Noticias del español

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María Luisa García Moreno

 Pionero, Cuba,

Octubre del 2011

 

DEL IDIOMA. DE CAMILO Y CHE


Hay personajes históricos que trascienden de tal forma que sus nombres no mueren cuando ellos desaparecen; por el contrario, se convierten en palabras de uso común.


 Un ejemplo es bayardo, término castellanizado a partir del nombre de Pedro Du Terrail (1476-1524), señor de Bayard, capitán francés tan célebre por su valor como por su caballerosidad y gentileza, alrededor de cuya figura se tejen episodios de leyenda. Se le conocía como «caballero sin miedo y sin tacha» y esta frase fue retomada por la poetisa cubana Mirta Aguirre en su Canción antigua al Che Guevara, donde, además, emplea —referido al Che— el término bayardo —¿Dónde estás, caballero bayardo…—, porque este calificativo ha pasado a caracterizar a aquellos que se destacan por esas cualidades. Por eso, también se aplica al patriota insigne de Camagüey, Ignacio Agramonte y Loynaz, el Mayor, el bayardo camagüeyano, paradigma de coraje y delicadeza.

Por su parte, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, héroes de nuestra última guerra de liberación nacional, de una u otra forma, han dejado su huella en el idioma.

Por ejemplo, se debate acerca de cuál es el gentilicio que nombra a los vecinos del capitalino reparto Camilo Cienfuegos, si camilense, camileño o camilero. El uso se encargará de definir el asunto, pues las tres variantes están correctamente formadas.

En más de una ocasión, he escuchado el término camilada para definir las continuas ocurrencias, bromas y maldades ejecutadas por quien sería una de las más carismáticas figuras de nuestra historia. Aún no aparece en ningún diccionario; pero creo que no hay palabra que defina mejor esa idea. Una vez más la vida y el uso se encargarán de decidir si la palabrita se queda en el habla del cubano o no. No podemos olvidar que nuestro Apóstol, José Martí, hombre culto por demás, decía: «[…] no hay por qué invalidar vocablos útiles, ni por qué cejar en la faena de dar palabras nuevas a ideas nuevas».

En cuanto a Ernesto Guevara… convirtió un término común en nombre propio. Pues sí, che es un vocativo —función del sustantivo propia de la conversación o coloquio— habitual en Uruguay, Argentina y también en el portugués del sur de Brasil, donde dicen/tche/. Hoy se reserva para el trato íntimo; sin embargo, en narraciones de la época colonial, abundan diálogos en los que se incluye como tratamiento de respeto. Aunque se usó en Valencia, España, nada indica que el che del cono suramericano proceda de la madre patria; es de origen guaraní, lengua en la que puede significar 'tú' o 'usted'.

El apodo del Che, como sabes, le fue dado por sus compañeros de la guerrilla en la Sierra, cubanos a quienes sonaba inusual, raro, el empleo reiterado que Guevara hacía de este vocativo al dirigirse a cualquiera de ellos.
De este modo, camilense, camileño o camilero; camilada y che forman parte del español nuestro de cada día.

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