Noticias del español

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| Plutarco Naranjo
Diario El Universo (Guayaquil, Ecuador)
Jueves 2 de febrero del 2006

DICCIONARIOS DE DUDAS

Más de cuatrocientos millones de habitantes hablan, en la actualidad, la lengua española. Esta población se encuentra distribuida, en primer lugar, en los países de las tres Américas y en segundo lugar, en España.


El hecho de que tantos millones de personas y en tantos países hablen el español ha dado por resultado no solo que se utilicen innumerables nacionalismos o regionalismos, sino que en los hispanohablantes que tratan de hablar y escribir, en lo posible, correctamente surjan muchas dudas y dificultades que no pueden ser resueltas por el diccionario de la lengua española, publicado por la Real Academia Española.

Si a estas circunstancias se agrega el enorme número de palabras que surgen de la ciencia y tecnología, por los nuevos descubrimientos y sobre todo, inventos que implican acuñar nuevos nombres, nuevos adjetivos, se comprenderá la necesidad que existía de preparar diccionarios especializados en esta materia.

En México, a comienzos de este año, circuló el Diccionario de dificultades de la lengua española, elaborado y editado por la Editorial Santillana. Hace pocos días, en cambio, en Quito y bajo auspicios de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, la Embajada de España y Santillana, se presentó el Diccionario panhispánico de dudas, en elegante y bien cuidada edición. Es un fruto de un trabajo colectivo entre la Real Academia de la Lengua y las 22 academias asociadas. La ecuatoriana, históricamente es la segunda fundada en América. Un crecido número de especialistas ha llevado a cabo, a lo largo de más de tres años, el arduo trabajo de seleccionar las más frecuentes dudas en los diferentes países. El propósito de fondo es que los hispanohablantes tengan un instrumento apropiado para salir de dudas y dificultades idiomáticas y el tratar de mantener la indispensable unidad de la lengua en tan vastos territorios y con poblaciones bastantes dispersas.

El excelente Diccionario de la Academia, aunque en la introducción se expresa que no está dedicado a los especialistas sino al común de las gentes, es extenso y minucioso. El Diccionario Santillana (edición mexicana) es más resumido y sencillo. Por ejemplo, en este Diccionario, las dudas y usos correctos o incorrectos de la letra «a», se desenvuelven en 210 palabras; el de la Real Academia, en cerca de 5.000. Desde luego, el de la Academia abarca más variados aspectos.

En nuestro país la proliferación de radiodifusores ha dado lugar a que, en muchas de ellas, trabajen como locutores personas que conocen poco el correcto uso del lenguaje y lo más grave es que estos medios de comunicación social son los que llegan al mayor número de personas que repiten los mismos errores. Desde luego, el mal uso no está solo a este nivel. Está también, lamentablemente, aunque en menor proporción, en los altos niveles del Legislativo y el Ejecutivo. Qué bueno sería que los textos que se producen en estas alturas fueran revisados por buenos correctores y cuánto bien haría el uso del nuevo diccionario.

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