Noticias del español

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Magí Camps

La Vanguardia, Barcelona

Lunes, 23 de mayo del 2011

CURSIVA INDIGNACIÓN


El nombre de una nueva corriente puede chocar con sentidos existentes de la misma palabra.


Cuando aparecen nuevas corrientes políticas, sociales o culturales, la tendencia de los medios de comunicación es escribir estos conceptos en letra redonda, si la grafía y el significado lo permiten. A veces hay que dar un paso en la adaptación léxica, como pasó cuando se acuñó el término globalización. Rechazado por algunos por el hecho de que derivaba de globo (en inglés, globe, la palabra que se utiliza para el mundo), se resolvió diciendo mundialización. Pero la mundialización también tuvo opositores, a los que, por influencia del francés, llamamos altermundialistas, nombre que más bien parecía el de un movimiento contrario a la celebración del Mundial de fútbol. Y aquí también hubo que dar un paso más: altermundistas. No hubo que recurrir a la cursiva, porque las nuevas palabras se entendían bien. 

En los años ochenta, el Partido Popular dio pie al adjetivo populares para los miembros del partido. Era el proceso lógico, pero la polisemia hizo que, para evitar confusiones, habláramos de los políticos populares, del candidato popular o del líder popular echando mano de la cursiva. Hoy ya no la empleamos; nos hemos acostumbrado a asociar este adjetivo con el Partido Popular, pero lo seguimos utilizando cuando hablamos de un líder bastante popular —que puede ser perfectamente de otro partido— cuando hablamos de algún crío que es popular entre los compañeros de instituto —como dicen hoy los chavales— y todavía cuando nos referimos a los populares como sinónimo de famosos, caso en el que el inglés empieza a dar la tabarra con la tontería de los celebrities

En estos ejemplos está claro que el contexto resuelve cualquier confusión. Si decimos que un crío es popular, nadie pensará que sea famoso ni que sea seguidor del PP. Si decimos que la alcaldesa es muy popular, nadie dará por hecho que sea del PP ni que tenga muchos amigos. Y si decimos que el político popular se presentará a las elecciones, nadie pensará en ningún famoso. 

Ahora han aparecido los indignados. Si los diarios escriben la palabra en redonda, de alguna manera asumen sus ideas y se añaden a su movilización. Si la escriben en cursiva, reproducen el nombre que ellos utilizan, dejando claro que no es una definición, sino una autodenominación. Si el movimiento arraiga, de aquí a un tiempo ya no necesitaremos la cursiva, porque habremos incorporado a nuestro vocabulario un nuevo sentido del adjetivo indignado. De hecho, una ampliación-adaptación de un significado que ya tenía. Tiempo al tiempo.

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