Noticias del español

| |

| Soledad Jarquín Edgar
www.e-oaxaca.net, México
Jueves, 8 de marzo del 2007

DIÁLOGOS COTIDIANOS

«Supina o supino es sinónimo de necio, estólido (falto de razón y discurso). Ignorancia supina es la que procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse».


Eso dice el diccionario de la Real Academia Española de la lengua sobre el tema y queda claro. Confundir la conmemoración del Día Internacional de la Mujer con una celebración es parte de esa ignorancia supina, una necedad, que lleva, principalmente a los políticos y funcionarios públicos, a mandar felicitaciones y flores a las mujeres cada 8 de marzo.

Se trata de funcionarios «queda bien», generalmente los que menos cumplen con esas demandas que plantea, desde su gestación a finales del siglo XIX, la conmemoración de lo que hoy es el Día Internacional de la Mujer.

Me explica con entusiasmo mi amiga Sara Lovera, periodista y feminista después de buscar con denodado afán en el diccionario cómo llamar a quienes siguen «choteando» —dice— la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Coincido con ella y le digo que quizá lo que hace falta es difundir el sentido real de esta conmemoración, que en 1975 estableció la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, pero que detrás tiene una gran cantidad de esfuerzos y luchas de mujeres organizadas, principalmente obreras, que demandaron el reconocimiento de sus derechos laborales, lucha a la que habrían de sumarse las sufragistas demandando el derecho a votar y ser votadas y más tarde por la demanda a la libertad del cuerpo.

Muy entusiasmada, Sara me cuenta y recuerda la travesía de las mujeres para llegar a esto que se conmemora, una fecha emblemática, la única para reflexionar a fondo sobre la condición de todas las mujeres del mundo, es decir, apunta insistente de más de la mitad del mundo.

A veces cuando la escucho, se me hiela la sangre, pues las cosas en este país son dramáticas y el recuento de lo que las mujeres somos y cómo es que somos, es bastante abrumadora.

Las cifras de esa realidad se pueden contar en Oaxaca. Por ejemplo, de las personas analfabetas, siete de cada 10 son mujeres; aún en la iniciativa privada siguen pidiendo el examen de gravidez o no embarazo como condición para otorgar un empleo. Las mujeres —se sabe— ganan 30 % menos que los hombres haciendo lo mismo. Una más: cada año y, desde hace más de una década, 70 mujeres mueren por cuestiones relacionadas a la maternidad. En violencia, se ubica a Oaxaca en el cuarto lugar entre las entidades con más altas tasas de asesinatos contra mujeres, según la propia ONU.

Sara me mira seria, luego me hace el recuento del país, donde la violencia está instalada y donde asegura hay una indignante realidad. Recordó el caso de las mujeres violadas en Coahuila por elementos del Ejército mexicano, los mismos que están para salvaguardar a la nación y se indigna más con el caso más reciente, el de una indígena de 73 años de edad de la sierra de Zongolica en Veracruz, que murió apenas hace unos días como resultado de una violación ¿de quién? Posiblemente de otro grupo de soldados o paramilitares y, en esa vergonzante historia, hay otros nueve casos conocidos en apenas poco más de una década, dice.

Ella como buena periodista, pero más como mujer preocupada por la condición social de todas las mujeres, sostiene que esa es la realidad en México y eso es lo que no tendríamos que estar contando, claro, sí en este país las mujeres pudiéramos acceder a esos derechos de manera real.

Sara es contundente cuando sostiene que este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tenemos que pensar que se va a tocar fondo y necesitamos otro pacto social, uno en que las mujeres dejemos de ser cosas para convertirnos en personas, en sujetos de derechos humanos.

La ignorancia supina sobre la situación de las mujeres es tal, que muchas personas creen que reflexionar sobre dónde y cómo estamos las mujeres es cosa del pasado. Como Jorge, un empleado gubernamental, que un día me dijo muy apurado que eso del feminismo era un asunto trasnochado. Ahora que lo pienso, Jorge es el trasnochado. La realidad es otra y está a la vista, pero la necedad de la que habla esta ignorancia supina, les impide ver las cosas como son.

La historia del 8 de marzo está cruzada por situaciones y hechos que muestran un escenario más complejo. Es una larga historia que inicia quizá a mitad del siglo XIX, cuando obreras de la Lower East Side de Nueva York piden una jornada de 10 horas y de ahí a otra y otro punto del mundo, son muchas las jornadas que precedieron a lo que sería el establecimiento «oficial» de esta conmemoración.

Entonces el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer es, como dice Sara, una fecha emblemática que reúne la vieja lucha igualitaria por los derechos políticos y sociales de las mujeres y el reconocimiento de esos derechos, subliminales, privados, de la vida cotidiana que han dado en llamarse simbólicos y culturales. Los derechos de la diferencia.

Vamos a reflexionar, ojalá que muchos días, sobre esos derechos de las mujeres aún pendientes, por su materialización para que ninguna mujer tenga que morir por ser mujer, vivir discriminada por ser mujer o tenga que enfrentar la violencia sexual. Las mujeres existimos y tenemos derechos, esa es una realidad a medias, una realidad que tenemos que concretar ya.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: