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María Luisa García Moreno

Revista Verde Olivo, octubre 2011

DEL VAPOR A LA ENERGÍA NUCLEAR


En el siglo XIX, la construcción naval comenzó a utilizar hierro —del latín ferrum— en el casco de los barcos, y vapor —del latín vapor, -ōris— para su propulsión, lo que constituyó toda una revolución. Esa máquina que convierte la energía del vapor de agua en mecánica y que tiene aplicaciones en la generación de electricidad, había sido patentada desde 1769 por el ingeniero e inventor escocés James Watt (1736-1819), quien la perfeccionó e hizo posible su aplicación industrial.


Una pequeña nave estadounidense de madera, el Clermont, fue el primer barco propulsado por ruedas movidas mediante vapor y el buque correo de costa Savannah, el primero de este tipo que cruzó el Atlántico. Dupuy de Lome, constructor jefe de la Marina francesa, fabricó el Gloire en 1858, con motor de vapor y aparejo de fragata, primer acorazado —palabra que procede de coraza, del latín coriacĕa, 'armadura de hierro o acero…'; 'protección, defensa', 'blindaje'—. Así, un acorazado es una 'embarcación de guerra blindada, de grandes dimensiones'. Al año siguiente, se construyó el primero británico, el Warrior y, en 1866, la fragata acorazada española Numancia, primera de este sistema en dar la vuelta al mundo.

A inicios del siglo XX, el acorazado británico Dreadnought era el navío más poderoso del mundo, contaba con cinco torres dobles de cañones de 305 mm y 24 cañones de 76 mm, su desplazamiento era de 17 000 toneladas y consumía petróleo —del latín petrolĕum, y este del griego bizantino, 'aceite de roca'; 'líquido natural oleaginoso e inflamable, constituido por una mezcla de hidrocarburos, que se extrae de lechos geológicos continentales o marítimos'—. Por esa época, el perfeccionamiento de la maquinaria de propulsión provocó la desaparición de los barcos a vela y vapor.

Los acorazados tenían 15 000 toneladas de desplazamiento y llevaban lanzatorpedos, 'tubos para lanzar torpedos', 'arma de guerra provista de una carga explosiva que tiene por objeto echar a pique el buque que choca con ella o se coloca dentro de su radio de acción'. Aparecieron también los motores de combustión interna —del latín combustĭo, -ōnis, 'acción y efecto de arder o quemar'– y, a finales de ese siglo, la propulsión nuclear, 'perteneciente al núcleo', del latín nuclĕus.

Fueron los buques de guerra los que más progresaron en esta etapa del desarrollo humano: a finales del siglo XIX, aparecieron los primeros submarinos y, después de la Primera Guerra Mundial, los portaaviones, dotados para el transporte, despegue y aterrizaje de aparatos de aviación, sustituyeron a los acorazados. En 1940, se inició la construcción del USS Enterprise, primer portaaviones nuclear, que, entre 1961 y 1972, fue la embarcación de guerra más grande del mundo.

Volvieron a poblarse los mares del orbe de piratas en busca de más y más riquezas, corsarios que hoy no portan espadas ni combaten cuerpo a cuerpo.

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