Noticias del español

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| Ricardo Espinosa
El Informador (México)
Miércoles, 10 de octubre del 2006

DE ODALISCAS Y OTRAS EXÓTICAS

Lo exótico es algo extraño, extravagante. Cuando mencionan la palabra exótica, me transporto a mis días infantiles (¡qué buena memoria!), cuando apareció en escena la señora Yolanda Montes «Tongolele», una exótica, extraña, extranjera, llena de «chenchualidad» que sí que «la movía» o «la mueve», porque, hasta donde yo sé, al escribir estas líneas, todavía existe.


Fue precisamente a raíz de la aparición de Tongolele que se puso de moda la palabra exótica y tal vez por eso mismo, a mí siempre me ha sonado como a «erótica».

Quiero remarcar eso: En el lenguaje, es importante no sólo cómo se dice o cómo se pronuncia una palabra, sino también cómo me suena, porque de ahí depende el uso que le voy a dar y que, probablemente, aunque sea un barbarismo, llegue un día a convertirse en costumbre generalizada y a ser admitida por las autoridades del idioma.

Y a propósito de eso y hablando de mujeres sensuales, tomemos el ejemplo de la odalisca… de la palabra (no de ella). El escucharla o pronunciarla nos hace evocar a una mujer muy bien construida bailando sensualmente entre gasas y velos, para disfrute de algún potentado turco, de esos que les gustan las narguiles… ¿Qué les gustan qué? Las narguiles. Pero no me mal interprete. Narguile es esa pipa aromática que quemaba el tabaco en un recipiente y luego aspiraba el fumador a través de un tubo flexible…

Dándole una escarbadita a la palabra odalisca, nos encontramos con que esta palabra proviene del turco: «Odá», que es una recámara, un simple y sencillo cuarto para dormir y la odalisca no era más que la recamarera.

Otra palabra exótica es «glamour», una palabra inglesa que algunas personas usan para señalar lo que tiene un brillo especial e intenso, algo que destaca por su elegancia y esplendor.

«Glamour» es un extranjerismo no aceptado en nuestro idioma. Lo que me parece sorprendente es que, en sus raíces etimológicas, «glamour» está relacionado con gramática, así que nadie podrá decir que estos comentarios no tienen su «glamour».

Otra palabra rimbombante es ministro. Ya ve usted que en la lambisconería propia de nuestra política, siempre decimos que ¡señor ministro por aquí!, ¡señor ministro por acá!… Y es que el señor ministro es un alto funcionario del gobierno. Bueno, pues ojalá lea este comentario alguno de esos políticos que se sienten muy «sácale-punta» para que sepa que ministro viene de «minister», que es el criado, el sirviente menor.

«Minister» es menor en contraposición con «magister», que es el maestro, es el mayor, el maestro, el que tiene la experiencia.

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