Noticias del español

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| Jesús Hernández Cuéllar, director y editor de Contacto Magazine
www.contactomagazine.com, Los Angeles, California
Sábado, 3 de octubre del 2009

DISPARATES AL HABLAR ESPAÑOL EN ESTADOS UNIDOS

Cierto, 47 millones de personas de origen hispano viven en Estados Unidos. La inmensa mayoría de ellas habla español, inclusive fuera de su casa. No todos, sin embargo, lo hablan bien. ¿Por qué? Esa millonada de latinos está constantemente bajo la influencia del inglés y del spanglish, que es, este último, una mezcla desafortunada pero decente de estos dos idiomas.


Se suele dividir a los hispanos en muchas categorías, una de ellas es la generación a la que pertenecen. Correcto. Hay jóvenes hispanos nacidos en Estados Unidos o que arribaron a este país cuando eran muy pequeños. Este grupo se educó aquí, en inglés, y por tanto es lógico que su español sea limitado porque su primer idioma es la lengua de Shakespeare, no la de Cervantes. Esa generación y su español no cuentan para lo que vamos a hablar. El caos está, aunque parezca increíble, dentro de la comunidad que utiliza el español como primer idioma.

Si usted es hispano y vive en este país, seguramente alguien ha tratado de venderle alguna vez una «aseguranza». Los que no viven aquí se preguntarán qué significa eso, ¿se come?, ¿se huele? Pues no, para algunos latinos esa palabra es un enfermizo sustituto de «seguro», ya sea seguro médico, seguro de auto, seguro de vida o cualquier otro seguro. Vemos y escuchamos el término «aseguranza» inclusive en anuncios comerciales que se divulgan a través de medios de comunicación en español. «Aseguranza» no es siquiera un anglicismo, desde mi punto de vista, es simplemente un barbarismo derivado de la palabra inglesa insurance. ¿Quién inventó este barbarismo? Estoy casi seguro de esto: fue la misma persona que inventó la palabra «troca», para referirse a una camioneta. ¿Cómo pudo alguien crear la palabra «troca»? Pienso que es otro barbarismo, por lo menos hasta que la Real Academia Española acuñe la definición de salvajismo, para determinar un grado mayor de delito lingüístico. «Troca» viene del inglés truck, que significa camión o camioneta.

Comparto la idea de muchos amigos que trabajan en el mundo de la comunicación social de que la lengua es una herramienta viva y cambiante. Por supuesto, pero no al punto del «relajo», del «cachondeo» que coloca a Octavio Paz y a Jorge Luis Borges en el mismo nivel en el que se encuentra el que inventó la «troca».

Comprendo, claro que comprendo. Desde que se popularizaron cierto vocablos vinculados a las nuevas tecnologías, es decir, a las computadoras, a los programas que se usan en ellas, a Internet, a las redes sociales y a los teléfonos móviles, ha nacido un rosario de traducciones disparatadas que apenas constituyen un remedo del inglés. Estoy hablando de «chatear», «textear», «postear», y «entubar», en este último caso, un video digital. Repito, comprendo. Pero eso es producto del surgimiento de un nuevo lenguaje para todo el mundo. Las palabras «seguro» y «camioneta», no. Esas dos palabras y tantas otras, han estado ahí por más de un siglo.

Por ejemplo, mucha gente nos dice que va a «figurar» la distancia que hay entre dos puntos. Si desde tiempos inmemoriales tenemos a mano el vocablo «calcular», ¿por qué desfigurar el verbo apropiado? Pues sí, a desfigurarlo. Muchos dicen «figurar» porque viene del inglés figure out.

La popular frase, dicha en spanglish de generación en generación, open the window pa'que la mosca flies (abre la ventana para que se vaya la mosca), es más respetable. Si la analizamos, no hay ninguna desfiguración. Es una simple combinación del inglés y el español. Pero todo lo referente al inglés está en inglés, y todo lo referente al español está en español.

En fin, no voy a atormentar a la audiencia con este tema tan fascinante y figurante dentro de la comunidad hispana de Estados Unidos. Mejor «cuiteo», que a propósito es una frase que se usa mucho para decir, «dejo esto», «abandono el rollo». Antes de despedirme…, viene del inglés quit y se usa inclusive para advertir que se debe dejar el hábito de fumar, quit smoking…, y dicho sea de paso, smoking no tiene relación alguna con el traje de etiqueta. Sólo quiere decir, fumar, echar humo. Y así me voy, echando humo. Cuarenta años enriqueciendo mi español para que venga alguien a venderme una «aseguranza», a comprarme una «troca», a «figurar» la edad que tengo, a «postear» uno de mis artículos en su blog personal sin mi permiso, a preguntarme a estas alturas que cuándo voy a «cuitear» el único vicio que puedo, por lo menos, confesar en público.

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