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| Amando de Miguel
Libertad Digital, Madrid (España)
Martes, 17 de octubre del 2006

DUDAS MIL

Julio José Alonso Bravo tercia en la polémica sobre el cartel «prohibida la venta de tabaco a menores» o «prohibida la compra de tabaco a menores». Don Julio José propone «prohibido el consumo de tabaco a menores». La propuesta es ingeniosa, pero tiene algunas pegas. La primera es que, si ya resulta difícil controlar la venta, es imposible fiscalizar el consumo. Por otra parte, sospecho que la prohibición de consumir cualquier sustancia de modo general ronda la conculcación de los derechos constitucionales.


Lorenzo Martínez vuelve sobre una polémica aquí sostenida: «Dice usted en su artículo que frente a la frase he cenado de fruta la alternativa sería pesada: he cenado a base de frutas o la cena ha consistido fundamentalmente en frutas. Creo que la alternativa más lógica y económica es he cenado fruta». No me hace muy feliz esa propuesta. Si digo «he cenado fruta» doy a entender que ese es el único plato que he tomado. Pero ¿cómo transmitir que mi cena ha consistido fundamentalmente en fruta, aunque haya sido acompañada de algún otro alimento? Se requiere una frase breve. Quizá lo de «he cenado de fruta», que sugería un libertario, sea un catalanismo, pero cumple la condición de la brevedad. Necesito alguna opinión más.

Luis Lebredo (Redlands, Californa, USA) no tiene dudas al respecto: «Con decir he cenado fruta es bastante. La economía de palabras es virtud del habla que no debemos desechar. Por otra parte, fruta hace el oficio de objeto y, por tanto, no debe ir precedido de preposición». Sigo en mis trece. No es lo mismo tomar solo fruta para cenar que tomar fruta y algo más. En el último caso ¿cómo se diría?

El pulquérrimo José Mª Navia-Osorio se extraña de que yo abomine la locución «a base de». Don José María recurre a ella con frecuencia y le suena tan bonitamente. Bien, es cuestión de gustos. El Diccionario panhispánico de dudas admite el «a base de» sin mayores escrúpulos. Así que esté usted tranquilo, don José María. Con todo, déjeme invocar la sensibilidad de María Moliner. Opina la ilustre lexicógrafa que la locución a base de «hace desconfiar de su legitimidad a un oído exigente». Doña María prefiere decir sobre la base de. En cambio, la locución a base de bien a doña María le parece «francamente malsonante. Mi impresión es que esa expresión se impone, como otras del lenguaje coloquial (y en este plan, o sea) porque algunos escritores casticistas, como Francisco Umbral, les han dado un marchamo culto. Sin embargo, no dejan de ser vulgarismos. En definitiva, como digo, la cosa va en gustos.

Mª Carmen Cías Díez encontró este letrero en un baño de un hospital: «Por favor, tener cuidado…» Alguien lo corrigió: «Por favor, tened cuidado…» Doña Mª Carmen me pregunta cuál de las dos formas es la correcta. Francamente, la más correcta sería: «Por favor, tengan cuidado…». No hay por qué tutear de entrada a un público indiferenciado. La fórmula «tener cuidado» no me parece mal en el lenguaje hablado, pero canta un poco en el escrito.

Fernando Rodríguez Díaz me plantea si se debe decir delineante o deliniante. No hay duda. La primera forma es la correcta.

Ana Isabel Sánchez Buelga (venezolana en Alemania) tiene la duda de cuándo y por qué estableció la Real Academia que los días de la semana y los meses del año deben escribirse con minúscula. Ignoro cuándo fue la fecha en la que se decretó esa norma, pero sí sé que muchas veces no se cumple. Esa vacilación tiene algún sentido. Si escribimos con mayúscula los puntos cardinales, los nombres de las galaxias, las constelaciones y los signos del zodíaco, no se entiende bien por qué no se guarda esa cortesía con los días de la semana o los meses del año. Después de todo, esas denominaciones se derivan de algunas deidades clásicas. El principio general es que se escriben con mayúscula inicial las palabras que se refieren a personas físicas, jurídicas o simbólicas.

Macario P.C. (Valladolid) tiene la duda de si se dice «Trastámara» o «Trastamara». Cuando yo era chico, la dinastía castellana se decía Trastamara, pero es esdrújula. La dinastía fue instaurada por Enrique II de Castilla, hijo bastardo de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán. Fue prohijado por Rodrigo Álvarez, conde de Trastámara. De ahí le vino el nombre a la dinastía.

José D. Díaz comenta: «Veo todos los días en los periódicos que al final de la frase entrecomillada ponen el punto final de frase (o la coma) dentro de las comillas. Entiendo que lo correcto sería ponerlo fuera de las mismas, y quisiera que me despejara esa duda». Pues despejada está. El punto debe ir fuera de las comillas.

María de la O Olmedo Babé, española, vive en Alemania y tiene un novio alemán que habla español muy bien. Pero expresan los dos una duda. ¿Cómo se dice «me voy a trabajar» o «voy a trabajar»? La verdad es que ese «me» es un tanto inútil aunque cumple funciones expresivas. Se ven mejor en el ejemplo clásico de la madre que se queja: «Este hijo mío no me come nada». Bastaría decir «El hijo no come», pero es evidente que la primera formulación es mucho más expresiva. La expresividad es el afecto introducido en el lenguaje. No es lo mismo «trabajo todo el día» que «me paso trabajando todo el santo día». Reconozcámoslo: el español es un idioma barroco.

Ángel Pérez me plantea la duda que se suscita al tener que referirse a un día futuro próximo. El ejemplo es: Si estamos a jueves 21 de septiembre, ¿«el domingo que viene» se refiere al día 24 de septiembre o al 1 de octubre»? Reconozco que la confusión existe y no está resuelta. Me inclino por la solución más sencilla. El «domingo que viene» no es «el domingo de la semana que viene» sino «el domingo más próximo al día en el que estamos». No obstante, admito argumentos en contra. Esto del lenguaje no es una ciencia exacta.

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