Noticias del español

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| Fernando Alonso Barahona
Diario de América, Internet
Jueves, 25 de septiembre del 2008

DEL IDIOMA ESPAÑOL Y SU FUTURO

Una reflexión de Antonio Lamela


Antonio Lamela describe con lenguaje cristalino las entrañas de nuestro idioma español, transmite su amor por la belleza, el rigor y la transparencia, logrando componer un libro de gran interés que habrá de cautivar al lector de buen gusto y cultura. El autor bucea en los orígenes del castellano, nos cuenta cuando ese castellano cristalino se convierte en español y a continuación traza el mapa de su expansión a lo largo y ancho del mundo.


Antonio Lamela (Madrid, 1926) es un arquitecto mundialmente conocido y sin duda uno de los que goza de mayor prestigio en España. Muchos de los edificios más emblemáticos de Madrid llevan su sello: las torres de Colón, el estadio Santiago Bernabéu y la ampliación del Aeropuerto de Madrid-Barajas, este último firmado junto a Richard Rogers. Pero Lamela además de ejercer su profesión es un humanista, habitual de numerosas tertulias — como la de la Gran Peña de Madrid— y hombre preocupado por todos los temas de nuestro tiempo.

El uso, la historia y el futuro del idioma español es una de estas preocupaciones lo que le ha llevado a publicar en Espasa un espléndido libro: Del idioma español y su futuro con ilustraciones del gran Antonio Mingote.

El idioma español está en pleno auge en América y es ya sin duda la segunda de las lenguas mundiales tras el inglés. Su potencial es enorme en un mundo globalizado. Antonio Lamela aboga por la preservación de nuestra lengua comúnque traspasa fronteras y que paradójicamente sufre ataques inexplicables en su propia cuna, España. Aunque parezca mentira —el Manifiesto en defensa de la lengua común apadrinado por varios intelectuales de prestigio lo ha denunciado— en algunas zonas de España no es posible estudiar el español que además se ve relegado en las comunicaciones públicas. Un escándalo artificial que cuesta cientos de millones de euros, que solo sirve para emrpobrecer la cultura de estos lugares (Cataluña, Baleares, Galicia y País Vasco ) y que sucede ante la mirada pasiva de los responsables gubernamentales. Y lo que es peor con la complicidad de los intelectuales orgánicos subvencionados por este nacionalismo radical carente de futuro e incomprensible fuera de España. No se trata por supuesto de menospreciar las lenguas vernáculas de cada tierra que son historia viva y cultura propia, pero a lo que no se puede llegar es a la aberración de que en varias regiones españolas, en oposiciones y concursos para médicos, arquitectos o abogados, tenga más valor el manejo del idioma gallego, catalán o vasco que los conocimientos y la experiencia en medicina, arquitectura o derecho. Seguramente cuando los altos cargos ultranacionalistas de estos lugares deban acudir al doctor o precisen los servicios de un técnico para su vivienda o para asuntos jurídicos personales, se cuidarán muy mucho de contratar al mejor en la especialidad, hable o no el idioma que sea.

Por supuesto, además de una estupidez este hecho es inconstitucional, pero hasta ahora y salvo el Manifiesto ante mencionado, casi nadie ha lanzado al debate una idea obvia: el español es el idioma común de todos los españoles y por tanto basta su utilización para moverse con plena libertad y en el marco de la ley en cualquier límite del territorio nacional. Todo ciudadano tiene el derecho de conocer y usar las lenguas que estime oportuno, pero ante todo tiene el derecho de hablar en español —la lengua oficial en toda España— sin tener que sufrir marginación alguna por ello.

Antonio Lamela —cuyo anterior libro había sido Estrategias para la tierra y el espacio: Egoísmo y Cosmoismo— describe con lenguaje cristalino las entrañas de nuestro idioma español, transmite su amor por la belleza, el rigor y la transparencia, logrando componer un libro de gran interés que habrá de cautivar al lector de buen gusto y cultura. El autor bucea en los orígenes del castellano, nos cuenta cuando ese castellano cristalino se convierte en español y a continuación traza el mapa de su expansión a lo largo y ancho del mundo.

En la España zarandeada del siglo XXI aún hay lugar para humanistas que aman la sabiduría y saben expresarla en páginas transidas de emoción y conocimiento. Antonio Lamela es uno de ellos.

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