivo

Y es que ese de le da extensión, cadencia, belleza y armonía al lenguaje. No es lo mismo decir: «Era su último amigo», que «era el último de sus amigos». Así pues, la de expletiva, como se le llama precisamente por extender la frase, y por usarse como recurso técnico, es una maravilla del lenguaje cadencioso y literario, que no tiene por qué ser olvidada en los vericuetos del español periodístico. Al contrario, en los diarios es muy útil, pues una ventaja que brinda este de al extender la frase es facilitar la comprensión del texto, ya que da tiempo a que el pensamiento se prepare para la idea que se va a introducir. Además, por supuesto, de hacer más grata la expresión de la idea.

Por eso, aunque puede emplearse indistintamente después que o después de que; y lo mismo luego que y luego de que, personalmente prefiero el uso con de, que ha ce menos abrupta la entrada de la oración subordinada a esta frase.

El «no» expletivo

Es muy propio del lenguaje retórico de España usar este no precisamente para dar más realce a la frase. Como no se trata de partículas lógicamente necesarias para expresar la idea del texto, en América Latina no suele emplearse el no expletivo. Su lenguaje, en este caso específico, es más directo y expresivo. En Panamá diríamos: «poco faltó para que le apuñalase». En España, en cambio: «poco faltó que no le apuñalase».

El Diccionario de la Real Academia trae estos ejemplos: «Más vale ayunar que no enfermar». «Él lo podrá decir mejor que no yo»; y dice: son «cláusulas cuyo sentido no se alteraría omitiendo este adverbio». Y reconoce que este no se usa «solamente para avivar la afirmación de la frase a que pertenece, haciendo que la atención se fije en una idea contrapuesta a otra». En América en cambio, no usaríamos el sentido enfático sino el lógico: «Más vale ayunar que enfermar». «Él lo podrá decir mejor que yo».

El Diccionario panhispánico de dudas trae cinco casos más en que puede usarse el adverbio no con valor expletivo, y por lo tanto puede prescindirse de él sin que cambie el sentido de la oración. Pero se usa, repetimos, con sentido retórico, para realzar la frase. Estos casos son:

a) Detrás de la conjunción que cuando esta introduce el segundo término de una comparación: «Es mejor reír que no llorar» (de igual sentido que «Es mejor reír que llorar»).

b) Detrás de verbos que expresan temor: «Temo no vayan a embargarme la casa», de igual sentido que «Temo (que) vayan a embargarme la casa».

c) En oraciones exclamativas cuantitativas, con valor enfático: «¡Cuánto no daría por ir contigo a ese viaje!», de igual sentido que «¡Cuánto daría por ir contigo a ese viaje!»

d) Detrás de la preposición hasta, cuando esta introduce oraciones subordinadas temporales. «No se fue hasta que no llegó su padre».

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