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| María Luisa García Moreno (Pionero, Cuba, Diciembre, 2013)

Del idioma: Papaloteando (II)

China es el país al que se atribuye el nacimiento de los primeros papalotes: la primera cometa —del latín comēta, y este del griego κομήτης, de κόμη, «cabellera»— de madera y con forma de pájaro, voló por el año 400 a. n. e. Para los chinos, volarlas constituía un ejercicio de meditación; pero también las emplearon como arte de pesca y les dieron uso militar en misiones de reconocimiento, comunicación y exploración. Famoso por su empleo fue el general Han Zin.

En Tailandia, durante el siglo XVII, desde ellas se dejaban caer toneladas de pólvora encendida; así las cometas fueron los primeros bombarderos aéreos. De modo general, fueron el primer objeto volador utilizado en la guerra. 

A Europa, las cometas llegaron antes del siglo XVI por tres vías: las invasiones mongolas, las rutas comerciales por el cabo de Buena Esperanza y los contactos con el mundo árabe. A América, con los colonizadores. Resulta curioso que los indígenas las llamaran papalote por su similitud con el olmo (Chaltopolea mexicana), cuyos frutos (o semillas) tienen pequeñas alas, que facilitan su dispersión.

Los primeros papalotes europeos fueron los llamados dracos —por su forma de dragón— o catavientos —«hilo como de medio metro de largo con varias rueditas de corcho que, puesto en un asta, para que al flotar indique la dirección del viento»—, empleados como estandartes en los últimos días del imperio romano. Eran una especie de saco de boca ancha con apariencia de dragón, atados a un mástil, que, al llenarse de aire, ondeaban sobre los jinetes en las batallas, aterrorizando al enemigo y actuando como insignia que los caballeros llevaban al campo de batalla.

El famoso explorador Marco Polo (1254-1324), antes de realizar un viaje por mar, lanzaba papalotes con hombres atados: si volaban bien era buen signo; pero si los hombres caían al mar, se herían o mataban, significaba que el viaje sería malo y, por tanto, era mejor no ralizarlo.

Leonardo da Vinci (1452-1519), Benjamín Franklin (1706-1790), William A. Eddy (1896-1962) y Lawrence Hargrave (1850-1915) han sido algunos de los investigadores que utilizaron las cometas con fines científicos.

Con los primeros aviones, los papalotes perdieron su uso militar; aunque los alemanes los siguieron empleando durante la Primera Guerra Mundial y, tras el segundo gran conflicto bélico, se construyeron ingenios similares, como el parapente —del francés parapente, acrónimo de parachute, «paracaídas», y pente, «pendiente»— y el ala delta —similar a la letra griega mayúscula por su forma triangular—, que permiten planear; en la actualidad ambos se emplean en la práctica de deportes de riesgo o como diversión.

En fin, a lo largo de su historia, las cometas se han utilizado para comunicarse con los dioses, ayudar en la pesca, anunciar el nacimiento de un niño, competir, combatir y, además, para jugar…

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