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| María Luisa García Moreno (Revista Educación, Cuba, sept.-dic. 2014)

¿De dónde vienen?: Disciplina… ¿a la fuerza?

Como les comenté en ocasión anterior, disciplina, del latín disciplīna y, en última instancia de discípulo, es sinónimo de asignatura. Hoy añado que es una palabra rica en acepciones.

Según el DRAE, es ‘doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral’; pero también ‘arte, facultad o ciencia’; especialmente en lo militar y en lo eclesiástico, es ‘observancia de las leyes y ordenamientos de la profesión o instituto’; da nombre al ‘instrumento, hecho ordinariamente de cáñamo, con varios ramales, cuyos extremos o canelones son más gruesos, y que sirve para azotar’ (en esta acepción se usa por lo general en plural) y se acerca al quehacer pedagógico cuando decimos que es ‘acción y efecto de disciplinar’.

¿Y qué es disciplinar?  En una primera entrada o lema, es adjetivo y se refiere a lo que ‘pertenece o es relativo a la disciplina eclesiástica’. En la segunda, es verbo y cuenta con tres acepciones: ‘instruir, enseñar a alguien su profesión, dándole lecciones’, ‘azotar, dar disciplinazos por mortificación o por castigo’ —acepción relacionada con la práctica religiosa— e ‘imponer, hacer guardar la disciplina (observancia de las normas o leyes)’.

Por su parte, disciplinario, -a, es ‘perteneciente o relativo a la disciplina’, ‘que establece subordinación y sujeción a determinadas reglas’, ‘dicho de una pena que se impone por vía de corrección’ y ‘dicho de un cuerpo militar: formado con soldados condenados a alguna pena’.

En línea general, de forma explícita o implícita, la palabra disciplina se refiere a imposición o subordinación. Incluso, entre sus sinónimos se hallan: rigor, jerarquía, obediencia, subordinación, sumisión, represión // corrección, dominio…Y entre los de disciplinar(se): amansar, avasallar, rendir, dominar, sujetar, subyugar // esclavizarse, castigarse, subordinarse, someterse, supeditarse, sujetarse, rendirse, rebajarse // dominarse, contenerse, vencerse… Sin embargo, ¿podemos nosotros —educadores o padres— conformarnos con esa interpretación? ¡Claro que no!

La disciplina para ser real ha de ser consciente y no impuesta. El maestro o profesor que para impartir su clase necesite dominar a sus alumnos está perdido. Es necesario que el educando esté consciente de su protagonismo en un acto docente en el que tienen lugar su aprendizaje y su crecimiento humano.

Nuestro Martí, maestro de excelencia, decía: «Un pueblo no es una masa de criaturas miserables y regidas: no tiene el derecho de ser respetado hasta que no tenga la conciencia de ser regente: edúquense en los hombres los conceptos de independencia y propia dignidad».1 Para educar seres humanos independientes y dignos es imprescindible que la disciplina en nuestras clases sea consciente y no impuesta.

Nota
José Martí: «Colegio de abogados», Obras completas, t. 6, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, p. 209.

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