Noticias del español

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| Carlos R. Buscemi
Diario de Cuyo, Argentina
Sábado 17 de febrero del 2007

DEFENDER NUESTRO IDIOMA

Mi intención no es incursionar en el campo de la literatura pues carezco de los conocimientos necesarios, pero sí desearía hacer una modesta reflexión de lo que le está ocurriendo a nuestro idioma.


Si nos remitimos al significado de idioma, el diccionario dice: «Lengua de un país» o «Lengua de un grupo humano» y al mencionar nuestro idioma debemos remontarnos al Castellano que es la lengua oficial de España. Es un dialecto romántico nacido en Castilla La Vieja.

Las etapas que debe superar esa incipiente lengua para llegar a ser literariamente importante son varias: La Edad Media, el Renacimiento, el «siglo corto» el siglo XIX con la aparición de nombres como Rivas, Alarcón, Blasco Ibáñez etc., y la última etapa la quinta o contemporánea con Unamuno, García Lorca, Machado etc.

Mi intención no es incursionar en el campo de la literatura pues carezco de los conocimientos necesarios, pero sí desearía hacer una modesta reflexión de lo que le está ocurriendo a nuestro idioma.

Realmente duele que teniendo uno como el que tenemos, se practique un estilo oral y escrito con características de epidemia, complicando y deformándolo con proyecciones alarmantes.

Se emplean términos mal aplicados y muchas veces se basan en el atrevimiento de manejar un vocabulario empleado en la especulación filosófica sin la debida preparación, es decir, se incursiona con aprensión en el complicado campo de la psicología y con la misma ligereza se aplica la terminología extraída de un libro referido al psicoanálisis.

En muchas conversaciones no faltan términos como «evadirse de sí mismo», «escapismo», «psicodélico», «tercer sexo», «conflictual», «fijación media o inmediata», «grupúsculo» etc. y tantos otros que existen encontrándose algunos en diccionarios actualizados (en repetidas ocasiones van acompañados de una mención a Freud) pero que no se aplican debidamente.

En esto tiene mucho que ver algunos autores cuyos libros influyen poderosamente especialmente a los jóvenes.

Por supuesto nada está dicho en términos absolutos, y no voy a cometer la irreverencia de enjuiciar a los psicólogos o psicoanalistas cuya utilidad y conocimientos en bien de la sociedad deben ser universalmente reconocidos y saben aplicar términos de la manera correcta, incluidos los buenos autores. Pero no termina aquí la cosa.

También debemos admitir una verdadera invasión de vocablos extranjeros insertos en muchos aspectos de nuestras actividades: «mountain bike», «bicicross», «windsurf», «skate», si de deportes se trata. "marketing" "merchandising" "shopping", "delivery" en asuntos comerciales. Damas Free, Happy hour, Streeper, Golden Boys en locales bailables.

Todas estas palabras tienen su traducción, como las repetidas «e-mail», (correo electrónico), o simplemente «Internet» ("Red que comunica a gente"). No obstante pareciera que decir: «ese look te queda okay» es más «bien» que «esa moda te favorece».

Y como si fuera poco la amplísima gama de vocablos que están relacionados con la enorme cantidad de utensilios para usos diversos que van desde aparatitos para cortar papas y rallar zanahorias hasta aparatos que hacen bajar la panza y se pueden guardar debajo de la cama.

Téngase bien en claro que no estoy en contra del idioma inglés ni de las academias que lo enseñan. Puntualmente a lo que me refiero es: si un vocablo tiene traducción, ¿Por qué no decirlo en castellano?

Pienso que tienen mucho que ver los medios, no solamente escritos, sino orales y televisivos cuando se anuncian competencias deportivas o conferencias de índole comercial.

No pretendo decir que usando palabras extranjeras no se ame a nuestro país, pero además de embanderar el frente de nuestras casas conmemorando una fecha patria, o el fervor que sentimos cuando cantamos el Himno Nacional, otra manera de identificarnos como argentinos es mantener puro nuestro idioma, que es mantener pura nuestra identidad.

Amigos lectores, no quiero decir que en algún momento de ofuscación o enojo se diga ¡Ahijuna Canejo! Porque no sería lo correcto, pero les aseguro que cada vez me dan más ganas de decirlo.

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