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Estrella de Panamá, Panamá
Martes, 8 de abril del 2008

EL ALCÁZAR DE LA LENGUA: ESTA LENGUA QUE NOS UNE… EN LA DIVERSIDAD

Se ha dicho que el español es la lengua que enlaza a 400 millones de habitantes en 23 países de la tierra y en tres continentes... Bueno, sí, pero no nos lo tomemos tan a pecho. Por esa capacidad que tiene el ser humano de decir las cosas diferentes nada más que unos metros más allá de donde vive su vecino, de continente a continente, de país a país, a veces simplemente de región a región, las palabras van apareciendo diferentes para significar las mismas cosas... y hasta las mismas palabras, para significar cosas diferentes.


Esto sucede porque así como seres humanos que viven unidos definen las mismas cosas con los mismos términos, aprendiendo a comunicarse en forma inteligible para el grupo, y por lo tanto a crear lenguaje, también seres humanos que viven separados crean códigos distintos a los de sus hermanos más lejanos, para decir aquellas cosas que piensan en común o sienten o sueñan.

En realidad, esto más que un problema debe ser una virtud, puesto que descubre una de las formas principales como el español se ha enriquecido y la más legítima, ya que son voces nacidas dentro del idioma y creadas por sus propios hijos.

El caso es que el español, la lengua que nos une y tanto amamos, toma sus matices al contacto con cada realidad y marca el ritmo de nuestra personalidad cultural colectiva. Es el español de México, de Colombia, de Venezuela, de Panamá, de Costa Rica, de España, de Perú…. caray, es simplemente el español.

Veamos algunas de estas palabras que nos parecen decir cosas diversas, pero dicen lo mismo:

El celular: para los americanos no se llama de otro modo al pequeño teléfono moderno que cabe en nuestra mano, los españoles no conciben llamarlo sino el móvil.

El carro le decimos en América al autómóvil. En España es el coche, y por supuesto el coche-bomba. Del coche viene cochera, que para muchos americanos es garaje.

A los americanos les gusta usar la computadora. Pero a los españoles, el ordenador.

Y cuando algo anda mal en América… y sigue mal… y continúa mal… se cae en picada. Pero nuestros hermanos españoles parece que caen diferente, pues lo hacen en picado. No sé si el golpe en masculino es más fuerte.

Algo así le puede suceder a la economía del país: no sé ya si en picado o en picada, pero todos estamos de acuerdo en que caerá… si aumenta el paro (para España); vamos, quise decir el desempleo (para América), ya que los parados españoles pasan los mismos problemas que los desempleados americanos y trabajan en lo mismo… (perdonen la broma, no lo dije para burlarme).

Además, en Panamá, por ejemplo, el paro es otra cosa, es una figura del derecho laboral similar a la huelga, y nadie entenderá paro por desempleo.

Cada cosa tiene su costo para un americano, pero para un español tiene su coste. Y aunque algunos hacen una diferencia de matiz entre ambos términos, en la práctica tal diferencia no existe. El diccionario define coste como: «gasto realizado para la obtención o adquisición de una cosa o servicio», y a la vez la primera acepción de costo es: «cantidad que se da o se paga por algo». O sea, lo mismo. Hace unos años leí que en España había un portal de nombre elcoste.com, que por este motivo se renombró o relanzó para América Latina como elcosto.com

El lenguaje deportivo se las trae, pues en la Península insisten en decir mánager (y hasta el míster) cuando en América se trata del entrenador, el director (según el deporte), o el piloto.

Los peninsulares insisten en decir el espónsor, un nombre nuevo para lo que los americanos han entendido siempre como el patrocinador o auspiciador. Por eso en América no se tiene miedo de patrocinar o auspiciar, aunque algunos españoles prefieran esponsorizar.

Cuando llega Navidad en América se espera que todos canten los villancicos junto al árbol y construyan nacimientos, con las figurillas típicas de estos, que representan a los pastores, reyes, ángeles… Por supuesto, en España construirán belenes.

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