Noticias del español

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Paco Fernández

www.eltribuno.info

Martes, 28 de febrero del 2012

CURIOSIDADES LATINO-CASTELLANAS


Continuando con el tema de la herencia léxica (de palabras) del latín, es mi intención referirme a algunas de ellas de uso continuo en nuestra lengua, sobre todo en lenguaje conversacional, por lo que puede ser un tema interesante para los lectores. Consideremos, por lo tanto, la procedencia de algunos términos.


Cama, el lugar del descanso

 

El mueble que utilizamos diariamente para descansar y llegar a la luz del día con fuerzas para trabajar, lo llamamos cama. Esta designación, cuyo significado es ‘lecho’ y cuyo uso ya está registrado en el año 1251 (Diccionario etimológico de Corominas), es peculiar del castellano y del portugués. Según este autor, procede del hispanolatino cama con el sentido de yacija [‘cama pobre’], lecho en el suelo’, ya utilizada en el siglo VII. Afirma que es de origen incierto y que probablemente sea prerromana. Por su parte, el DRAE (página 407) la hace descender del latín de San Isidoro. La define como 'Conjunto formado generalmente por una armazón de madera o metal con jergón o colchón, almohada, sábanas y otras ropas, destinado a que las personas se acuesten en él'. Además de este, relativo al descanso de la persona, tiene otros sentidos distintos, aplicados a otras realidades. Sin embargo, el diccionario latino del latín clásico, no del vulgar, anota cama o chama, que se lee /kháma/, cuyo significado es 'cama baja', coincidiendo con el término del siglo VII. O sea que, originalmente, habría sido un mueble sencillo, sin patas, ubicado en el suelo (una especie de colchón o 'cama pobre', como se define yacija).

Existe, también según el DRAE, otro sentido para esta palabra que se refiere a una ‘pieza encorvada que forma parte del arado’, proveniente de camba. Sin embargo, este sentido nada tiene que ver con el explicado anteriormente, orientado al descanso del ser humano.

Por supuesto que ha dado origen a varias otras (las cuales conforman una «familia») que apuntan, aunque no sea en forma directa, al sentido del 'mueble para acostarse'. Además de los diminutivos, aumentativos y despectivos (camita, camón, aumentativo no usado entre nosotros, camastro), está camilla, un antiguo diminutivo que se convirtió en el designativo del 'lecho portátil en el que se traslada un enfermo'; camada, es el conjunto de crías de algunos animales, nacidas en el mismo parto; encamar(se), 'acostarse' y, asimismo, 'mantener relaciones sexuales con otra persona'; camero, adjetivo que se refiere a, o que pertenece a la cama. Cama camera es la de tamaño intermedio entre la de una sola persona y la de matrimonio. Por otra parte, con respecto a camada, el Diccionario del habla de los argentinos (Academia Argentina de Letras, página 164) informa sobre el sentido que damos a este uso en nuestro país: 'Grupo de personas, generalmente de edad similar, que en un período dado participan de experiencias comunes'. También, con una definición más particular, pero dentro del mismo sentido que el anterior, el Diccionario de americanismos de Salta y Jujuy, de Osán y Pérez Sáez, dice: 'f. colect. [femenino colectivo] Conjunto de alumnos pertenecientes a un mismo curso o promoción escolar o profesional. // 2. Grupo de personas unidas por actividades sociales'. 

 

Carnaval y cuaresma

 

A continuación detallaré la procedencia de dos palabras muy de boga, y en labios de todo el mundo, que puntualizan lo que sucede en los primeros meses del año, contrapuestas entre sí, pero a la vez muy relacionadas: carnaval, que implica prácticamente en todas las culturas una pausa en las actividades laborales humanas que ocupan la mayor parte de su tiempo, para permitirse ciertas licencias (que muchas veces desembocan en desenfreno) y luego entrar en el arrepentimiento, y la penitencia por los pecados, que propugna la cuaresma.

Carnaval, tradicionalmente relacionado, en Occidente, con la cultura cristiana, pero también sincretizado en América con las ancestrales ceremonias y festejos propiciatorios, proviene del latín de la combinación de las palabras carnem levare (‘quitar la carne’) al indicar que, inmediatamente después de los festejos y alegría de los 'tres días que preceden al comienzo de la Cuaresma' (DRAE), se ingresa en la concentración que culmina con las fiestas pascuales, unos cuarenta días después. Como se ve, están estrechamente relacionadas entre sí y promueve, la segunda, el arrepentimiento y la penitencia.

Cuaresma se origina en las palabras latinas quadragésima dies, es decir, hace referencia a los cuarenta días y noches que Jesús pasó en el desierto para enseñar a sus discípulos lo que debían hacer. En la actualidad, se trata de los días de preparación, mediante penitencia y oración, para la Pascua.

 

Aloja

 

Para concluir con la explicación sobre la procedencia de estas tres últimas voces vinculadas entre sí en nuestro medio, nada mejor que traer a colación aquella que tiene que ver con una bebida muy apreciada en nuestra cultura, además de la chicha, ‘bebida de maíz’. Aunque creamos que se trata de un término que estrictamente pertenece a nuestra cultura, se origina, primeramente, en el latín vulgar (aloxinum, luego devenida en aloxia, 'especie de hidromiel con ajenjo') y esta, a su vez, del griego alóe oxéia (o sea,‘áloe agrio’), con lo que se descarta la posibilidad, por su comienzo en al-’, de provenir del árabe, como algunos creen. A esta bebida la define el citado Diccionario de Osán y Pérez Sáez, como una 'bebida fermentada que se prepara con diversas frutas y granos, como algarroba, chañar, molle, chalchal, piquillín, membrillo, maní. El procedimiento de elaboración es el mismo en todos los casos: se muele el grano o el fruto, se pone en agua y se lo deja hasta que fermenta'.

Sin embargo, José Vicente Solá, en su Diccionario de regionalismos de Salta (página 36), nos proporciona una información un poco diferente de la anterior: 's. f. Bebida producto de la fermentación con agua de la harina de maíz, de algarroba o de molle. La de maíz suele servirse con miel. La voz ‘aloja’ figura en el Dicc. Como ‘bebida compuesta de agua, miel y especias’. El señor Storni dice que es vocablo q[uechua]. y lo interpreta así: ‘akh’ = acidez, bebida ácida; ‘lo-lok’ = beber, sorber, tragar, chupar; ‘ka’ (kaukal) = vivificante: fortalecer, vigorizar, animar'.

Esta palabra, que con su solo recuerdo nos refresca el alma, es evocada permanentemente en la literatura folclórica, como en la estrofa que pertenece a una conocida zamba de nuestro cancionero: «Chicha y aloja / vinito p’a chupar /hojas de albahaca verde / olor a carnaval…».

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