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Estrella de Panamá
Lunes, 18 de febrero del 2008

EL ALCÁZAR DE LA LENGUA: LAS MULETILLAS

Las muletillas: esas expresiones que usamos para ayudarnos en la construcción del lenguaje oral o escrito, a menudo, más que ayudarnos (o servirnos de muletas, de allí su nombre) lo que hacen es afear nuestro discurso, pues se vuelven repetitivas, manidas, gastadas.


«En lo que es»

Es común escuchar a los reporteros de TV ayudarse con la expresión «en lo que es». ¿Necesaria? Normalmente no, como suele ocurrir con las muletillas, pero está allí para cansar al sufrido televidente que escucha las noticias. «Estamos "en lo que es" la Asamblea Nacional, ubicada aquí "en lo que es" el Parque Remón Cantera». Por supuesto, si el periodista hubiera dicho «Estamos en la Asamblea Nacional, ubicada en el Parque Remón Cantera» lo hubiera dicho mejor y con menos palabras. Pero «en lo que es» resulta para él un circunloquio imprescindible, para apoyarse mientras se da tiempo para pensar, tiempo para buscar la idea. ¿Por qué no pensar primero? ¿O hacer un breve alto, tragar, introducir otra idea? Debe ser que estoy en lo que es la búsqueda de la perfección.

Muchas veces los periodistas preparan texto o ideas que han de usar ante las cámaras de TV, por lo que no se justifica la muletilla de marras. Pero aún si no tiene tiempo es preferible manejar una serie rápida de sinónimos o de ideas paralelas, antes que caer en la fácil muletilla.

«El vital líquido»

Eventualmente en algunos sitios de la ciudad se escapa el agua, y en otros no ha dejado de escaparse nunca. Pero el lector u oyente tendrá referencias de ello, no porque haya leído u oído hablar sobre el agua que se malgasta, sino porque lo que se pierde, invariablemente, es «el vital líquido». Alguien usó alguna vez esta perífrasis, otros la encontraron bella y empezaron a abusar de ella dándole la fealdad de lo gastado, aparte de que, en determinados contextos su utilización resulta cursi.

«El mismo, los mismos…»

La «mismidad» nos abruma. Esta muletilla (el mismo, la misma, los mismos) puede ser reemplazada por un sustantivo, por un pronombre demostrativo, por un pronombre personal o simplemente ser omitida.

Piense en la oración «los directivos del comité de elecciones suspendieron los comicios porque los mismos no estaban suficientemente preparados». ¿Qué costaría decir tan solo: «porque estos (pronombre demostrativo) no estaban suficientemente preparados?» Claro que si los que no estaban preparados eran los directivos, habría que escribir «aquellos» en vez de «estos».

Otro ejemplo: «El ministro estaba ocupado pero el mismo nos dijo…» Solo hay que escribir: «el ministro estaba ocupado, pero él (pronombre personal) nos dijo…». En ocasiones, no hay que agregar nada. «Los muebles no fueron traídos hoy, pero los mismos serán traídos mañana». En vez de eso escriba: “Los muebles no fueron traídos hoy, pero los traerán mañana». Cuando tenga ganas de escribir: «Hablamos con los vecinos del barrio. Los mismos nos dijeron…», escriba mejor: «Ellos nos dijeron…» o «Estas personas nos dijeron…».

«Producto de…»

En nuestros periódicos abunda la expresión «producto de». Cualquier incidente, acuerdo, explosión, decisión ejecutiva, en fin, todo lo que deriva de otra cosa es para nosotros «producto de…». Cuando tengamos la tentación de escribir «producto de» olvidémonos de esta muletilla completamente prescindible. En su lugar usemos otras expresiones como: a causa de, debido a, como consecuencia de, fue resultado de, que están menos trilladas entre nosotros los panameños (algunas pueden estar más trilladas en otros países, el lector lo sabe).

Recuerde que la muletilla no es una frase equivocada, sino usada con exceso o con mal gusto, y muchas veces complica el discurso. Hablemos claro, limpio y con la hermosura propia de la sencillez.

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