Noticias del español

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| Sergio Valdés Bernal
www.cubarte.cult.cu, Cuba
Jueves, 14 de junio del 2007

EL «AGITANADO» ESPAÑOL DE CUBA

Los estudios históricos y lingüísticos demuestran que los gitanos representan una antigua comunidad étnica que habitaba las regiones de la India occidental desde tiempos muy remotos, o sea, se habían asentado en esta zona mucho antes de la llegada de las tribus indoeuropeas.


Se considera a los domos y chandales, grupos nómadas y seminómadas de la población autóctona de la India central y sur occidental, como los predecesores de los gitanos que, posteriormente, fueron indoeuropeizados. Se considera que el éxodo de los gitanos hacia Europa y Asia debió comenzar en la época de las invasiones de la India por las huestes de Alejandro el Magno (356- 232 a. n. e.), rey de Macedonia, puesto que en la lengua de los gitanos existen muchísimos vocablos de origen griego y, además, todos los gitanos que viven en Asia y Europa cuentan aún en griego, ya vivan en los países árabes, en Europa oriental o en Inglaterra y España. Por tanto, el influjo del griego en el nivel léxico de la lengua de los gitanos se debe a la época de la conquista de la India por los macedonios, y no a un influjo posterior. Por otra parte, desde la India los gitanos emigraron hacia el Asia meridional y, fundamentalmente, hacia Europa hace unos mil años, ya que en su lengua no se registran los cambios que posteriormente ocurrieron en las restantes lenguas de la India central y sudoccidental. Tras la salida de los gitanos de su región etnohistórica, su organización social sufrió grandes cambios, pues desaparecieron las diversas castas, aunque en algunos casos se preserva algo de ellas. Además, la fusión de las diversas tribus durante el éxodo propició el uso de la autodenominación de romo o romaní, como ellos mismos se llaman. La palabra romo equivale a 'ser humano', mientras que llaman guesho, 'gentil', a los no gitanos; la mujer es llamada romni. Otro nombre colectivo utilizado por ellos para identificarse es caló (negro), y llaman parno (blanco) a los no gitanos. Asimismo, pueden llamarse mamish (personas), e identifican como gadsio (extranjero) a los no gitanos. Por último, existe el vocativo sinte (compañero), utilizada únicamente en conversaciones o debates públicos.

Desde la India, los gitanos avanzaron hacia el Cercano Oriente, a través de Mesopotamia, desde donde continuaron su peregrinaje hasta el Asia Menor y los Balcanes entre los siglos XII y XIV. En Europa penetraron por dos vías. Una la propiciaron los ejércitos árabe-bereberes que desembarcaron en el sur de España, tras haber recorrido el norte africano desde Egipto. La otra vía fue abierta por los ejércitos mongoles y turcos que atacaron Hungría y Bohemia a partir del siglo XIII. El primer documento que hace constar la presencia de gitanos en Europa, data del año 1100, y fue escrito por un monje del monasterio de Atos, en Bizancio. En 1417 ya era usual ver sus campamentos en las inmediaciones del Mar del Norte, Hungría y Moravia, y al año siguiente habían incursionado en Suiza y en el país de los grisones. En 1419 se presentaron en Augsburgo, Alemania, y también está documentado que el 18 de julio de 1422 apareció un grupo de gitanos en la ciudad de Bolonia, Italia. Históricamente también está documentada su presencia en París, a partir del 17 de agosto de 1427; mientas que en 1433 penetraron en Baviera y se extendieron por toda Alemania, remontándose hasta Dinamarca y Suecia. Ya a mediados del siglo XV se reporta la presencia de gitanos en España e Inglaterra.

De los países europeos, la tierra española fue una de las que mejor se ajustó a los intereses de los gitanos, al igual que Hungría, Rumania y Bohemia. Originalmente, los gitanos fueron tolerados por los europeos, pero después fueron perseguidos bajo la acusación de paganos, ladrones y hasta de herejes. A finales del siglo XVIII, los gitanos nómadas comenzaron a diferenciarse en nómadas, seminómadas y asentados. Los nómadas preservaron su estructura social tradicional y la antigua forma de subsistencia; los seminómadas y los asentados en parte se adaptaron a la cultura y religiones de los países que habitan. Durante la Segunda Guerra Mundial fueron víctimas del genocidio nacionalsocialista. En la actualidad se calcula que existen aproximadamente 2 millones o más de gitanos, de los cuales el 12,7 % radica en Bulgaria, un 10 % en la porción occidental de la Federación Rusa y un 7,9 % en la República Checa y Eslovaquia. En realidad, los gitanos viven en todos los países de Europa, Asia (fundamentalmente en la India ), África (predominan en Marruecos), América (numerosos en Brasil) y Australia. En líneas generales, en Europa el romaní cuenta con no menos de 14 variantes regionales muy diferentes entre sí debido al influjo de las diversas lenguas imperantes en la región. Así, pues, tenemos las modalidades greco-turca, rumana, húngara, eslavona, polaco-lituana, rusa, finesa, alemana, escandinava, italiana, vasca, española, anglo-escocesa y galesa. Las variantes más afectadas son la española, inglesa y escocesa; las más pura son la greco-turca y la húngara. Los usuarios de estas modalidades regionales encuentran dificultades para comunicarse entre sí no solo debido a la diversidad del léxico de cada uno de estos dialectos, sino a sus diferentes estructuras gramaticales que poseen debido al contacto con las lenguas europeas locales.

