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Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua

www.laprensa.com.bo

Viernes, 13 de mayo del 2011

CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE: COPACABANA


En la Historia del célebre Santuario de Copacabana, de fray Alonso Ramos Gavilán (Lima-1621) —que sin duda constituye una fuente ineludible de consulta en múltiples aspectos históricos, religiosos, antropológicos, etnográficos, arqueológicos e incluso folklóricos de los lejanos tiempos de la colonia—, en cuanto al origen etimológico de la palabra proveniente del antiguo aymara, el fraile agustino interpreta como “lugar donde se ve la piedra preciosa (o resplandeciente)”.


De acuerdo con las versiones recogidas entre los aborígenes americanos por los cronistas, las aguas del Titicaca fueron el escenario de las más antiguas civilizaciones del continente, que las consideraron «sagradas» y el centro de la creación del mundo, de donde salió Wiracocha para crear el sol, la luna y las estrellas, ordenándoles subir luego a los cielos. A la cosmogonía del lago también está ligada otra divinidad de aspecto sireniforme, conocida como la “Madre de las aguas y de los peces” o Khota-mama.

 

Según la leyenda, una vez que las aguas del Diluvio comenzaron su descenso, esta deidad, subida sobre un peñasco, vislumbró sobre las aguas la primera luz del entendimiento humano. Se cuenta que en recordación de este acontecimiento mítico se comienza a contar el calendario aymara, levantándose después sobre las márgenes del Titicaca un observatorio astronómico de la época de los dólmenes, cuyas ruinas hoy se las conoce como «Horca del Inca»…

 

Con el apoyo de excavaciones arqueológicas, se puede deducir que la primera deidad en ser venerada en la región fue la Madre de las Aguas, al haberse encontrado en Tiwanaku y en tumbas de los milenarios urus —grupo étnico que se consideraba sobreviviente del Diluvio— pequeñas piezas metálicas o «lauraques» con los cuales adornaban las puntas de sus numerosas trenzas, con la figura de sirena de aspecto similar al de la Diosa Madre de los pueblos babilónicos, ambas en actitud de sostenerse los pechos.

 

Entre otros restos arqueológicos, merece especial mención la sirena en piedra encontrada en una caverna, portando en brazos la curiosa figura de un «niño pez» (afín al símbolo del cristianismo), que en la iconografía de la época se lo sustituyó con una guitarra, por considerar que correspondía mejor a la mitología de las sirenas del viejo mundo. La pieza formaba parte de la valiosa colección del museo del padre Crespi, en Quito (Ecuador), destruido por un incendio junto a otros valiosos testimonios de épocas preteridas.

 

Probablemente, el nombre de la sirena era Kabana, aunque desde el mismo momento que otorgó su nombre a toda la península —que Fernando Diez de Medina la nombra en aymara Kopakawana), es más conocida por este nombre compuesto, que en idioma castellano se lo puede interpretar como «Mirador de la divinidad del lago», pasando de manera simplificada al quechua de nuestros días como «Mirador de las aguas», es decir Khota-cahuaña…

 

A partir de la llegada de los españoles, en los mitos profundos de los aymaras se llega a identificar a la deidad de las aguas con la Virgen Morena del Lago Sagrado, modelada en Potosí el año 1582 por el indígena de sangre real incaica Francisco Tito Yupanqui, quien la trasladó en hombros hasta su pueblo natal a orillas del Titicaca, recibiendo por parte de los nativos la misma designación que la Madre de las aguas. El principal cronista de Charcas, fray Antonio de la Calancha, considera que es el único caso en el cual una divinidad cristiana adopta la identidad y nominación del ídolo que le antecediera…

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