Noticias del español

| María Luisa García Moreno ( La Calle, Cuba, septiembre-diciembre, 2013)

De nuestra lengua: El español nuestro (II)

El pintoresquismo en el habla del cubano se refleja de modo muy especial en la fraseología popular, es decir, en frases que se convierten en reflejo de una situación, de un momento… Algunas de ellas permanecen por más tiempo en el lenguaje y otras desaparecen con prontitud —recuerdo el caso de «Completo Camagüey», que en determinada época se aplicaba en cualquier circunstancia y muy poco después dejó de escucharse—.

Muchas veces surgen de algún programa televisivo o radial, se convierten en la identificación de un personaje, generalmente cómico —como el «¿Y dónde quedo yo?» de Aurorita Basnuevo— o provienen de alguna pieza de la música popular de moda —lo cual resulta tema para otro comentario—. En fin, su procedencia puede ser muy diversa; pero su simpatía y cubanidad resultan invariables.

Voy a mencionar algunas de esas frases, que, probablemente, los más jóvenes desconocen; pero que hicieron época en otros tiempos y, de seguro, algún abuelo repite todavía.

Por ejemplo, durante la República, cuando se quería caracterizar a un personaje de esos que parecen extraordinarios si se les juzga solo por lo que dicen, lo cual casi nunca se concretaba en los hechos, se decía «buche y pluma na’ma». Y si se deseaba expresar que algo era especialmente malo se le definía como «retama de guayacol»; para describir a alguien con gran afición o dependencia con respecto a la bebida, se empleaba la frase «le chupa el rabo a la jutía»; para referirse a una traición o «embarque», «me hicieron un fu» y para manifestar la intención de castigar o dañar e, incluso, matar a alguien, en serio o en broma, se manifestaba «le parto la siquitrilla».

Para describir al individuo muy flaco se decía que era «un esqueleto rumbero»; al mísero y hambriento, que se «comía un cable»; al muy anciano —u objeto muy antiguo—, «es más viejo que andar a pie» y al vago, «está tirando un majá»  o «majaseando».

Expresiones como «te queda pintaíto» para elogiar como le quedaba a alguien una prenda o «sambuyo, suelta lo que no es tuyo» para hacerle saber al interlocutor que se ha reconocido que lleva algo prestado, o incluso hurtado, hicieron época en otros tiempos.

Algunas de esas frases no tenían un sentido muy definido y podían utilizarse en múltiples ocasiones. Es el caso de «le ronca el merequetén» o «a mi plin», posteriormente relacionada con la historia de uno de los personajes de las historietas más queridos por nuestros niños: el capitán Plin.

En esas frases —y en otras muchas, que los lectores que peinan canas recuerdan seguro— se evidencia la idiosincrasia del cubano. El humor criollo, una de nuestras más distintivas características, está presente en nuestro modo de hablar.

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