Noticias del español

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| Esperanza Dávila Sota
Vanguardia (México)
Domingo, 7 de enero del 2007

DESDE MI BARRIO: EL HABLA DE LOS JÓVENES

Antes que nada, vayan para quienes leen esta colaboración mis más sinceros deseos de éxito y bienestar para este nuevo año. Después de las vacaciones y el trajinar que traen consigo las fiestas de la Navidad y fin de año, volvemos casi siempre con renovado vigor a las tareas cotidianas. Así, volvemos a ocupar este espacio que generosamente nos brinda Vanguardia para comunicarnos y compartir opinión y cosas del pasado y el presente relacionadas con nuestra ciudad de Saltillo.


El fin de semana pasado tuve a mis nietos en casa. Diego, un niño que tiene apenas 10 años y unos ojos color de cielo, se empeñaba en bajar de Internet algunos videos de música que le interesaban y me ofrecí a ayudarle. Mi sorpresa fue mayúscula cuando encontramos el video musical en el que Alejandro Sanz canta «A la Primera Persona», un tema de su reciente disco El Tren de los Momentos, en un blog que ofrece «musica, mas musica y videos». Sí, así, sin acentos.

Yo era de las personas que hace tiempo pensaban que con el uso habitual del Internet y del correo electrónico en las oficinas, las escuelas y los hogares, el lenguaje podría recuperar un poco de la dignidad que fue perdiendo en el maremágnum de la imagen y el lenguaje oral de la televisión, el cine y la comunicación por satélite vía teléfono celular.

Creía, tal vez con un dejo de romanticismo y un mucho de irrealidad, que al utilizar obligadamente la escritura para comunicarse a través de la red, los niños y los jóvenes podrían mejorar su ortografía y se obligarían a aprender una mayor cantidad de palabras para expresarse. Pronto vino la desilusión, reconfirmada ahora con la experiencia de entrar a blogs visitados esencialmente por niños en la pubertad y adolescentes en todo su furor. Simplemente, ahora creo definitivamente lo contrario.

Yo he encontrado en Internet información valiosísima y muy seria, cien por ciento confiable, escrita en todos los idiomas que pueda uno imaginarse por especialistas e intelectuales, en la que se encuentra a veces algún error, pero sin mayores faltas. Sin embargo, la parte de Internet que interesa a los muchachos contiene demasiada información chatarra, poco válida y tan impúdicamente escrita —y no hablamos de la parte pornográfica que en cantidades estratosféricas invade la red—, que está dañando profundamente la expresión al modificar negativamente el lenguaje escrito, e incluso oral, de los jóvenes.

El blog de música que incluye el citado video de Sanz, publica 75 comentarios sobre la canción y el cantante, escritos por sus admiradores. No pude leer más de 25, y de ellos, sólo tres usan algunos acentos y frecuentemente mal puestos. La mayoría de los comentarios, plagados de faltas ortográficas, con letras de más y de menos, y en general bastante mal escritos, enseñan vicios de la escritura muy frecuentes en la red como el escribir «k» o «q» en lugar de la conjunción «que» y otras abreviaturas inconcebibles.

Pero lo más preocupante es la falta de coherencia en el sentido de lo que se dice.

—Oye, güey, ¿y Pedro?

—No, güey, pos nada.

—Pero, ¿qué onda, güey?

—No, pos es que, o sea, ¿ves?

—La neta, güey.

—No sé, pos es que, pero, ¿ves?

—¿La hace o no la hace?

—No, pos es que, pos nada, o sea.

En ese tenor dos chicas estudiantes de medicina, según podía verse por los atuendos que llevaban, sostuvieron una «conversación» durante 20 minutos. Sin un adjetivo ni un sustantivo y sin comprometerse a calificar a Pedro de guapo, feo o agradable. Sin decir «me gusta» o «me desagrada», un diálogo integrado sólo de muletillas.

Se dice que no son más de un centenar de palabras las que usan los jóvenes y muchos otros no tan jóvenes para expresar sus complejidades existenciales, e incluso, intelectuales. Pero, ¿le podemos pedir más a la gente que sólo ve en la televisión programas como «Big Brother», «La Boda de Mis Sueños» y otros por el estilo? Y no se hable del conductor Adal Ramones, quien popularizó el uso de la palabra güey en el habla coloquial de los mexicanos, al utilizarla sin el menor rubor y sin ningún efecto de sonido que la censurara como «altisonante» en sus tan vistos programas de televisión, quitándole para siempre su calidad de grosería.

La pobreza del lenguaje es lamentable, pero «El que por su gusto es buey…».

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