En cuanto a la lengua de los gitanos españoles, esta es conocida por caló, zincaló o romanó. Utiliza el mismo alfabeto, ortografía y demás estructuras gramaticales del castellano. Sin embargo, existen marcadas diferencias en los artículos (or, o masc sing, os, ler masc. plu. ; a fem. sing., as, ar fem. plu.); en caló no existe el artículo neutro del español lo , que es sustituido por el masculino (o baró, lo grande, or amaró, lo nuestro); en caló no hay adjetivos comparativos, superlativos ni aumentativos, por lo que los comparativos se forman con el adverbio bus o buter ( lachó, bueno > bus lachó, mejor; chorrí, malo > buter o bus chorrí, peor) y los superlativos con el adverbio but (muy) antes del adjetivo o el adverbio baritú (mucho) tras este ( but lachó o lachó baritú, buenísimo); los numerales ( yeque —uno—, dui —dos—, yesdeque —once—, duideque —doce—, entre otros), y los ordinales ( brotobo —primero—, chúsquero —segundo—, etc.), asi como el pronombre en calo (menda, man —yo—, tcue, tute, tue —tú—, amangue o mu —nosotros—, sangue —ustedes—, etc.) han mantenido su forma original indostana. Sin embargo, al igual que en español, los sustantivos forman el plural con s ( dai, madre > dais, madres; nao, hombre > naos, hombres); los plurales de los adjetivos terminan exactamente como los de los sustantivos. Por otra parte, el verbo se conjuga por completo según la forma castellana en todos los modos, tiempos, números y personas, aunque solamente ha adoptado la primera conjugación: —ar. A modo de ejemplo, reproducimos las siguientes oraciones en caló: ¿Chamuya ostré or caló? (¿Habla usted el caló?); Manque pesgibaría trjequenarlo e chamuyarlo mistó (Me gustaría aprenderlo y hablarlo bien).

Por último, es menester recordar que el caló preserva un rico fondo léxico de origen indostano, el que se ha enriquecido en España con numerosos vocablos procedentes del castellano, así como de otras lenguas con las que los gitanos entraron en contacto en su largo peregrinaje hasta asentarse en la Península Ibérica. Por eso, en el gitano de España hallaremos voces como pusca (pistola, rifle), garlo (cuello) y kralis (rey), procedentes de lenguas eslavas; drom (camino), del griego; papira (carta) , de latín; sage (astuto), del francés; picol (pequeño), del italiano , entre muchos otros ejemplos.

Si el castellano ha influido considerablemente en la evolución del chips calli , como también es denominada la lengua de los gitanos en España, el zincalé, romanó o caló ha dejado su huella en el español peninsular, del que pasaron al español hablado en Cuba no pocos vocablos. Deseamos dejar bien aclarado que el caló no es un lenguaje utilizado únicamente por el bajo mundo español, que no se trata de la germanía o de una jerga delincuencial de la cual han pasado al español no pocas voces. F. de Sales (1869: 77) destaca que «Las voces de germanía nunca fueron gitanas; antes por el contrario, las pocas que lo son las tomaron del caló los rufianes de la época de Quevedo, en aquellos tiempos en que la raza perseguida de los gitanos ocuparon con tanta frecuencia los mismos calabozos que la gente rufianesca de sangre blanca». Por otra parte, J. Tineo (1900: 26) explica que «…como el valenciano y el catalán se derivan de la madre lengua española, y, a su vez, de la griega y latina, así se deriva él [el caló] de los dieciocho dialectos índicos, que reconocen su origen lingüístico en el Sánscrito y en el Zend». Dada la importancia filológica de la lengua gitana —una de las más antiguas de la humanidad, anterior a la griega y latina, emparentada con el sánscrito— y a una posición social que la lengua gitana llegó a tener, no es extraño que a su estudio hayan dedicado tiempo hombres ilustres, y hasta que haya llegado a las cumbres de la literatura, como ocurrió en Francia en el siglo XIX.

