Noticias del español

| | |

| María Luisa García Moreno
Revista Pionero, Cuba
Noviembre del 2010

DEL IDIOMA: TERRIBLES CATÁSTROFES

Desde que terribles fenómenos naturales devastaran, primero, la hermana Haití, uno de los países más pobres del mundo, después Chile, otro pueblo al que nos unen cercanos vínculos de amistad, y afectaran incluso nuestro Santiago, toda una serie de términos relacionados con esas catástrofes están en boca de todos.


Tanto sismo como seísmo están incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) desde 1947. Proceden del griego seismós, que significa «conmoción, sacudida» y también «temblor de tierra». Hasta la primera mitad del siglo XIX, se utilizaba más la palabra terremoto; pero en 1880, fue inventado por los británicos John Milne y Thomas Gray, y el escocés James Alfred Ewing el sismógrafo, «instrumento que señala durante un sismo la dirección y amplitud de las oscilaciones y sacudimientos de la tierra» y esa palabra fue incluida en el diccionario desde 1899, medio siglo antes que sismo. Por lo general, los aparatos creados por el hombre toman su nombre de aquellos fenómenos sobre los que actúan, por el contrario, el sismógrafo dio nuevo nombre a los terremotos.

Terremoto es voz que, como las dos anteriores, se aplica a los movimientos telúricos causados por el desplazamiento de placas tectónicas en el interior del planeta. Proviene del latín terraemotus, formado por terrae «tierra» y motus «movimiento» y aparece en el diccionario desde 1505. Similar estructura tiene maremoto, del latín mare y motus «agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones».

Por otra parte, tsunami o sunami, devastador fenómeno que con frecuencia se asocia a los terremotos, es palabra de origen japonés y significa «ola gigante que llega al puerto» y telúrico, -a, procede del latín Tellus, Telluris, la Tierra y significa «perteneciente o relativo a la Tierra como planeta».

Otro sinónimo de terremoto empleado con frecuencia es temblor de tierra, del latín tremor terrae, que, a su vez, procede de temblar, del latín vulgar tremolare, derivada del latín clásico tremere, con el mismo significado. A diferencia de los términos anteriores, todos relacionados con el catastrofismo, temblar es algo que puede acontecer a los seres vivos, cuando sienten frío o miedo, o al planeta, cuando sufre sus terremotos.

La voz latina tremolare se formó a partir del adjetivo tremulus «trémulo, tembloroso» y dejó otros hijos en nuestra lengua, entre ellos tremolar, que significa «enarbolar las banderas, sacudiéndolas al viento» y también «hacer ostentación de bienes materiales».

Otros términos muy usados en relación con estos fenómenos son los que dan nombre a las escalas utilizadas para medir respectivamente la magnitud o energía y la intensidad de los terremotos: Richter y Mercalli.

La primera mide, en términos matemáticos, la energía de un temblor en su centro o foco y se expresa en números arábigos, muchas veces fraccionarios. Debe su nombre a Charles Francis Richter (1900-1985), sismólogo estadounidense, que, junto con el germano-norteamericano Beno Gutenberg, la creó. La escala de Mercalli evalúa los efectos destructivos del sismo en función de observaciones humanas —es más subjetiva, pues depende de la distancia a la que se encuentra el observador con respecto al epicentro— y varía del I al XII. No es correcto hablar de 8,8 grados de intensidad, sino de 8,8 grados en la escala Richter, lo cual implica magnitud y no intensidad.

Todas estas palabras dan nombre a fenómenos terribles que expresan el poder de la naturaleza y, quizás, su clamor para que los humanos protejamos a la madre Tierra.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: