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| Redacción
abc.es, España
Lunes, 2 de marzo del 2009

DEL GLAMOUR

Esto de los «Oscar» de Hollywood ha puesto de nuevo en boga —por si ya no lo estaba— un término que sólo provisionalmente se halla en el diccionario académico: glamour, así escrito. ¿A la inglesa, a la francesa? Sí y no.


El DRAE registra glamour en cursiva, lo que indica provisionalidad. Es de suponer que la tal vez próxima edición, la vigésima segunda, registre la palabra sin subrayado alguno, directamente como «glamur», ya que puestos a admitir barbarismos… Por otra parte, el mismo diccionario define así tal voz: 'Encanto sensual que fascina'.

Bien. Pero seguramente se queda corto. Aplicamos la palabra a cuanto atañe a ese encanto, sólo predicable por ahora a lo femenino, a la mujer. Pero no será de extrañar que también se predique de varones. Y con tanto glamour por aquí y por allá, hay quien me pregunta, conocedor de mi afición a la etimología, si sé de dónde proviene el término.

El DRAE, poco generoso en etimologías, no indica la procedencia de este nombre. Sí lo hace el de uso Clave, y lo presenta como procedente del inglés y del francés, pero… Pues que el pensador alemán Peter Sloterdijk en Normas para el parque humano —Biblioteca de ensayo Siruela— revela el origen de glamour, nada menos que del griego clásico.

Hará algunos años, también creo que en ocasión de mucho glamour cinematográfico, comenté lo que ahora me propongo. Fue en esta misma columna, y no me parece autoplagio repetirlo, máxime cuando se me ha pedido que lo haga. Pues resulta que a partir del griego grammar = gramática, el inglés medieval formó glamour. Sloterdijk —pensador no siempre diáfano— es muy claro al exponer: «En otro tiempo, los conocimientos de gramática se consideraban en mucho lugares como el emblema por antonomasia de la magia», ya que «a aquel que sabe leer y escribir, también otras cosas imposibles le resultarán sencillas». Por lo cual el filósofo ratifica que «El encanto, el hechizo, proviene de la palabra gramática». Hoy a nadie se le ocurre relacionar tal ciencia con lo glamouroso o glamuroso, adjetivo que sí acepta la Academia, y con toda seguridad no habrá quien modifique lo que entiende por «glamour» debido al mero hecho de saber su etimología. Sin embargo, por aquello de que el saber no ocupa lugar…

En todo caso, he cumplido con una petición. No soy un etimologista. Solamente me interesa y atrae saber el porqué de los términos. No tengo autoridad alguna en etimología. Procuro informarme, esto sí, y debido a mi afición a tal saber lamento que en los planes de enseñanza no se haga hincapié en él. Lamento del todo inútil. La actual pedagogía no manifiesta gran interés en lo que atañe a la palabra. Cuando algo tan elemental como es la ortografía resulta devaluado en las aulas, ¿vamos a pedir que se enseñe el origen de las palabras? Hoy por hoy, a la Gramática no le envuelve glamour alguno.

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