Como correctamente señala O. Morales (1929: 36), la presencia de numerosos gitanismos en el español de Cuba no puede atribuirse a la inmigración de gitanos, ya que fueron escasísimos los inmigrantes de esa procedencia que arribaron a nuestro país. En la mayoría de los casos, su estadía en Cuba era breve y tan inusual, que llamaba la atención y era objeto de interés por la prensa. F. Martínez (1975: 114-116) nos explica que «El gitano ha sido ave de paso, circunstancial y mínimo, por las tierras cubanas. No puede decirse que lo fuera en abundancia en algunas tierras de Latinoamérica. Parece ser que donde más áncora y raíz ha logrado echar es en Brasil». Nuestras pesquisas en la prensa plana y en los estudios demográficos y de carácter sociohistórico y económico, no demuestran lo contrario, sino más bien apoyan la realidad de que los sumamente escasos gitanos que llegaron a asentarse en Cuba, eran, en su casi totalidad, de origen extrapeninsular. Por tanto, no cabe la menor duda de que la procedencia de voces gitanas en el español de Cuba se debe únicamente a la inmigración española. Y esto no debe extrañarnos, pues C. Claverías (1951: 49) destaca que «El lenguaje coloquial de los españoles todos, desde las conversaciones más anodinas, hasta las que recogen las formas más nobles de la literatura, pueden ofrecer huellas del influjo gitano sobre el vocabulario español». Pero, además, la España meridional, principalmente las tierras andaluzas, fue la zona de mayor asentamiento y arraigo de los gitanos, y precisamente allí fue donde el gusto por lo gitano propició la asimilación de numerosas voces del caló. Y como desde la Andalucía occidental se organizaron todas las empresas de conquista de Canarias y de gran parte de las de América, no es de extrañar que andaluces y canarios esparcieran por el Nuevo Mundo los gitanismos.

El español hablado en Cuba, como es de esperar, no pudo escapar a este influjo «agitanador», por lo que en el habla coloquial popular —y más en la vulgar y la delincuencial— de nuestro país son numerosos los gitanismos. Como ejemplo de ello, a continuación relacionamos los siguientes: acurdar (emborrachar), achuntar (avasallar), acharés (celos), andoba (fulano), baré o barín (bueno), belén (amor), berri o berro (cólera, disgusto), birlar (robar), bisnar (vender), bureo (paseo, entretenimiento o diversión), chori (ladrón), de butén (de maravilla, de primera), caló (por extensión, se aplicó este nombre a cualquier jerga, como se evidencia en el artículo de Felipe Pichardo Moya, «Sobre el caló estudiantil», publicado en 1914, en el cual no aparece ni una sola palabra de origen gitano), camelar (engañar), chalao (loco), chaladura (locura), chamullar (hablar, conversar), chamullo (conversación), changüi (broma, engaño), chapatalear (nadar), chiva (soplón, delator), chola (cabeza), chota (soplón), chunga (broma), chusma (muchedumbre vulgar, hoy se utiliza como calificativo peyorativo aplicado a las personas sin educación y sumamente bulliciosas), coba (halago, adulación), cumbila (compañero, amigo), cuna (gente de barrio, gentuza), curda (embriaguez, borrachera), espichar (morir), furnia (cueva), garito (casa de juego), guillarse (hacerse pasar por algo distinto de lo que se es, hacerse el tonto), jamar (comer), jarana (broma), jeta (cara), jindama (miedo, cobardía), jiña (excremento), jiñar (defecar), jiribilla (salero, gracia; actualmente la utilizamos en la expresión Ser una jiribilla , aplicada a las personas inquietas, principalmente niños se deriva de jiribí, astucia, sagacidad), mangar (engañar), maguindó (holgazán), mangue (equivale al pronombre personal me, mi ), menda (yo), pargo (homosexual), pirabear (fornicar), pirar (marcharse, irse), postín (rango, importancia), prajo (cigarro), puro,ra (padre, madre), sandunga (donaire, garbo), sornar (dormir).

En fin, como hemos podido observar, en Cuba se preserva toda una serie de gitanismos de uso cotidiano en el habla coloquial no culta, aunque algunas voces, como garito y furnia, se han asentado en el habla culta de todos los hablantes de la lengua española a ambos lados del Atlántico.

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