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estrelladepanama.com, Panamá
Martes, 1 de abril del 2008

EL ALCÁZAR DE LA LENGUA: HABLEMOS DE COLORES Y GRAMÁTICA

Cuando hablamos de los colores aplicados a un sistema de televisión, ¿cuál de estas expresiones es la correcta: a color(es), en color(es), de color(es), para color(es), con color(es)? Este es uno de los ejemplos más claros de lo complicado que puede ser el régimen de las preposiciones en español.


La televisión en colores

En color(es) es correcto, y significa que la foto, el televisor, el dibujo o la película reproduce los colores. Por ejemplo: «Es un televisor en color(es)». «Veremos una película en color(es)». «Me gusta la fotografía en color(es)». «He visto tus dibujos en color(es)».

En es la única preposición registrada junto con el sustantivo color(es) para formar, como frase hecha, una locución adjetiva que se refiere a estas artes de imágenes (televisión, cine, dibujo o foto).

Que la locución adverbial con colores se encuentre en el diccionario no quiere decir que sea frase hecha para usarla en referencia al televisor, la película o la foto. V.gr.: No suele decirse «televisor con colores».

Pero si digo «filmaremos una película en colores», lo que quiero significar precisamente es que será hecha con colores. Y aquí es donde «con colores» aparece utilizada.

A todo color

Puedo usar la expresión a todo color. V.gr.: «es una revista a todo color». O «haremos un reportaje a todo color». Pero no debemos usar simplemente a color, pues este no es un uso propio de nuestro idioma.

De colores, como la canción.

De colores existe, pero no para referirlo a la TV, al cine o las fotos, sino para hacer referencia a objetos que son hechos de un material que no es blanco, gris o negro. «Un traje de colores». «Ropa de colores».

En resumidas cuentas, diga televisor (o película, o fotografía) en color(es). No diga de colores, para colores, a colores.

¿El color? ¿La color?

El color es un término normalmente masculino, pero señala Manuel Seco que «el uso del femenino es rústico y también literario». Es normal que veamos esto generalmente referido al rostro y sus estados de ánimo: «la color del semblante» (Emilia Pardo Bazán). El Diccionario pahispánico de dudas dice que «su uso en femenino, normal en el español medieval y clásico, es ajeno hoy a la norma culta y debe evitarse. El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante. Sí es normal su empleo en femenino, en países como Chile o el Ecuador, para designar cierto colorante alimentario: Se fríe la cebolla con la color, y se añade a las lentejas» (Huneeus Cocina [Chile 1989])».

Una fórmula para su uso

Recomiendo tener en cuenta la fórmula [(de) color (de)]. Ello nos permitirá caer en cuenta de que se pueden utilizar cada una de las partículas de esa locución en varias combinaciones para armar una frase. Así, son válidas todas estas construcciones: cabellos de trigo; cabellos color trigo; cabellos de color trigo; cabellos color de trigo; cabellos de color de trigo.

Ubicación sintáctica

En español, el nombre del color puede ir delante o detrás de sustantivo. Ej: el negro carbón, el bolígrafo negro. Pero en el primer caso resalta más bien una cualidad que es propia de la materia a la que se refiere (pues el carbón es negro) o que se le atribuye por antonomasia: la cándida paloma. Casos similares son: la blanca nieve, el rubio trigo. En cambio, usado con posterioridad resalta una cualidad no necesaria (el bolígrafo es negro pero pudiera ser azul o rojo).

Se relacionan con el color el verbo colorear y el menos común colorir (dar color), que incluso es defectivo, e.d., que solo se conjuga en formas que llevan la vocal i en su desinencia.

El color es un elemento del que hay mucho que decir por su importancia para dar una imagen más viva, más plástica, más real, de todo lo que describimos. Por eso ha jugado un gran papel en la novela y, por supuesto, en la poesía.

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