Noticias del español

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| Lucila Castro
Lanacion.com (Argentina)
Lunes, 29 de diciembre del 2008

¿DÓNDE ESTÁ LA DISYUNTIVA?

«Leo en el editorial «Anteojos con autógrafo», del día 16: «... la funda de los anteojos se transformó en un artículo 'de campaña' y en un 'cotillón proselitista' que pone a los padres en la disyuntiva de recibir un beneficio que necesitan sus hijos y que no está al alcance de sus posibilidades y hace propaganda en favor de la persona que administra el municipio».


No alcanzo a ver a qué disyuntiva se refiere el redactor, ya que no hay opciones expresadas. Buscando la definición de disyuntiva, encuentro en el Diccionario de la Real Academia Española: 'Alternativa entre dos cosas, por una de las cuales hay que optar'. Y acá, alternativa, ¡ni una!», escribe el ingeniero Edwin Kaswalder.

Tiene razón el lector. Muchas veces, los redactores escriben siguiendo la línea de su pensamiento y no de lo que está escrito. Evidentemente, la otra opción era que los padres privaran a sus hijos de ese beneficio que necesitaban, pero eso no está dicho. Una disyuntiva se expresa mediante la conjunción o , que se llama, precisamente, conjunción disyuntiva.

Mejor el cerebro

Consulta Guillermo Hansen:

«Su columna del 15, sobre los plurales de arco iris y arcoíris, me recuerda una duda referida a la palabra media luna. Según su nota, entiendo que si se escribe como dos palabras, el plural es medias lunas, y si se escribe en una sola palabra, es medialunas (incidentalmente, el corrector ortográfico automático de Gmail me indica que la palabra medialunas es incorrecta, y sugiere reemplazarla por media lunas). ¿Es así?»

El razonamiento del lector es correcto: media luna no es una palabra, sino una construcción, formada por un sustantivo modificado por un adjetivo. El adjetivo concuerda con el sustantivo en género y número, por lo que en plural esa construcción debe ser medias lunas. Pero el bollo en forma de media luna se llama medialuna, que sí es una palabra, y hoy en día, en las palabras compuestas de sustantivo y adjetivo, el plural se forma agregando al final el sufijo correspondiente: medialunas.

Los correctores automáticos son engendros diabólicos en los que no hay que confiar. No solo pueden estar alimentados con información errónea, como en el caso que menciona el lector, sino que, aun con datos correctos, no son capaces de razonar como el cerebro humano y pueden rechazar lo que está bien y no advertir errores graves.

Acciones sin actor

«Tengo una duda sobre una expresión que suele encontrarse en carteles que anuncian la venta de algún producto. Son comunes en el campo. Por ejemplo, "Se venden pollos". ¿Es correcta o debe decirse: "Se vende pollos"?», pregunta Guillermo Hansen.

La construcción correcta es «Se venden pollos», porque no es impersonal, sino pasiva. Es la llamada pasiva con se, refleja o cuasirrefleja. En esta construcción, «pollos» es el sujeto y por eso el verbo concuerda en plural.

La pasiva con se debe distinguirse de la impersonal con se. La construcción impersonal se da con verbos intransitivos, que, lógicamente, por no tener objeto directo en la voz activa no pueden tener sujeto paciente en la pasiva. En la impersonal, el verbo va siempre en tercera persona del singular. Por ejemplo, «En este país se vive bien».

Cuando el verbo es transitivo, se usa la pasiva con se: el verbo va en tercera persona de la voz activa, pero concuerda en singular o plural con el sujeto paciente. Por ejemplo, «Se vende un pollo»; «Se venden pollos».

Pero si al verbo transitivo le corresponde un objeto directo con preposición o en la forma de un pronombre átono, se construye una impersonal con objeto directo. Por ejemplo, «Se los ve cansados»; «Se extraña a los viejos maestros». En estos casos, el verbo debe ir en singular: sería un error hacerlo concordar con el objeto directo porque sería mezclar las dos construcciones.

Estas construcciones permiten expresar una acción sin indicar quién es el actor: la impersonal, porque es una voz activa sin sujeto, y la pasiva con se, porque no lleva agente.

Portugués

Escribe José Bernades:

«Hace algunos días, en ese prestigioso diario apareció una nota relacionada con las escuelas de samba del Carnaval de Río de Janeiro y el redactor, en un alarde de supuesta sabiduría, escribió varias veces *"scola de samba". En realidad, lo correcto es "escola de samba". Entiendo que un redactor, si no está seguro de algo, no tiene necesidad de incurrir en un craso error.

«Por otra parte, en la sección Deportiva, algunos redactores para referirse a algo brasileño escriben "verde-amarelho", cuando lo correcto es "verde amarelo". La confusión posiblemente se origine en el hecho de que la palabra vermelho, que significa 'rojo', sí se escribe con lh, pero se pronuncia diferente de amarelo.»

En el mismo sentido escribe Emilio Cwaigenberg, que además observa que no debe decirse *escola do samba, sino escola de samba, pues do es la contracción de la preposición de con el artículo o , y en este caso corresponde usar el sustantivo sin artículo.

El pelo en la sopa

«Al leer la nota "¿Racista yo?", de Umberto Eco, publicada el sábado 6, advierto el uso de la palabra denigratorias como sinónimo de degradantes u ofensivas (ignoro la palabra que usó Eco en el idioma en que escribió la nota, que fue traducida al español para publicarla en el diario). La palabra denigratorio quiere decir 'de negros' y nada más. Sin embargo, se la usa para calificar de despreciable o degradante con tintes de ofensa. Invito a todos a dejar de usarla y buscar otras más representativas de lo que se pretende comunicar. En el contexto de la nota de Umberto Eco, resulta cuando menos paradójico el uso de la palabra denigratorio, porque traiciona el espíritu de lo que se pretende comunicar. Este es un ejemplo de cómo nos condiciona el lenguaje en el pensar y en el actuar», escribe Nicolás Pérez de Arenaza.

El adjetivo denigratorio significa, en efecto, 'ofensivo' o 'agraviante' y se remonta al adjetivo latino niger, nigra, nigrum (que significa 'negro'), pero no significa 'de negros' ni hace ninguna referencia al color de la piel de una persona. Proviene, como es evidente, del verbo denigrar (en latín, denigrare), que etimológicamente, en sentido material, significa simplemente 'ennegrecer, poner totalmente negro', y de ahí 'manchar'. Ya en latín hay algún ejemplo, muy raro, de este ?manchar´ en el sentido figurado de 'manchar la reputación de alguien', que es el sentido que tiene el verbo en español y el que ha pasado al adjetivo derivado.

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