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estrelladepanama.com, Panamá
Martes, 13 de noviembre del 2007

EL ALCÁZAR DE LA LENGUA: «INICIEMOS» EL ESTUDIO DE INICIAR

Siempre me he chanceado con los periodistas sobre el valor excesivo que ellos le dan al verbo iniciar. Algunas cosas les contaré al respecto.


El segundo más grande

Le preguntaban a Isaac Asimov cuál era el científico más grande de todos los tiempos. Decía el gran divulgador científico: «Si la pregunta fuese "¿Quién fue el segundo científico más grande?" sería imposible de contestar. Hay por lo menos una docena de hombres que (…) podrían aspirar a esa segunda plaza. Entre ellos figurarían, por ejemplo, Albert Einstein, Ernest Rutherford, Niels Bohr, Louis Pasteur, Charles Darwin, Galileo Galilei, Clerk Maxwell, Arquímedes y otros. Incluso es muy probable que ni siquiera exista eso que hemos llamado el segundo científico más grande (…) Pero como la pregunta es "¿Quién es el más grande?", no hay problema alguno. En mi opinión, la mayoría de los historiadores de la ciencia no dudarían en afirmar que Isaac Newton fue el talento científico más grande que jamás haya visto el mundo… Fundó las matemáticas superiores (…) la óptica moderna (…) la física moderna (…) la astronomía moderna (…) Cualquiera de estas cuatro hazañas habría bastado por sí sola para distinguirle como científico de importancia capital. Las cuatro juntas le colocan en primer lugar de modo incuestionable». Yo quiero remedarlo un poco diciendo: si me preguntaran cuál es el segundo verbo más empleado por los periodistas sería difícil dar con él, pero si me preguntan cuál es el más usado la pregunta es fácil. No dudaría en señalar al verbo iniciar. Es eufónico y tiene pocas letras. Tal vez por eso arrasa sin piedad contra sus hermanos empezar y comenzar. Estudiemos sobre su uso y abuso. ¿Iniciemos?

Sin él no habría periodistas

Tan básico se ha vuelto este verbo por la voluntaria esclavitud a la que se han ceñido mis amigos periodistas que hemos llegado a este punto: si por una ley se prohibiese el uso público de este verbo, habría que eliminar la carrera de periodismo de las universidades. Al fin y al cabo ¿quién podría ya escribir? Me imagino a los aspirantes a ser profesionales de la comunicación social diciendo entre lágrimas: «yo que pensaba ser periodista pero prohibieron el verbo iniciar, ¿qué podemos hacer?» Habría que cerrar periódicos impresos, radiodiarios, periódicos televisivos… pues ¿qué harían los pobres comunicadores nuestros huérfanos de toda expresión verbal sin la palabra mágica que alumbra sus notas informativas, que les da sentido a sus ideas, luz a sus mentes, alma a sus noticias? ¿Qué harían desamparados y desprotegidos, lengua y manos amputadas sin el verbo iniciar? Se reían mis amigos periodistas al contarles esta parábola, pero reconocían su verdad. Sin iniciar están perdidos…

Sus humildes hermanitos

Y sin embargo, allí están comenzar y empezar. Y en determinados contextos podemos utilizar otros verbos. Así, en vez de decir que se inicia una serie de TV, podemos decir que se estrena; no que se inicia la exhibición de una colección de pinturas, más bien que se inaugura, ni que se inician las operaciones de un almacén, sino que abre sus puertas… Y así no sonaríamos tan repetitivos. No pregunte usted cuándo se inició el Universo, sino cuándo surgió. Pero ya ve que insisten en su monotonía y solo hacen una excepción, bastante pintoresca: no dicen/escriben se inició el baratillo porque eso no es muy comercial, sino arrancó el baratillo. Dicho en panameño: algo más raca… pero más explosivo.

No lo dude usted, casi siempre que vea el verbo comenzar o empezar allí donde solía aparecer el verbo iniciar, ha sido generalmente la mano piadosa de algún corrector la que lo ha colocado allí. Y que me perdonen aquellos periodistas, los menos, que sí se toman el trabajo de darle variedad a su expresión escrita.

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