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| Agencia EFE

Edición póstuma de una serie de estudios del académico y lingüista Emilio Alarcos

La estela de un «secreto poeta» y de un crítico literario «de primer orden», en la persona del fallecido académico y lingüista Emilio Alarcos (1922-1998), puede apreciarse en una serie de estudios sobre poesía contemporánea por él firmados entre 1950 y 2006, y ahora reunidos en una edición póstuma.

Dámaso Alonso y Jorge Guillén, de la Generación del 27, y José Hierro y Ángel González, entre sus coetáneos, figuran entre los autores analizados por Alarcos dentro de esa recopilación, parcialmente inédita, que el profesor José Luis García Martín acaba de publicar con el título de Eternidad en vilo (Cátedra).

«Se sabía que era un gran lingüista y un analista literario de primer orden, en la línea de autores que también fueron críticos como Pedro Salinas, Dámaso Alonso y Luis Cernuda, pero lo que pocos suponían es que también era poeta», ha explicado a Efe García Martín, profesor de Literatura en la Universidad de Oviedo.

Esa vena creativa de Emilio Alarcos, que el propio García Martín descubrió al gran público con la antología póstuma Mester de Poesía. 1949-1993, publicada en el 2006, «se percibe dentro de sus críticas, en apariencia asépticas pero donde pronto se ve su capacidad de estudiar desapasionadamente a otros autores», ha señalado.

«Fue un gran crítico porque fue un gran poeta», ha añadido acerca de la figura de Alarcos, nacido en Salamanca en 1922 y fallecido en 1998 en la capital del Principado después de casi cuatro décadas de magisterio en la cátedra de Gramática Histórica de la Universidad de Oviedo, pese a lo cual su obra «sigue vigente, viva y actual».

El legado de ese filólogo, discípulo de Dámaso Alonso y autor de la Gramática de la lengua española (1994), «ha superado incluso el desinterés que suele sobrevenir después de los homenajes» propios de los fallecimientos, ha advertido el profesor García Martín, responsable de diversas ediciones póstumas de Alarcos.

Como autor poético «fue curioso, muy personal y de su tiempo» ya que admiró a Miguel de Unamuno, Dámaso Alonso, Blas de Otero —al que dedicó un ensayo en 1997— y por encima de todos a Jorge Guillén, uno de cuyos versos («…eternidad en vilo»), encabeza esta recopilación de lecciones magistrales, conferencias, laudatios y discursos que el lector común no conocía al haberse editado por vías no comerciales.

«Era muy trabajador pero muy disciplicente. No se preocupó en exceso, como otros, por ordenar y reunir sus trabajos dispersos, sus colaboraciones en revistas e intervenciones en congresos u homenajes, excepto su poesía, que años antes de morir dejó inédita en un ordenador», ha desvelado el profesor García Martín.

Eternidad en vilo consta de una veintena de críticas y análisis, filológicos y estéticos, dedicados a Dámaso Alonso y sus Hijos de la ira (1944) —que supuso una de las primeras rupturas estéticas en la poesía española de posguerra—, así como al lenguaje poético de Jorge Guillén, su autor predilecto.

De Gerardo Diego, el primer poeta que Alarcos conoció, le interesó su dimensión ‘creacionista’, analizó también el origen y la evolución de la Generación del 50 y se detuvo en la obra de José Agustín Goytisolo, Ángel González y José Hierro.

El profesor García Martín, también poeta, escritor y director de la revista Clarín, ha anunciado una segunda edición ampliada de Eternidad en vilo, que acaba de editar Cátedra dentro de su colección dedicada a crítica y estudios literarios.

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